
La paradoja del 'deskilling': cómo la inteligencia artificial puede atrofiar las habilidades que prometía potenciar
De Maratea a Buenos Aires, pasando por Australia y los Emiratos, emerge un debate sobre la erosión silenciosa del pensamiento crítico en la era de la IA generativa.
En la costa de Maratea, con el Mediterráneo lamiendo las rocas al pie del hotel, un grupo de empresarios, académicos y reguladores se reunía en la undécima edición de 'LaRipartenza' para debatir sobre inteligencia artificial. Andrea Imperiali, docente de la Universidad Católica de Milán y miembro del comité de IA de la autoridad italiana de comunicaciones, tomó la palabra en una masterclass junto al periodista Nicola Porro. Su diagnóstico fue nítido: el debate público oscila entre narrativas apocalípticas y entusiasmos acríticos, y urgen herramientas de análisis que superen los eslóganes. El mar devolvía un rumor constante mientras Imperiali insistía en que la tecnología está transformando en profundidad el mundo de la comunicación, con implicaciones profesionales, éticas y regulatorias que rara vez se examinan de forma sistémica.
A miles de kilómetros, en Buenos Aires, el consultor Eduardo Laens advertía sobre un fenómeno que ha bautizado como 'deskilling': la pérdida gradual de capacidades cognitivas cuando los profesionales delegan sistemáticamente el razonamiento en modelos de IA generativa. Laens, autor del libro Humanware, describió una paradoja corporativa: mientras los departamentos de recursos humanos invierten fortunas en desarrollar las competencias del futuro, la adopción apresurada de estas herramientas erosiona silenciosamente el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad analítica. El Foro Económico Mundial, en su informe Future of Jobs 2025, estima que el 39% de las competencias laborales actuales cambiarán antes de 2030 y coloca precisamente esas habilidades en la cima de las más demandadas. 'Una empresa puede tener todos los indicadores de productividad en verde y, debajo, una fuerza de trabajo que ya no sabe hacer su trabajo', resumió Laens.
En Australia, un equipo de la Universidad Nacional Australiana entrenó a personas para detectar rostros generados por inteligencia artificial. La investigadora Amy Dawel explicó que buscar un único defecto —un sexto dedo, un pendiente asimétrico— ya no basta: los modelos son demasiado buenos. En lugar de ello, pidieron a los participantes que evaluaran seis cualidades perceptuales: simetría, proporcionalidad, atractivo, expresividad, distintividad y memorabilidad. Los resultados mostraron que, tras el entrenamiento, los mejores podían identificar una falsificación casi siempre. 'A menudo es la impresión general lo que importa, no un fallo obvio', señaló James Dunn, director del laboratorio IDeA de la Universidad de Nueva Gales del Sur. El hallazgo sugiere que la alfabetización visual frente a los deepfakes no depende de trucos, sino de educar una mirada más atenta a las sutilezas que la IA aún no logra replicar del todo.
Desde América Latina, el debate adquiere tonalidades filosóficas. Columnistas argentinos invocaron a Nietzsche y su 'superhombre' para interpretar la IA como un hijo superdotado que supera al maestro, y sugirieron que el verdadero progreso consiste en comprender más profundamente la realidad. Otros analistas recurrieron a la 'fatal arrogancia' de Hayek para advertir contra la regulación apresurada, recordando que la Iglesia Católica, en la encíclica Magnifica Humanitas de 2026, reconoció no tener respuestas técnicas pero reivindicó su deber de inyectar discernimiento moral para que la tecnología no deshumanice. En todos estos discursos subyace una misma inquietud: si la herramienta que prometía amplificar la inteligencia humana termina por atrofiarla, la sociedad habrá ganado eficiencia a costa de su capacidad de juicio.
En los Emiratos Árabes Unidos, la generación más joven encara la disrupción con una actitud distinta. Razan Bashiti, directora de la organización sin fines de lucro Injaz UAE, observa que los estudiantes tratan los reveses como información útil y rehacen sus proyectos de la noche a la mañana. 'Ese instinto de pivotar y volver a intentarlo es lo más alentador de esta generación', afirmó. Mientras tanto, en Maratea, la masterclass concluyó sin certezas, pero con una imagen persistente: la de un profesional que, frente a la pantalla, ya no recuerda cómo formular una hipótesis sin consultar al modelo. El desafío, según Laens, no es prohibir la inteligencia artificial, sino reservar espacios donde el juicio humano siga siendo irremplazable.
| Prensa latinoamericana | −0.70 | critical |
|---|---|---|
| Prensa atlántica / anglosfera | 0.00 | neutral |
| Prensa del Golfo árabe | +0.70 | aligned |
| Prensa europea continental | +0.10 | neutral |
La IA está atrofiando las habilidades de los mejores empleados, y la sociedad no está preparada para gestionar esta transformación.
Se utiliza un paralelismo histórico-filosófico (Nietzsche) para convertir un problema técnico en una crisis existencial, haciendo la crítica más radical y difícil de refutar.
No menciona las estrategias de adaptación de los jóvenes ni los enfoques proactivos como los descritos en el bloque del Golfo.
Se puede entrenar a las personas para detectar deepfakes, y la investigación está desarrollando métodos efectivos.
El problema se reduce a una capacitación individual, evitando abordar las responsabilidades de las plataformas o las dimensiones sistémicas.
No discute las implicaciones más amplias de la IA en el mercado laboral o la sociedad, como lo hacen otros bloques.
Los jóvenes de los EAU no temen a la IA, sino que la utilizan para adaptarse y construir carreras exitosas.
Se enfatiza la agilidad y adaptabilidad de los jóvenes, presentando la IA como una oportunidad en lugar de una amenaza, y se cita al WEF para legitimar la narrativa.
No aborda los riesgos de pérdida de habilidades o desempleo, ni las críticas filosóficas presentes en otros bloques.
La IA está transformando la comunicación y requiere un análisis sistémico, no eslóganes.
Adopta un tono equilibrado, citando a expertos e instituciones (AGCOM) para posicionarse como una voz autorizada y moderada, evitando extremos.
No toma una postura clara a favor o en contra, sino que se limita a invocar la conciencia, omitiendo tanto las críticas radicales como el optimismo acrítico.
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