
Calor, tormenta y fervor político en el cuarto de milenio de Estados Unidos
La jornada que conmemoró los 250 años de la independencia estadounidense estuvo marcada por la evacuación del National Mall, un discurso presidencial con tono de campaña y la imagen de multitudes que volvían a reunirse bajo los relámpagos.
A las siete de la tarde, cuando el calor aún sofocaba con 39 grados, una voz metálica estalló por los altavoces del National Mall: «Evacúen inmediatamente». La tormenta eléctrica había llegado sin avisar y el Servicio Secreto ordenaba a decenas de miles de personas abandonar la explanada. Algunos corrieron hacia los museos cercanos; otros, con camisetas estampadas de estrellas y barras, permanecieron plantados gritando «¡Trump, Trump!», mientras policías con silbatos intentaban despejar la zona. El presidente, desde su plataforma Truth Social, aseguró que las tormentas «traen suerte» y que daría su discurso «aunque fuera a las dos de la madrugada». La evacuación fue el preámbulo caótico de la noche en que Estados Unidos cumplía 250 años.
La celebración del cuarto de milenio había comenzado horas antes bajo una cúpula de calor extremo. Los termómetros de Washington alcanzaron los 39,4 grados, el 4 de julio más caluroso desde 1919, y la sensación térmica superó los 46 grados. El desfile tradicional fue cancelado; en Filadelfia se suspendió el Salute to Independence Parade y en Boston los bomberos ordenaron evacuar la ribera del río Charles. Aun así, miles de visitantes se agolparon en la Gran Feria Estatal Americana, donde una noria, réplicas del arco que Trump quiere erigir y estands de contratistas de defensa competían con músicos militares y un despliegue aéreo que incluía al nuevo Air Force One. En los puestos de socorro se atendió a decenas de personas deshidratadas; once fueron hospitalizadas. Los organizadores de Freedom 250 –el grupo creado por la Casa Blanca que marginó a la comisión bipartidista del Congreso– repartían agua y pedían calma mientras los visitantes buscaban la sombra de los pocos árboles o de las réplicas históricas.
Casi a medianoche, con el cielo aún plagado de relámpagos, Trump subió al escenario del Lincoln Memorial. Habló durante 45 minutos –«corto para él», comentaron analistas desde Buenos Aires a Madrid– y convirtió la efeméride en una arenga electoral. Rindió homenaje a veteranos de guerra, incluido uno de los primeros oficiales negros de las Fuerzas Especiales en Vietnam, y desplegó banderas históricas, desde la que cubrió el féretro de Lincoln hasta la que portaron los hermanos Wright. Pero pronto derivó hacia su agenda doméstica: atacó al «comunismo» como un «cáncer» que renace en la oposición demócrata, exigió la aprobación de la ley SAVE America para restringir el voto por correo y prometió que «Estados Unidos nunca será un país comunista». Las cadenas latinoamericanas subrayaron la paradoja de que el mandatario combinara el lenguaje de la unidad patria con advertencias sobre una «amenaza interna», a cuatro meses de unas legislativas que los republicanos temen perder.
La polarización se manifestó también en las calles. Cientos de miembros del grupo supremacista blanco Patriot Front, con máscaras, escudos y banderas confederadas, marcharon por la avenida de la Constitución al grito de «¡Reconquistemos América!». En la acera de enfrente, pequeños grupos de Refuse Fascism coreaban «86 47» –en alusión a la investidura en 1986 de un presidente que ahora aspira a perpetuarse–. La policía metropolitana informó que no hubo arrestos. A la vez, llegaban ecos de fuera: la fragata Libertad de la Armada Argentina desfilaba por el río Hudson en Nueva York junto a veleros históricos de veinte países; el rey Carlos III afirmaba que el Reino Unido y su antigua colonia seguirían «defendiendo nuestros valores compartidos»; el papa León XIV, nacido en Chicago, recordaba que «defender la vida humana también incluye acoger, proteger y asistir a los inmigrantes». Desde Moscú, Vladímir Putin felicitaba a su «querido Donald» y evocaba la alianza en las dos guerras mundiales.
Cuando los fuegos artificiales estallaron sobre el Mall pasada la una de la madrugada, la lluvia fina y los relámpagos lejanos compusieron un telón de fondo tan grandioso como equívoco. Una multitud que había soportado el calor, la evacuación y las colas para someterse dos veces al control de seguridad, aplaudió los 850.000 estallidos que durante 40 minutos iluminaron los monumentos a Washington y Lincoln. En el cielo, el rojo, el blanco y el azul se mezclaban con las nubes de tormenta, mientras los Washington Post y los Philadelphia Inquirer hacían notar que, según encuestas de la Universidad Quinnipiac, el 61 % de los estadounidenses creía que el país no estaba a la altura de los ideales declarados en 1776. La fiesta del cuarto de milenio se cerró así, con una nación que celebraba en voz alta su historia pero que, como el clima aquella noche, contenía a la vez el bochorno de la fractura y el chispazo de un espectáculo gigantesco.
| Prensa latinoamericana | −0.40 | critical |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | −0.50 | critical |
| Prensa india y del sur de Asia | 0.00 | neutral |
Heat cancels celebrations, Trump turns them into a rally: America's 250th is a failure.
Juxtaposes weather data with political polarization, creating a metaphor of a nation in crisis.
Omits the large fireworks displays and crowds that still celebrated in other cities.
Trump miscalculated: July 4th scaled down by heat and lack of enthusiasm.
Deflates Trumpian ambitions by counterposing weather reality and popular discontent.
Omits mention of unofficial celebrations attendance and the historical significance of the anniversary.
America celebrates 250 years amid heatwave and political divisions; Trump will give a speech.
Presents facts in parallel without emphasizing one aspect over another, leaving evaluation to the reader.
Does not delve into criticisms of the president or cancellations of minor events.
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