
Aranceles de EE. UU. por trabajo forzoso castigan exportaciones latinoamericanas y encienden disputas diplomáticas
Washington impone gravámenes adicionales a 59 países, con Colombia, Brasil y Uruguay entre los más expuestos, mientras India negocia un trato preferencial para sus textiles.
Estados Unidos elevó los aranceles a las importaciones de 59 países y la Unión Europea tras concluir una investigación bajo la Sección 301 de su Ley de Comercio que detectó deficiencias en los sistemas de control para impedir el ingreso de bienes producidos con trabajo forzoso. A India se le aplica un 10 % adicional, mientras que la mayoría de las naciones latinoamericanas, entre ellas Colombia, Brasil y Uruguay, enfrentan una tasa del 12,5 %. En Brasil, la medida se acumula con una sobretasa previa del 25 % por supuestas prácticas desleales, lo que eleva el gravamen total al 37,5 % para el 16,5 % de sus exportaciones —maquinaria, madera, calzado, muebles y confecciones—. Colombia ve gravado el 30 % de sus ventas externas, aunque productos como café, banano, carbón y oro quedan exentos; Uruguay, en cambio, mantiene fuera del nuevo arancel al 77,5 % de sus envíos, incluida la carne bovina y la celulosa.
La determinación, formalizada el jueves por la Oficina del Representante Comercial estadounidense, no acusa a las exportaciones de los países afectados de ser producidas con trabajo forzoso, sino que cuestiona los mecanismos institucionales para controlar lo que importan de terceros. Desde la óptica de Bogotá, la presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana, María Claudia Lacouture, aclaró que “el cuestionamiento está dirigido al sistema con el que Colombia controla lo que importa”. En Brasilia, el Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio calificó la acción de “manipulación de un tema caro a los derechos humanos” y anunció una nueva disputa ante la Organización Mundial del Comercio, al considerar que el procedimiento anterior no cubre este caso.
El impacto sectorial es heterogéneo. Las flores colombianas —tercer producto de exportación hacia EE. UU., con el 80 % de sus ventas externas dirigidas a ese mercado— son las más golpeadas, con un costo adicional estimado en 125 millones de dólares, según el gremio de comercio exterior Analdex. En Uruguay, los productos alcanzados incluyen sebo bovino, mandarinas, soja y miel, aunque el presidente Yamandú Orsi minimizó el efecto al señalar que los bienes más importantes quedan exentos. Brasil, por su parte, suma la doble penalización en artículos que representan unos 6 000 millones de dólares anuales de comercio bilateral, de acuerdo con analistas en São Paulo.
Las reacciones políticas desnudan tensiones internas y externas. El presidente colombiano, Gustavo Petro, negó responsabilidad y afirmó que la medida “rompe todos los tratados de comercio”, mientras que el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella ya prepara un borrador de decreto sobre importaciones para negociar con Washington. La canciller Rosa Villavicencio vinculó los aranceles al déficit fiscal estadounidense y al gasto militar “desproporcionado”. En paralelo, India, que obtuvo una tarifa más baja y tiene el 45 % de sus exportaciones exentas —farmacéuticos genéricos y teléfonos inteligentes—, continúa conversaciones para un mecanismo de acceso preferencial en textiles. El próximo hito será la activación de ese mecanismo textil y la eventual solicitud de Brasil de un panel en la OMC, cuyas deliberaciones podrían demorar más de un año.
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