
Los países bálticos instan a Bruselas a retomar el embargo al petróleo ruso tras la tregua en el estrecho de Ormuz
Estonia, Letonia y Lituania aprovechan el memorando entre Washington y Teherán para reclamar un plan de eliminación gradual de las importaciones, mientras Hungría y Eslovaquia anticipan resistencia.
Los ministros de Energía de Estonia, Letonia y Lituania reclamaron el 26 de junio a la Comisión Europea que presente sin más demora una propuesta para la prohibición escalonada de las importaciones de petróleo ruso. La petición, formulada durante un consejo de ministros del ramo celebrado a puerta cerrada, según fuentes diplomáticas citadas por la prensa internacional, reactiva un expediente que Bruselas retiró de su agenda preliminar en marzo, cuando el cierre del estrecho de Ormuz por la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán disparó los temores a una crisis de suministro energético en la Unión.
Desde la óptica de las capitales bálticas, la firma del memorando de entendimiento entre Washington y Teherán el 17 de junio, que contempla la reapertura de esa vía marítima por la que transita una quinta parte del crudo y el gas licuado mundiales, despeja el camino para avanzar hacia la independencia de los hidrocarburos rusos. Varsovia se alineó con esta postura: el ministro polaco Wojciech Wrochna declaró que su país considera necesario poner fin a las compras de petróleo ruso antes de que concluya el año, y calificó el eventual encarecimiento de la energía como “el precio que Europa debe pagar por su independencia”.
En el extremo opuesto, los gobiernos de Hungría y Eslovaquia —altamente dependientes del crudo ruso que llega por oleoducto— han anticipado su oposición a cualquier embargo. Budapest y Bratislava ya recurrieron ante la justicia europea la prohibición total de las importaciones de gas ruso aprobada por el Consejo en enero, que fija el fin del gas natural licuado para 2027 y el del gas por tubería para septiembre de ese mismo año. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, anunció que Washington abordará con ambos países la necesidad de abandonar los suministros rusos, aunque subrayó que se trata de socios que “cooperan activamente” con Estados Unidos.
El comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, evitó pronunciarse sobre la demanda báltica durante la reunión ministerial, pero al término de la misma señaló que la situación en Oriente Medio hace probable que Europa esquive un déficit de combustible de aviación este verano. Advirtió, no obstante, que aun si se consolida el alto el fuego, la normalización del mercado petrolero llevará “varios meses” y la del gas “varios años”, debido a los daños sufridos por las infraestructuras en países como Catar.
El bloqueo del estrecho de Ormuz había congelado unas negociaciones que, según fuentes comunitarias, debían haber desembocado en una propuesta legislativa el 15 de abril. Aunque el reglamento sobre el gas se adoptó por mayoría cualificada y ningún Estado miembro puede vetar por sí solo un futuro embargo petrolero, la resistencia de los países sin litoral y la sensibilidad de los precios energéticos mantienen el calendario en el aire. La Comisión no ha fijado una nueva fecha para presentar el texto, mientras los contactos bilaterales de Washington con Budapest y Bratislava perfilan el terreno político de una decisión que, desde la perspectiva de Bruselas, sigue sin estar cerrada.
| Prensa rusa y CEI | −0.70 | critical |
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| Prensa atlántica / anglosfera | +0.60 | aligned |
| Prensa iraní y afín | −0.40 | critical |
| Prensa europea continental | 0.00 | neutral |
Moscow and pro-government Russian media flip the accusation: it is not Russia threatening Europe, but Europe, on Washington's orders, trying to economically strangle Russia while harming itself.
The Baltic request is framed as an aggressive and irrational act, while European dependence on Russian oil is downplayed and US hypocrisy in the Iran talks is highlighted.
Omitted is the fact that the Baltic states act in self-defense after Russia's invasion of Ukraine, and that the ban is an EU-agreed measure to cut war funding.
Atlanticist media back the Baltic position as legitimate collective defense: Europe must speed up the ban to stop Russian aggression, and the US-Iran talks offer a window of opportunity.
A sense of urgency is built by linking the oil ban to the need to militarily weaken Russia, presenting the Baltic states as the vanguard of European security.
Omitted is the negative economic impact on some EU member states, such as Hungary, and the risk of Russian retaliation on gas.
Iran and its media accuse the West of double standards: while calling on Europe to hit Russia, it continues to support Israel and negotiates with Tehran only out of convenience.
The Baltic request is linked to the US-Iran talks to highlight Western inconsistency, presenting the move as an attempt to distract from US hypocrisy.
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Continental European media present the Baltic request as a piece of a larger geopolitical puzzle, where national interests, external pressures and market dynamics intertwine without easy solutions.
An analytical and detached tone is adopted, listing the different positions within the EU and external factors (US-Iran talks) to show the complexity of the decision, without taking an open stance.
Omitted is the moral dimension of the war in Ukraine and the urgency to stop Russian aggression, in favor of a cold cost-benefit analysis.
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