
La ultraderecha alemana reelige a sus líderes en un congreso blindado por protestas masivas
Miles de manifestantes intentaron bloquear la reunión en Erfurt, mientras el partido antiinmigración se perfila como favorito para las elecciones regionales de septiembre.
El partido Alternativa para Alemania (AfD), al que sus detractores sitúan en la extrema derecha, reeligió este sábado a sus copresidentes Alice Weidel y Tino Chrupalla durante un congreso federal en Erfurt, en el este del país. La votación, que según fuentes del partido otorgó a Weidel el 81 % de los sufragios y a Chrupalla el 70 %, se produjo pese a que decenas de miles de opositores bloquearon autopistas y accesos al recinto ferial para impedir la celebración del cónclave. La policía de Turingia, reforzada con agentes de todo el país, cifró la asistencia a las protestas en torno a 31.000 personas, mientras los organizadores elevaron la estimación a 50.000.
Las manifestaciones, convocadas por la alianza «Widersetzen» (Resistir) y respaldadas por sindicatos, colectivos de la sociedad civil y partidos de izquierda, derivaron en algunos puntos en enfrentamientos con las fuerzas antidisturbios. Según los reportes policiales, se registraron lanzamientos de pirotecnia contra una sede del partido, bloqueos de vías férreas y el uso puntual de gas pimienta para dispersar a los concentrados. Al menos dos periodistas resultaron heridos. Los organizadores justificaron la acción directa como un deber histórico: «Queremos dejar claro que no toleraremos que el fascismo esté resurgiendo en Alemania», declaró un portavoz de la coalición opositora, en alusión a lo que consideran un programa político incompatible con el orden constitucional.
El congreso se celebra a menos de dos meses de las elecciones en los estados federados de Sajonia-Anhalt y Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde los sondeos sitúan a AfD como primera fuerza. De acuerdo con las encuestas recogidas por medios alemanes, la formación alcanza el 41 % de intención de voto en Sajonia-Anhalt, muy por delante de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) del canciller Friedrich Merz, que ronda el 23 %. A escala nacional, la ventaja es de 29 % frente al 22 % de los conservadores. Desde Berlín, analistas políticos advierten que una victoria absoluta en esos comicios supondría el primer gobierno regional de una fuerza de este signo en la Alemania de posguerra, un escenario que los partidos tradicionales intentan bloquear mediante el llamado «cortafuegos» que excluye cualquier coalición con AfD.
La coincidencia del cónclave con el centenario del congreso nazi de Weimar de 1926 —donde Adolf Hitler consolidó su liderazgo— fue denunciada por historiadores y opositores como una provocación deliberada, extremo que la dirección del partido niega y atribuye a una casualidad de calendario. Desde Moscú, el presidente Vladímir Putin ha vinculado el ascenso de la formación a su capacidad para «formular con claridad los intereses del pueblo alemán», según declaraciones recogidas por la prensa rusa. Observadores en Madrid y Buenos Aires interpretan el fenómeno como un termómetro de la viabilidad electoral de movimientos análogos en el mundo hispanohablante, donde discursos antiinmigración y de soberanía nacional ganan tracción. La cita electoral del 6 de septiembre en Sajonia-Anhalt se perfila como la próxima prueba de fuego para un partido que, en palabras de Weidel, se ve a sí mismo como «la última oportunidad para salvar el país».
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La prensa rusa informa de la protesta como una gran interrupción del congreso de AfD, destacando el bloqueo de las autopistas y el elevado número de manifestantes. El tono es fáctico, centrándose en el impacto logístico más que en el mensaje político. AfD es etiquetada como 'ultraderecha', pero las protestas se presentan como una acción de masas sin aprobación ni condena explícita.
La prensa europea continental retrata las protestas como una postura moral contra el auge del extremismo de derecha, con decenas de miles bloqueando el congreso de AfD. Se establecen paralelismos históricos con la era nazi, y la reelección de los líderes del partido se informa con alarma. El tono es urgente y condenatorio, alineado con los manifestantes.
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