
Líbano inicia despliegue militar en zona piloto mientras Aoun consolida respaldo de Trump
El ejército libanés entró en Zawtar al-Gharbiya, primera localidad del acuerdo marco con Israel, en paralelo a la visita del presidente a Washington, donde se anunció la reanudación de vuelos directos y se perfiló un realineamiento estratégico.
El despliegue del ejército libanés en la localidad meridional de Zawtar al-Gharbiya el martes marcó el inicio práctico del acuerdo marco entre Líbano e Israel, horas después de que el presidente Joseph Aoun se reuniera con su homólogo estadounidense Donald Trump en la Casa Blanca. La operación, calificada como «zona piloto», busca probar un mecanismo de retirada israelí gradual a cambio del control exclusivo de las fuerzas armadas libanesas y el desarme de Hezbolá en esas áreas. El primer ministro Nawaf Salam plantó la bandera nacional en la plaza del pueblo y afirmó que el objetivo último es «la retirada israelí completa de todo el territorio libanés», mientras el ejército israelí disparó munición de advertencia contra los soldados libaneses e izó su bandera en el castillo histórico de Dubieh, en la cercana Shaqra, acto que el ministro de Cultura libanés calificó de «hostil y provocador».
Desde Washington, la cumbre Aoun-Trump envió señales múltiples. Trump elogió al presidente libanés y al presidente del Parlamento, Nabih Berri, aliado de Hezbolá, y se declaró dispuesto a reunirse con el propio partido-milicia si Aoun lo consideraba «apropiado». Analistas en Beirut interpretan ese gesto como un intento de atraer al llamado «dúo chií» hacia una solución política que desvincule a Hezbolá de su proyecto armado. Al mismo tiempo, Trump anunció la reanudación de los vuelos directos entre Estados Unidos y Líbano, suspendidos desde 1985, una decisión que, según fuentes diplomáticas europeas, está condicionada a evaluaciones de seguridad y que refuerza la narrativa de un Líbano que retorna a la órbita occidental y árabe, respaldado por Arabia Saudí, cuyo príncipe heredero telefoneó a Aoun antes del viaje.
El acuerdo marco, auspiciado por Washington y negociado directamente entre delegaciones libanesa e israelí, prevé que el ejército libanés asuma el control de las «zonas piloto» —Zawtar al-Gharbiya, Frun y Srifa— y prohíba cualquier presencia militar ajena al Estado. Sin embargo, Hezbolá rechaza el acuerdo y el desarme, y ha intensificado sus críticas a la visita de Aoun a través de sus diputados y plataformas mediáticas. Desde la óptica de Teherán, el partido mantiene su papel de «frente de apoyo» a Irán, aunque el memorando de entendimiento entre Washington y Teherán, con un plazo de 60 días, introduce un compás de espera. Fuentes cercanas al dúo chií citadas por medios libaneses afirman que no se dejarán arrastrar a una escalada que sirva a los intereses electorales del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, y que la prioridad es el retorno de los desplazados —más de 700.000 han vuelto ya, según Naciones Unidas— y la reconstrucción.
El despliegue en Zawtar al-Gharbiya, no exento de fricciones, representa una prueba para la capacidad del Estado libanés de ejercer soberanía sin desencadenar un conflicto interno. La próxima ronda de conversaciones directas Líbano-Israel está prevista para el 4 de agosto en Roma, con mediación estadounidense, y se espera que aborde la ampliación de las zonas piloto. Mientras, la administración Trump condiciona el respaldo a Líbano a avances concretos en el monopolio estatal de la fuerza, en un contexto regional donde, según analistas en Madrid, la normalización de relaciones entre Israel y los países árabes y el debilitamiento del eje iraní reconfiguran el tablero levantino.
| Prensa iraní y afín | −0.60 | critical |
|---|---|---|
| Prensa atlántica / anglosfera | 0.00 | neutral |
| Prensa del Golfo árabe | +0.10 | neutral |
| Prensa árabe Levante-Magreb | +0.20 | neutral |
The resistance axis denounces Trump's ultimatum and warns that the forced choice will lead to instability.
Presents the visit as blackmail, using the 'with us or against us' dichotomy to delegitimize any agreement.
Omits the positive outcomes of the visit, such as the resumption of direct flights and the army deployment as a step toward state sovereignty.
The international community observes with detachment Lebanon's steps toward sovereignty.
Reports official statements without political contextualization, creating the impression of a linear and technical process.
Omits internal Lebanese political divisions and Hezbollah's objections to the agreement.
Gulf states support Lebanon's efforts to assert sovereignty and disarm militias.
Emphasizes the state's role as the only legitimate actor, marginalizing Hezbollah's voices and presenting disarmament as inevitable.
Omits the Iranian ultimatum narrative and internal Lebanese tensions over the state's presence in the south.
The Lebanese political landscape is divided between those celebrating the visit's fruits and those warning against concessions.
Balances different internal positions, giving voice to both government supporters and opposition, to show a democratic debate.
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