
Israel se aferra a su franja de seguridad en el sur del Líbano y Hezbolá promete resistencia
Pese al entendimiento entre Washington y Teherán, Netanyahu condiciona la paz a una presencia militar indefinida mientras la milicia chiíta advierte que enfrentará cualquier violación del territorio.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reiteró que las tropas permanecerán en una zona de seguridad de unos diez kilómetros dentro del sur del Líbano “mientras sea necesario”, desoyendo las exigencias de Hezbolá y de Irán de una retirada completa. La declaración, difundida durante un acto oficial en Jerusalén, tensa aún más el frágil alto el fuego alcanzado el viernes bajo un memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, que prevé el cese de hostilidades en todos los frentes. El ejército libanés, por su parte, pidió a los civiles no regresar a las aldeas fronterizas por la presencia de municiones israelíes sin detonar y el riesgo de nuevos enfrentamientos.
Desde Tel Aviv, el gobierno de Netanyahu justifica la ocupación de la franja como una medida indispensable para proteger a las comunidades del norte de Israel de los cohetes de Hezbolá. El ministro de Defensa, Yoav Katz, subrayó que los soldados “no tienen ni tendrán limitaciones para eliminar amenazas” y que se mantendrán en “todos los emplazamientos” de la zona. Medios israelíes recogen que el Estado Mayor considera a Hezbolá en una “situación muy difícil” tras los golpes recibidos, y Netanyahu ha vinculado la campaña militar con el objetivo estratégico de impedir que Irán obtenga armas nucleares, afirmando que se han creado condiciones para el derrumbe del régimen iraní.
Para la cúpula de Hezbolá, sin embargo, la presencia israelí es una ocupación intolerable que debe ser repelida. En un discurso televisado, el secretario general Naim Qassem negó que existan “zonas seguras” para los soldados israelíes y advirtió que su organización “enfrentará cada violación” con el método que considere oportuno. Qassem acusó a Israel de intensificar los crímenes contra civiles en un intento de imponer sus condiciones en las negociaciones, y elogió el memorando de entendimiento como una muestra del apoyo de Irán, que según él “empleó todas sus capacidades” para defender la soberanía libanesa. En paralelo, un diputado del bloque fiel a Hezbolá rechazó los llamados internos al monopolio estatal de las armas, dejando claro que “la resistencia y sus armas permanecerán”.
Desde la óptica de Teherán, el acuerdo con Washington es el cauce para pacificar la región, pero insiste en que no será efectivo si Israel mantiene sus operaciones militares en Líbano. La diplomacia iraní acusó a Estados Unidos de ser “directamente responsable” de los últimos bombardeos israelíes, que dejaron decenas de muertos, y advirtió que Washington deberá responder por la escalada. Mientras, en Beirut, el ejército libanés prosigue con lentitud la desactivación de bombas de aviación en los pueblos sureños y la cifra de víctimas supera ya los 4.000 fallecidos y más de 12.000 heridos desde el inicio de la guerra, según el Ministerio de Salud.
El escenario deja abierta la incógnita sobre la viabilidad del entendimiento entre Washington y Teherán. Aunque la Casa Blanca espera que el alto el fuego se aplique de forma general, las condiciones israelíes —apoyadas por sectores de su arco político— y la negativa de Hezbolá a desarmarse chocan frontalmente. Las próximas rondas de contacto en Suiza y las conversaciones directas entre Israel y Líbano en Washington están ahora condicionadas por la evolución sobre el terreno y la presión de los actores regionales para que el cese de hostilidades se traduzca en un repliegue israelí.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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The Iranian press reports Netanyahu's statement with skepticism, framing it as a baseless claim. It highlights Hezbollah's rejection of any Israeli presence and portrays Israel as the aggressor. The narrative emphasizes Iran's warning about nuclear weapons and the need to resist occupation.
Israeli media highlight Hezbollah's threat to create 'no safe zone' for IDF soldiers, portraying the group as a dangerous aggressor. The demand for immediate withdrawal is presented as an unreasonable ultimatum. The coverage underscores the need for Israel to maintain security control in southern Lebanon to protect northern residents.
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