
Putin y Trump felicitan a Lukashenko por la independencia bielorrusa en un contexto de indultos y acercamiento diplomático
Los mensajes de Moscú y Washington coinciden con la liberación de 32 presos, en su mayoría políticos, y reflejan las distintas estrategias de acercamiento al régimen de Minsk.
El presidente ruso, Vladímir Putin, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, enviaron sendos mensajes de felicitación a Aleksandr Lukashenko con motivo del Día de la Independencia de Bielorrusia, celebrado el 3 de julio. Según el Kremlin, la fecha conmemora la liberación de Minsk de la ocupación nazi en 1944, un acontecimiento que Moscú presenta como un legado compartido que cimienta la alianza bilateral. En su telegrama, Putin subrayó los “lazos de amistad fraternal” y la cooperación para “enfrentar amenazas y desafíos externos”, en el marco del Estado de la Unión. Desde Washington, la Casa Blanca difundió un mensaje más escueto en el que Trump deseó “paz y prosperidad” y expresó su esperanza de un futuro encuentro con el mandatario bielorruso.
La jornada estuvo marcada también por un decreto de indulto firmado por Lukashenko que benefició a 32 personas, 28 de ellas condenadas por delitos de “extremismo”, término con el que las autoridades bielorrusas designan a los presos políticos. Fuentes cercanas a la oposición en el exilio, como el equipo de la líder Svetlana Tijanóvskaya, señalaron que estos indultos forman parte de una estrategia de dos vías: mientras que las liberaciones negociadas con Estados Unidos han permitido la salida del país de figuras más visibles, los perdones concedidos en fechas simbólicas suelen aplicarse a reclusos que permanecen en Bielorrusia bajo restricciones de movimiento y con la obligación de no divulgar su situación. Esta práctica, según analistas en Varsovia y Bruselas, permite a Minsk proyectar gestos humanitarios sin ceder control sobre el disenso interno.
Desde la óptica de Moscú, la efeméride refuerza la narrativa de una integración creciente con Bielorrusia como dique frente a lo que el Kremlin describe como presiones occidentales. El Estado de la Unión, creado en 1996, ha avanzado en la coordinación de políticas de defensa y economía, y el pasado año un desfile militar en Minsk por el 80.º aniversario de la liberación contó con tropas de Rusia, China y varias repúblicas centroasiáticas. En contraste, el mensaje de Trump se inscribe en un cauteloso proceso de diálogo bilateral que ya ha incluido varios canjes de prisioneros y el levantamiento parcial de sanciones, como las que afectaban a la empresa estatal Belaruskali. Lukashenko, por su parte, ha ofrecido en repetidas ocasiones su mediación para facilitar un acercamiento entre Washington y Moscú, una propuesta que, según fuentes diplomáticas europeas, es observada con escepticismo en las capitales occidentales.
En paralelo, la semana dejó otros hechos que ilustran la compleja inserción internacional de Bielorrusia. El hijo menor de Lukashenko, Nikolái, de 21 años, se graduó en la Universidad de Pekín en un programa conjunto de biotecnología, en un gesto que Pekín interpreta como muestra de la profundización de los lazos bilaterales. Al mismo tiempo, comisarías militares bielorrusas comenzaron a convocar a una revisión médica a hombres mayores de 27 años que hasta ahora estaban exentos del servicio por no ser aptos en tiempos de paz, una medida que expertos en seguridad regional vinculan con la necesidad de evaluar la reserva movilizable en un contexto de tensión en la frontera con Ucrania.
El dossier bielorruso se mantiene así en un equilibrio precario. Mientras Moscú consolida la integración institucional y Washington ensaya una diplomacia transaccional basada en la liberación de presos, el régimen de Lukashenko administra los tiempos de la apertura sin alterar los pilares del control interno. Se espera que en los próximos meses continúen los contactos discretos entre Minsk y la Administración Trump, aunque no se ha anunciado una fecha para la posible reunión de líderes.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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En el Día de la Independencia bielorrusa, tanto el presidente Putin como el presidente Trump enviaron mensajes de felicitación a Lukashenko. El telegrama de Putin subrayó la victoria compartida sobre el fascismo y la duradera alianza fraternal que ayuda a ambas naciones a enfrentar amenazas externas. El mensaje de Trump, por su parte, expresó el deseo de un futuro encuentro, insinuando una posible apertura diplomática.
Mientras Lukashenko recibía saludos protocolarios del extranjero, los verdaderos acontecimientos de la semana en Bielorrusia pintaban un panorama más sombrío. Se anunció una nueva tanda de indultos para presos políticos, pero los críticos señalan que los liberados siguen bajo vigilancia estatal. Mientras tanto, las autoridades comenzaron a reclutar a hombres previamente considerados no aptos para el servicio, y un ciudadano ucraniano está detenido sin cargos, lo que subraya la maquinaria represiva del régimen.
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