
La ONU reporta un récord de 331 millones de consumidores de drogas y advierte sobre la proliferación de opioides sintéticos
El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 revela un aumento del consumo global, con un mercado ilegal que se adapta mediante nuevas sustancias psicoactivas y una producción de cocaína que se cuadruplicó en una década.
El consumo mundial de drogas alcanzó en 2024 la cifra más alta jamás registrada, con 331 millones de personas que utilizaron alguna sustancia psicoactiva, según el Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). El dato, presentado en el marco del Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, equivale al 6,2 % de la población global de entre 15 y 64 años, un incremento significativo frente al 5,2 % de 2014. El cannabis se mantiene como la droga más consumida, seguida de opioides, anfetaminas, cocaína y éxtasis.
El informe documenta un giro estructural en los mercados ilícitos: la prohibición del cultivo de amapola impuesta por los talibanes en Afganistán desde 2022 desplomó la oferta de heroína, pero ese vacío está siendo ocupado por opioides sintéticos como el fentanilo y los nitazenos, sustancias que la propia UNODC califica como más potentes y peligrosas. Las incautaciones globales de 2024 revelaron cinco veces más tipos de drogas que antes del año 2000, y el número de nuevas sustancias psicoactivas detectadas en los mercados llegó a 755, de las cuales 118 fueron identificadas por primera vez. Desde la óptica de Viena, la directora ejecutiva de la agencia, Monica Juma, advirtió que el abandono de los opioides de origen vegetal en favor de los sintéticos podría provocar un cambio permanente en el mercado mundial.
El impacto se manifiesta con crudeza en distintas regiones. En África oriental, la Autoridad Nacional para la Campaña contra el Alcohol y el Abuso de Drogas (NACADA) de Kenia reveló que 4,7 millones de kenianos de entre 15 y 65 años consumen al menos una sustancia, con la región costera y el condado de Mombasa a la cabeza (34,4 %). Las autoridades kenianas interceptaron recientemente 1.024 kilogramos de metanfetamina cristalina en el océano Índico, uno de los mayores decomisos de su historia. En África occidental, el ministro del Interior de Ghana alertó sobre el aumento del consumo de cannabis, tramadol y tapentadol entre los jóvenes, mientras que en Nigeria, donde 14,3 millones de personas están involucradas en el abuso de drogas —el triple del promedio global—, el gobernador del estado de Kwara describió el fenómeno como una amenaza multidimensional. En el sudeste asiático, el Ministerio de Salud de Indonesia estimó que los usuarios de narcóticos, psicotrópicos y sustancias adictivas pasarán de 4,1 millones en 2025 a 4,6 millones en 2026, con una red de 1.494 centros de salud que aún resulta insuficiente para cubrir la demanda de rehabilitación.
La producción de cocaína, concentrada en la región andina, se multiplicó por más de cuatro en la última década hasta alcanzar unas 4.100 toneladas métricas de producto puro en 2024. La UNODC señala que la pureza aumentó, los precios bajaron y el consumo se expandió más allá de la vida nocturna para integrarse en rutinas diarias, al tiempo que crece el uso de crack entre poblaciones vulnerables, con una migración documentada desde la heroína en Europa occidental y central. Paralelamente, el mercado de metanfetamina registra un crecimiento anual estimado del 13 %, con nuevos centros de producción y tránsito en Birmania, América del Norte, África y el suroeste de Asia.
Los gobiernos han respondido con estrategias que combinan interdicción y salud pública. Kenia reforzó la cooperación interinstitucional y el análisis de aguas residuales para monitorear tendencias en tiempo real; Ghana anunció reformas legales y un laboratorio forense; Indonesia impulsa la detección temprana y la ampliación de la terapia con metadona. No obstante, la brecha entre la necesidad de tratamiento y la capacidad instalada sigue siendo el dato verificable que subyace a todas las declaraciones oficiales recogidas en la jornada.
| Prensa africana subsahariana | −0.20 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa latinoamericana | −0.60 | critical |
| Prensa europea continental | 0.00 | neutral |
| Prensa del Sudeste Asiático | −0.70 | critical |
Sub-Saharan Africa calls for concrete action against drug trafficking, highlighting the link between drugs, conflict, and regional instability.
The bloc frames the issue as a security threat requiring a coordinated response, avoiding ideological debates and focusing on operational solutions.
It omits the role of poverty and lack of healthcare access as structural drivers of consumption, focusing instead on supply-side repression.
Latin America denounces the failure of prohibitionist policies and calls for a human rights and public health approach.
The bloc universalizes its regional experience of the failed war on drugs as a global truth, using UN data to legitimize demands for reform.
It omits that some countries in the region have seen consumption declines due to prevention policies, attributing every increase solely to repression.
Continental Europe calls for an evidence-based approach, prioritizing public health and harm reduction over repression.
The bloc adopts a neutral, technical tone, presenting its positions as rational and objective, in contrast to the emotional reactions of other blocs.
It omits the internal debate between countries with more liberal policies (Netherlands, Portugal) and more restrictive ones (Sweden, Finland), presenting a uniform continental stance.
Southeast Asia imposes a hard line against drugs, presenting them as the top threat to social stability and national security.
The bloc builds a hierarchy where drugs are at the top of emergencies, thus justifying exceptional measures and the suspension of individual guarantees.
It omits data showing the ineffectiveness of harsh penalties in reducing consumption, as well as successful harm reduction policies in other countries.
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