
La deuda de los hogares en economías emergentes marca récords mientras los reguladores ajustan el control
Brasil, Argentina e Indonesia registran máximos históricos de morosidad y endeudamiento en 2026, impulsados por tipos elevados, inflación y la expansión del crédito digital no bancario.
El endeudamiento de las familias en varias economías emergentes alcanzó niveles sin precedentes en el primer semestre de 2026, con Brasil a la cabeza. El volumen de crédito en mora superior a 90 días llegó a 247.600 millones de reales en el primer cuatrimestre, un salto interanual del 50,7 % que equivale a todo el stock de deuda impaga que el país acumulaba en 2018, según datos del Banco Central compilados por la federación de comercio de São Paulo. En Argentina, 5,8 millones de personas —el 27,9 % de los deudores— presentaban irregularidades en mayo, mientras que en Indonesia el saldo vivo de los préstamos en línea (pinjol) superó los 103 billones de rupias, con un crecimiento anual del 25,6 %.
El deterioro responde a una combinación de factores que comprimen la capacidad de pago. En Brasil, la tasa Selic elevada y la inflación —agravada por el conflicto en Irán y su impacto en combustibles y alimentos— desviaron recursos hacia gastos básicos y redujeron el margen para honrar deudas. Analistas en São Paulo identifican además un factor novedoso: el crecimiento de las apuestas deportivas en línea, que compite directamente con el presupuesto familiar. En Argentina, el centro de estudios CEPA subraya que los salarios no logran recuperar poder adquisitivo y que las tasas de interés de los préstamos personales siguen siendo muy elevadas, especialmente fuera del sistema bancario. Allí, la morosidad en billeteras virtuales y entidades no financieras trepó al 29,6 %, el nivel más alto desde que existen registros, superando incluso los picos de la pandemia.
La fragilidad se concentra en los segmentos no bancarios y en los deudores más jóvenes. En Brasil, la irregularidad en fintechs alcanza el 21,6 % del volumen prestado, y en otras entidades no financieras se dispara al 43,1 %. En Argentina, la mora entre personas de 18 a 30 años roza el 40 %. En Indonesia, el regulador financiero OJK reportó que la tasa de créditos morosos en plataformas digitales (TWP90) se situó en 4,42 % en mayo, una leve mejora mensual pero aún en niveles que exigen vigilancia. Mientras tanto, el sector asegurador marroquí mostró una cara distinta: las pruebas de estrés del comité de riesgos sistémicos revelaron una resiliencia global, con un ratio de solvencia que subió 54,7 puntos hasta el 409,4 % y un rendimiento sobre fondos propios del 11,1 %, el más alto en una década.
Las autoridades han respondido con medidas de consolidación y exigencias de capital. En Indonesia, el OJK aprobó la fusión de 81 bancos rurales (BPR) en 24 entidades y emitió una nueva norma que obliga a un capital mínimo para estas instituciones, mientras que 8 de 144 financieras y 8 de 94 plataformas de préstamos digitales aún no cumplen los requisitos de patrimonio y han presentado planes de acción que incluyen aportes de accionistas o fusiones. En Brasil, la expansión de la mora se extiende por todos los estados, con alzas de hasta el 105 % en Tocantins, y la federación de comercio paulista advierte que el deterioro simultáneo de modalidades tan dispares como el crédito hipotecario y el rotativo de tarjetas indica un problema sistémico.
El próximo hito será la entrada en vigor de la regulación indonesia sobre capital mínimo de BPR el 30 de junio de 2026, mientras los bancos centrales de la región monitorean si la desaceleración de la inflación o eventuales recortes de tipos alivian la carga de los hogares. En Marruecos, el comité de estabilidad financiera continuará evaluando la cartografía de riesgos sistémicos en el marco de su hoja de ruta 2026-2030.
| Prensa del Sudeste Asiático | 0.00 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa latinoamericana | −0.80 | critical |
| Prensa árabe Levante-Magreb | +0.70 | aligned |
OJK records rising household debt, but also growth in other financial sectors, maintaining a regulatory approach.
The use of official data and technical language creates an impression of objectivity, avoiding attribution of responsibility or alarm.
Lacks comparison with debt crises in other emerging countries, which could highlight broader systemic risks.
Household debt is out of control: millions are excluded from credit, delinquency at historic highs.
The use of dramatic figures and terms like 'record' and 'alert' creates a sense of urgency and imminent crisis.
Positive data from other financial sectors or resilience measures are not mentioned, which could soften the negative picture.
The Moroccan insurance sector passes stress tests with solidity, demonstrating growth and stability.
Focusing on positive stress test results and revenue growth conveys confidence and minimizes risks.
No mention of household debt or banking fragilities in other emerging countries, which could undermine the perception of regional stability.
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