
La odisea de Nolan: entre el fervor en Mumbai y la polémica en redes
El director presentó su adaptación de Homero en la India, mientras la cinta cosecha elogios de la crítica y enfrenta una campaña de rechazo en internet por sus elecciones de reparto.
A su llegada al hotel Taj Mahal Palace de Mumbai, Tom Holland se detuvo un instante frente a los fotógrafos, sonrió y levantó la mano en un saludo breve antes de desaparecer tras las puertas del vestíbulo. Minutos después, Christopher Nolan y su esposa y productora, Emma Thomas, hacían el mismo recorrido. Horas más tarde, en el preestreno de La odisea celebrado en un cine IMAX de la ciudad, el cineasta británico tomó el micrófono y, ante un público que lo recibió con una ovación, confesó: «Siempre es una emoción estar en la India. Durante años quise venir a presentar una de nuestras películas y vivirla con el público indio, uno de los más entusiastas y conocedores del mundo». Era la primera vez que una cinta de Nolan tenía un estreno oficial en el país, y el gesto subrayaba la dimensión global de un proyecto que ha movilizado a Hollywood como pocos en la última década.
La película, que llegará a las salas el 17 de julio, adapta el poema homérico con un presupuesto cercano a los 250 millones de dólares y un reparto que reúne a Matt Damon como Odiseo, Anne Hathaway como Penélope, Tom Holland como Telémaco, Zendaya como Atenea, Robert Pattinson como el villano Antínoo, Lupita Nyong’o en el doble papel de Helena de Troya y Clitemnestra, y Charlize Theron como Calipso, entre otros. Rodada durante 91 días en seis países —Marruecos, Grecia, Italia, Islandia, Escocia y Estados Unidos—, la producción empleó cámaras IMAX de más de 130 kilos que exigían equipos de seis personas para moverse por terrenos embarrados. Para la recreación de Troya se levantó un set de más de una hectárea con 60 estructuras y un caballo de madera de diez metros de altura. En palabras del propio Nolan, el desafío fue «dar al público una razón para creer» en cíclopes, hechiceras y dioses, y para ello cada departamento trabajó con la consigna de construir un verosímil que sostuviera lo fantástico.
Ese esfuerzo de verosimilitud no ha impedido que, desde semanas antes del estreno, una campaña de rechazo se haya instalado en redes sociales. Los comentarios más virulentos acusan al filme de ser «basura woke» por haber elegido a una actriz negra, Lupita Nyong’o, para encarnar a Helena de Troya, y al actor trans Elliot Page para el papel de un joven guerrero griego —muchos, erróneamente, aseguran que interpreta a Aquiles—. También se reprocha la falta de actores griegos en el elenco y se critican el vestuario y los diálogos modernos. Nolan ha respondido a estas objeciones en varias entrevistas. Al diario The Telegraph le restó importancia: «Estas conversaciones que ocurren antes de que la gente vea la película son siempre irrelevantes, porque nadie que participa en ellas sabe aún qué es realmente la película». En una entrevista con Channel 4, defendió su enfoque: «Cuando miras el mundo antiguo, la gente tiende a verlo de maneras extrañas. Hay mucho prejuicio cultural. Pero al ir al poema, encuentras algo terrenal, cercano y accesible. Quise centrarme en eso y hacerlo sentir fresco para el público moderno». Sobre el diseño de vestuario, aludió al concepto de «bronce ennegrecido» y a la fragmentariedad de los registros arqueológicos para justificar sus elecciones.
Mientras la polémica crecía en internet, las primeras proyecciones para la crítica especializada dibujaban un panorama muy distinto. Desde la prensa anglosajona, periodistas como Simon Thompson calificaron el trabajo de Damon como «una de las mejores interpretaciones de su carrera» y destacaron la labor de Pattinson y de John Leguizamo —quien da vida al porquerizo Eumeo—. La revista Variety recogió elogios que definían la cinta como «un logro asombroso» y «una epopeya espectacular y triunfal». En Indonesia, el sitio CNN Indonesia reportó que los primeros espectadores la consideraron «una fiesta para los amantes del cine» y una adaptación «magnífica y cautivadora, muy propia de Christopher Nolan». No faltaron, sin embargo, voces más matizadas: el crítico David Ehrlich, de IndieWire, señaló que aunque el último tramo ofrecía una recompensa a la altura del viaje, algunas secciones resultaban menos fluidas. En el set, la actriz Samantha Morton —la hechicera Circe— recibió una ovación de pie del equipo tras filmar su escena, algo que, según el testimonio de varios miembros de la producción recogido por la cadena australiana ABC, no ocurría desde la interpretación de Heath Ledger en El caballero oscuro.
En paralelo, Nolan aprovechó la gira promocional para fijar posición sobre la inteligencia artificial. En París, declaró a la agencia AFP que la IA puede ofrecer «herramientas útiles» pero «no puede crear nada». «Estos modelos son esencialmente algoritmos de muestreo: toman todas mis películas, todas sus palabras, las trituran y las escupen de nuevo. Pero a menos que les des algo nuevo, no van a producir nada», afirmó. Y añadió una observación sobre la brecha entre el entusiasmo de los inversores y el escepticismo del público, particularmente entre los jóvenes, que a su juicio sienten «una especie de desprecio hacia todo lo relacionado con la IA». La odisea de Nolan, así, no solo revive los versos de Homero: se ha convertido en un campo de fuerzas donde confluyen la artesanía cinematográfica más ambiciosa, las guerras culturales del presente y el debate sobre el lugar de la creatividad humana en la era de los algoritmos. En una playa de la película, el caballo de Troya yace semienterrado en la arena, a punto de ser destruido por las olas: una imagen que el director guardó durante más de veinte años y que ahora, como toda la cinta, queda a merced del juicio de un público global que apenas empieza a pronunciarse.
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.30 | critical |
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