
Ben-Gvir encabeza una irrupción masiva en Al Aqsa y profundiza la fractura sobre el statu quo
Más de 2.500 colonos, con el ministro de Seguridad Nacional a la cabeza, realizaron rezos judíos y enarbolaron banderas israelíes en la Explanada de las Mezquitas, bajo protección policial y con fuertes restricciones a los fieles palestinos.
El ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, lideró el jueves la entrada de entre 2.300 y 3.200 colonos al complejo de la mezquita de Al Aqsa, en la Jerusalén oriental ocupada, en el marco de la festividad judía de Tisha B’Av. Según el Departamento de Dotaciones Islámicas de Jerusalén, los participantes realizaron oraciones talmúdicas colectivas, prosternaciones completas y cánticos del himno nacional frente a la Cúpula de la Roca, mientras varios legisladores del Likud izaban banderas israelíes dentro del recinto. La Gobernación de Jerusalén denunció que la policía israelí elevó el cupo de cada grupo a unos 150 colonos, desplegó un fuerte dispositivo en las puertas de la Ciudad Vieja y restringió el acceso de los fieles palestinos, de los cuales solo un pequeño número pudo realizar la oración del alba antes de ser agredidos por las fuerzas de seguridad.
Desde Ammán, el Ministerio de Asuntos Exteriores jordano calificó la visita de Ben-Gvir como una “profanación de la santidad de la mezquita, una escalada, un acto bárbaro y una provocación inaceptable”, y urgió a la comunidad internacional a presionar a Israel para que cese lo que describió como violaciones continuas de los lugares sagrados islámicos y cristianos en Jerusalén. La Autoridad Palestina, por su parte, tachó la irrupción de “escalada peligrosa” y de “violación flagrante del statu quo histórico y jurídico”, y advirtió que forma parte de un plan sistemático para dividir el complejo —tanto en el tiempo como en el espacio— e imponer una nueva realidad sobre el terreno. Hamás, en un comunicado, sostuvo que la acción no debilitará la determinación palestina y advirtió que la “agresión flagrante” se volverá contra la ocupación y los colonos. La oficina del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no emitió comentarios inmediatos, si bien en ocasiones anteriores ha reiterado que no hay cambios en la política de preservar el statu quo.
El episodio reactualiza la disputa por uno de los enclaves más sensibles de Oriente Próximo. Conocido por los judíos como el Monte del Templo —el lugar más sagrado del judaísmo— y por los musulmanes como el Noble Santuario —tercer lugar más santo del islam—, el complejo se rige desde 1967 por un frágil entendimiento que reserva el rezo exclusivamente a los musulmanes y permite la visita de no musulmanes bajo supervisión de la fundación religiosa jordana. La irrupción masiva del jueves coincidió con el aniversario de la destrucción de los dos templos bíblicos, fecha en la que grupos partidarios de erigir un tercer templo en el lugar suelen movilizar a sus bases. Para la Gobernación de Jerusalén, la participación directa de un ministro en ejercicio marca un “viraje peligroso”: de los ataques de grupos extremistas a la adopción oficial de esas prácticas por parte del gobierno israelí.
Analistas en la región observan que la acción se produce en un contexto de creciente presión sobre los lugares sagrados y de expansión de los asentamientos en Jerusalén oriental, territorio que Israel ocupó en 1967 y se anexionó en 1980 sin reconocimiento internacional. La Gobernación de Jerusalén advirtió que la persistencia de estas violaciones amenaza la seguridad y la estabilidad regional, y reclamó a los organismos internacionales y a las naciones árabes e islámicas que asuman sus responsabilidades. Hasta el cierre de esta edición, no se habían registrado disturbios de gravedad, pero las convocatorias para nuevas incursiones a lo largo de la jornada mantenían la tensión en la zona. La Autoridad Palestina reiteró que la totalidad de las 144 dunams (35,6 acres) del complejo constituye un lugar de culto exclusivo para los musulmanes y que cualquier medida destinada a alterar su identidad o su estatus jurídico es “nula y carente de validez”.
| Prensa del Sudeste Asiático | −0.90 | critical |
|---|---|---|
| Prensa árabe Levante-Magreb | −1.00 | critical |
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.20 | neutral |
| Prensa israelí | +0.70 | aligned |
El mundo palestino e islámico condena esta invasión de Al-Aqsa por parte de colonos y funcionarios israelíes, que viola la santidad del lugar sagrado y el derecho internacional.
Al enfatizar la magnitud de la incursión, los rituales religiosos realizados y la condena de actores regionales, la narrativa construye el evento como una provocación deliberada y una violación de las normas sagradas.
La narrativa omite el contexto religioso judío de Tisha B'Av y el hecho de que algunos visitantes judíos fueron arrestados por disturbios, lo que complicaría la representación de una agresión unilateral.
El mundo árabe y musulmán rechaza esta provocación flagrante y pide una acción internacional para detener las violaciones israelíes.
Al usar términos como 'asalto', 'desafiar el derecho internacional' y 'escalada peligrosa', la narrativa amplifica la amenaza y posiciona el evento como un casus belli.
La narrativa omite el significado religioso judío de Tisha B'Av y el hecho de que algunos visitantes judíos fueron arrestados, lo que presentaría el evento como una observancia religiosa en lugar de una provocación puramente política.
La comunidad internacional observa este incidente con preocupación, señalando la violación de acuerdos de larga data en un lugar santo altamente sensible.
Al usar términos neutrales como 'visita' y 'punto conflictivo', y al proporcionar el contexto de la sensibilidad del sitio, la narrativa mantiene un tono distante mientras reconoce implícitamente la violación.
La narrativa omite la magnitud de la incursión (sin número específico de colonos) y los rituales religiosos específicos realizados, lo que aumentaría la sensación de provocación.
Israel afirma su soberanía sobre el Monte del Templo, y el culto judío allí es una expresión legítima de libertad religiosa, a pesar de la oposición.
Al enmarcar el evento como una 'visita' y un 'progreso', y al centrarse en el significado religioso de Tisha B'Av, la narrativa normaliza la ruptura del statu quo y lo presenta como un desarrollo positivo.
La narrativa omite el gran número de colonos (más de 2.500 reportados en otros lugares) y la fuerte condena de Jordania y funcionarios palestinos, lo que socavaría la representación de una visita religiosa pacífica.
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