
Washington pospone el veto a DeepSeek mientras Pekín diseña un ecosistema de IA abierto
La administración Trump frena la inclusión de la startup china en su lista negra comercial, en un momento en que Pekín impulsa un modelo de inteligencia artificial colaborativo y prepara una cumbre mundial sobre gobernanza.
Estados Unidos ha decidido postergar la incorporación de la startup china DeepSeek —y de más de un centenar de empresas tecnológicas, entre ellas la fabricante de chips de memoria CXMT— a su lista de entidades restringidas, pese a que un comité interinstitucional ya había aprobado la medida. Según fuentes cercanas al proceso en Washington, la administración Trump optó por no escalar las tensiones comerciales con Pekín en un momento de alta rivalidad geopolítica. La decisión coincide con la irrupción de DeepSeek en enero de 2025, cuando su modelo de lenguaje de bajo costo —desarrollado con apenas seis millones de dólares— desafió las premisas de Silicon Valley sobre la inversión necesaria para construir sistemas avanzados de inteligencia artificial.
Desde la óptica de Pekín, el movimiento no es una simple respuesta a las presiones estadounidenses, sino parte de una estrategia más amplia para redefinir las reglas del juego. China no persigue únicamente igualar o superar a OpenAI o Google en la carrera por el modelo más potente; está construyendo un ecosistema abierto que facilite la penetración de sus tecnologías en los mercados globales. Analistas del sudeste asiático subrayan que el lanzamiento de DeepSeek marcó un punto de inflexión: demostró que se puede alcanzar un rendimiento competitivo con una fracción de los recursos que consumen los gigantes estadounidenses. En paralelo, Pekín ha anunciado que acogerá en julio la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (WAIC) 2026 y una Reunión de Alto Nivel sobre Gobernanza Global de la IA en Shanghái, foros donde presentará su visión de una gobernanza multilateral y abierta.
La resiliencia del sector chino de semiconductores refuerza esa ambición. Cuando en 2019 Washington cortó a Huawei el acceso a chips y software estadounidenses, muchos analistas en América Latina y otras regiones interpretaron la medida como una sentencia de muerte para la compañía. Sin embargo, Huawei había preparado durante casi una década un arsenal de chips de respaldo, lo que le permitió sortear el bloqueo y volver a disputar el mercado de semiconductores. Este episodio, visto desde Brasil, ilustra la capacidad de planificación a largo plazo de la industria tecnológica china y su determinación de reducir dependencias externas, un activo que hoy apuntala su ofensiva en inteligencia artificial.
La combinación de estos factores está esculpiendo un panorama global bifurcado. Mientras Washington evalúa caso por caso el uso de herramientas de seguridad nacional para no entorpecer el comercio, Pekín articula un relato de apertura y cooperación que contrasta con el enfoque propietario de los grandes laboratorios estadounidenses. Observadores en Bruselas advierten que la pugna ya no es solo por el modelo más avanzado, sino por establecer los estándares y las normas de gobernanza que regirán la inteligencia artificial en la próxima década. La conferencia de Shanghái se perfila como el escenario donde China intentará proyectar su influencia normativa, respaldada por una base de 1.400 millones de usuarios y una industria que ha aprendido a prosperar bajo restricciones. El desenlace de esta pugna definirá si el futuro de la IA se escribe en código abierto o bajo llave.
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Estados Unidos ha pospuesto la inclusión de DeepSeek en su lista negra comercial, a pesar de que fue aprobada el año pasado, después de que su modelo de IA de bajo costo sorprendiera a la industria. La demora refleja deliberaciones en curso y preocupación entre funcionarios y grandes empresas tecnológicas estadounidenses.
China no está simplemente persiguiendo a EE.UU. en IA; está construyendo un ecosistema abierto para penetrar en los mercados globales. La irrupción de DeepSeek marca un punto de inflexión, mientras Pekín se prepara para acoger la Conferencia Mundial de IA en 2026 y aprovecha los macrodatos de 1.400 millones de habitantes para desafiar a Silicon Valley.
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