
Muere Ramiro Valdés, el último comandante de la línea dura de la Revolución Cubana
Falleció a los 94 años este histórico aliado de los hermanos Castro, fundador de los servicios de inteligencia y figura clave del control político en la isla.
El fallecimiento de Ramiro Valdés Menéndez, anunciado el domingo 21 de junio por el presidente Miguel Díaz‑Canel, cierra uno de los capítulos más significativos de la generación histórica que lideró la Revolución Cubana. A sus 94 años, Valdés era el último de los comandantes que participó en los tres hitos fundacionales del castrismo: el asalto al Cuartel Moncada (1953), la expedición del yate Granma (1956) y la guerra de guerrillas en Sierra Maestra, donde combatió como lugarteniente del Che Guevara en la decisiva batalla de Santa Clara. La presidencia cubana lo despidió con honores de “Héroe de la República” y subrayó su “fidelidad absoluta” al liderazgo de Fidel y Raúl Castro.
Desde la cúpula del Partido Comunista de Cuba, se destacó su papel en la construcción de las instituciones revolucionarias, especialmente como ministro del Interior y fundador de la Dirección General de Inteligencia (G2), aparato central en la consolidación del sistema de partido único. Analistas en La Habana recuerdan que Valdés ocupó esa cartera durante los períodos de mayor confrontación con Estados Unidos y diseñó los mecanismos de vigilancia y control político internos. En contraste, desde la oposición en el exilio y organismos internacionales de derechos humanos con sede en Washington y Bruselas se lo señaló reiteradamente como el máximo responsable de la persecución a disidentes, las detenciones políticas sistemáticas y la censura mediática que caracterizaron al régimen después de 1959.
Su influencia trascendió las fronteras de la isla. Según fuentes diplomáticas venezolanas, Valdés pasó largas temporadas en Caracas a partir de 2010, oficialmente para asesorar en la crisis energética, aunque sectores críticos del chavismo interpretaron esa presencia como el despliegue de su experiencia en contrainteligencia para apoyar a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. En paralelo, dentro de Cuba su figura se mantuvo activa hasta los últimos años: como viceprimer ministro concentró esfuerzos en la crisis energética nacional, apareciendo en uniforme militar junto a Díaz‑Canel para instar a la población a reducir el consumo eléctrico, en un contexto marcado por apagones, desabastecimiento y un creciente malestar social.
Con la muerte de Valdés, la dirigencia histórica de la revolución queda reducida a dos nonagenarios: Raúl Castro (95) y Guillermo García Frías (98). Fuentes oficialistas en la isla han anunciado que se le rendirán honras fúnebres en Santa Clara, donde fue declarado ciudadano ilustre en 2019, sin que hasta el momento se hayan precisado las causas del deceso ni los detalles del protocolo funerario. El suyo es un legado que, desde el oficialismo, simboliza la intransigencia revolucionaria, mientras que para la disidencia interna y los exiliados encarna la longeva maquinaria represiva que garantizó la supervivencia del castrismo durante más de seis décadas.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La prensa china presenta a Valdés como un héroe venerado de la Revolución cubana, uno de los últimos comandantes sobrevivientes que zarparon en el Granma y permanecieron leales a los Castro, celebrado por el presidente como una figura paterna.
La prensa continental europea retrata a Valdés como un comandante histórico pero, sobre todo, como uno de los grandes represores de la revolución cubana, recalcando su papel en la seguridad estatal y el largo declive del régimen castrista.
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