
La UE sanciona a VK y al desarrollador del mensajero Max por vigilancia digital
El Consejo Europeo incluye a la matriz de VKontakte y a empresas de SORM en su lista de violaciones de derechos humanos, mientras la compañía minimiza el impacto operativo.
El Consejo de la Unión Europea impuso el 13 de junio sanciones contra el grupo tecnológico ruso VK, su filial Communication Platform —desarrolladora del mensajero estatal Max— y tres empresas proveedoras de sistemas de interceptación legal (SORM): VAS Experts, Norsi-Trans y Citadel. Las medidas, adoptadas en el marco del régimen de sanciones por violaciones de derechos humanos, congelan activos en territorio comunitario y prohíben viajes a las personas designadas, entre ellas los directivos de esas compañías y siete funcionarios de la colonia penitenciaria IK-10 de Mordovia.
Según el texto publicado en el Diario Oficial de la UE, la aplicación Max fue desarrollada bajo supervisión del Servicio Federal de Seguridad (FSB) y está preinstalada en todos los dispositivos móviles vendidos en Rusia. El documento detalla que el software recopila datos sobre otras aplicaciones instaladas, rastrea el uso de VPN, accede a la geolocalización y puede instalar actualizaciones autónomas. Bruselas sostiene que la promoción de Max por parte del Estado ruso fue acompañada de restricciones a servicios independientes como WhatsApp y Telegram, así como de una campaña para limitar el uso de redes privadas virtuales. La designación afirma que VK, como matriz, proporcionó soporte técnico a la represión de la sociedad civil y la oposición democrática, incluso facilitando datos de usuarios que publicaban contenidos críticos con la guerra en Ucrania.
Desde Moscú, la empresa VK declaró que las sanciones no afectarán el funcionamiento de sus plataformas —incluidas las redes sociales VKontakte y Odnoklassniki— ni del mensajero Max, y que los servicios permanecen disponibles para los usuarios. Sin embargo, a finales de junio Apple ya había retirado de su App Store todas las aplicaciones de VK, incluido Max, alegando la necesidad de cumplir con regímenes sancionatorios, pese a que en ese momento la compañía no figuraba en listas de sanciones directas. El ministro ruso de Desarrollo Digital, Maksut Shadaev, cifró en unos 20 millones los usuarios de Max que perdieron acceso tras esa eliminación, y su departamento calificó la decisión de Apple como políticamente motivada.
Las sanciones alcanzan también a los fabricantes de hardware y software para el Sistema de Medidas de Investigación Operativa (SORM), que según la documentación europea es utilizado para vigilar comunicaciones móviles y de internet, y para perseguir a periodistas, opositores y activistas. En paralelo, la UE sancionó a nueve personas y cuatro entidades vinculadas al Centro 16 del FSB por su presunta participación en ciberataques contra infraestructuras críticas en Ucrania y al menos nueve países comunitarios. Estas designaciones se producen mientras los Veintisiete discuten el 21.º paquete de sanciones contra Rusia por la guerra en Ucrania; la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, indicó que ese paquete aún no ha sido consensuado, por lo que el listado aprobado hoy funciona como una medida intermedia centrada en derechos humanos y ciberseguridad.
| Prensa europea continental | −0.90 | critical |
|---|---|---|
| Prensa rusa y CEI | +0.10 | neutral |
La Unión Europea defiende los derechos humanos y la libertad de expresión al atacar a quienes los violan. Las sanciones son una respuesta necesaria a la vigilancia masiva y al control autoritario.
La narrativa presenta las sanciones como una reacción legítima y necesaria a las violaciones de derechos humanos, utilizando lenguaje legal y declaraciones oficiales de la UE para crear un aura de autoridad moral.
Se omite la perspectiva de VK y del gobierno ruso, así como la negación de la empresa. No se menciona el impacto en las relaciones internacionales ni las posibles motivaciones políticas.
VK continúa operando con normalidad a pesar de las sanciones. La empresa asegura a los usuarios que los servicios no han cambiado y que las medidas de la UE no tienen ningún efecto práctico.
La estrategia retórica reduce el impacto de las sanciones a un evento irrelevante, centrándose en la continuidad operativa y citando declaraciones corporativas para tranquilizar al público, sin abordar las acusaciones de vigilancia.
Se omiten las acusaciones detalladas de la UE sobre el control del FSB y las capacidades de vigilancia de Max, así como las preocupaciones por los derechos humanos.
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