
Cuando el lujo se desnuda: Milán reduce la moda masculina a piel, memoria y oficio
Las pasarelas italianas para la primavera-verano 2027 abandonan la estridencia y proponen un regreso a la esencia, desde el gesto radical de Prada hasta las raíces sicilianas de Dolce & Gabbana.
Sobre una pasarela de plexiglás retroiluminada, la primera salida no fue una camiseta, sino una cazadora vaquera llevada directamente sobre la piel. Las mangas, acortadas a tres cuartos; el torso, ceñido como una segunda epidermis. En el backstage, Miuccia Prada y Raf Simons explicaron que la colección nacía del rechazo al “diseño inútil” y a las complicaciones que, según ellos, dominan la moda contemporánea. Ese gesto —sustituir la prenda más básica del guardarropa masculino por una pieza de trabajo elevada a protagonista— condensó una filosofía que atravesó toda la Semana de la Moda Masculina de Milán: restar hasta que solo quede lo indispensable.
La propuesta de Prada funcionó como un manifiesto. Un único modelo de pantalón, repetido en variaciones de tejido y color, acompañó casi todas las salidas. Los foulards se anudaron como cinturones y los bolsos colgaron de las caderas a la manera de marsupios. No se trataba de un minimalismo decorativo, sino de una reducción conceptual que, desde la óptica de los observadores italianos, buscaba oponer precisión y continuidad a la velocidad de las tendencias efímeras. Esa misma búsqueda de permanencia apareció en Giorgio Armani, que cerró la semana con una colección impregnada de luz mediterránea: saharianas desestructuradas, linos y shantungs que parecían haber absorbido el ritmo lento de los puertos, una elegancia que no persigue la novedad sino la vigencia serena.
Frente a la depuración de Prada y Armani, otras casas encontraron la sustancia en la memoria. Dolce & Gabbana tituló su desfile “Vacanze Siciliane” y desplegó un vestuario líquido donde convivían bermudas de seda, chaquetas bordadas con corales y anémonas, y aplicaciones brillantes que evocaban los carros sicilianos. Stefano Gabbana, que días antes había renunciado a la presidencia de la firma manteniendo su rol creativo, saludó al público con una camiseta estampada con el rostro de Madonna. La colección, explicaron los diseñadores, no trataba Sicilia como una moda pasajera sino como el lugar donde todo comenzó. En paralelo, Ralph Lauren regresó al calendario milanés con un desfile en su palazzo del centro histórico, donde combinó la sastrería impecable de Purple Label con la explosión de color y patchwork de Polo. La presencia del piloto Lewis Hamilton, el actor Henry Golding y el cantante colombiano Maluma subrayó, desde la mirada latinoamericana, la capacidad de la marca para dialogar con audiencias globales sin abandonar su imaginario cinematográfico estadounidense.
Ese diálogo entre lo local y lo viajero encontró un eco nítido en los accesorios. Las gafas de sol, piezas centrales de la temporada según los análisis de tendencias desde el norte de África y Europa, abandonaron la discreción: monturas oversize de Gucci y Prada, lentes tintados en rubí o verde esmeralda, siluetas envolventes de inspiración deportiva que Oakley trasladó del ciclismo a la calle. Eran objetos que ya no acompañaban la ropa, sino que la definían. Al mismo tiempo, las paletas cromáticas que emergieron de las pasarelas y de las previsiones de estilo para el verano —del rosa energético al amarillo mantequilla, del rojo cereza al azul oceánico— hablaban de una vitalidad que no necesitaba gritar, sino modularse en capas de frescura y sensualidad.
Cuando las luces del Metropol se apagaron y Milán cedió el testigo a París, quedó flotando una imagen: la de una cazadora vaquera convertida en blusa, tan adherida al cuerpo que parecía cuestionar qué es realmente esencial en el armario de un hombre. No era una respuesta, sino una pregunta lanzada con la seguridad de quien sabe que, a veces, la forma más sofisticada de lujo es no tener que demostrar nada.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La prensa latinoamericana cubre la moda masculina de Milán con una mirada pragmática de mercado: Ralph Lauren cautiva a todas las generaciones, París anticipa una masculinidad híbrida, y Dolce & Gabbana reafirma sus raíces sicilianas en medio de un cambio de liderazgo. El tono es distante, centrado en estrategias de marca y movimientos corporativos.
La prensa continental europea, en particular la italiana, enmarca la colección de Prada como un antídoto minimalista frente a los excesos de la moda. El dúo creativo rechaza el diseño inútil, destilando un estilo esencial despojado de adornos. El tono es escéptico hacia las tendencias dominantes y fríamente analítico.
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