
Rusia lanza un ataque masivo con misiles y drones contra Kiev tras la advertencia de Zelenski
La ofensiva nocturna dejó al menos un muerto y once heridos, horas después de que el presidente ucraniano acortara una visita a Dublín al recibir informes de inteligencia sobre un inminente bombardeo a gran escala.
Las fuerzas rusas ejecutaron durante la madrugada del jueves un ataque combinado con misiles balísticos, de crucero y drones contra la capital ucraniana, Kiev, que causó al menos un fallecido, once heridos y daños en edificios residenciales e infraestructura civil en los diez distritos de la ciudad. El alcalde Vitali Klitschko confirmó el derrumbe parcial de un edificio de nueve plantas en el distrito de Desnyanskyi, con personas atrapadas bajo los escombros, así como incendios en un hotel del céntrico bulevar Shevchenko y en varias azoteas de bloques de viviendas. La ofensiva, que según canales de monitoreo ucranianos incluyó el empleo de bombarderos estratégicos Tu-95 y Tu-160, llevó a miles de ciudadanos a refugiarse en las estaciones del metro, mientras Polonia, país miembro de la OTAN, activaba sus cazas como medida preventiva para proteger su espacio aéreo.
El ataque se produjo pocas horas después de que el presidente Volodymyr Zelenski interrumpiera su visita a Dublín —donde participaba en el inicio de la presidencia rotatoria irlandesa del Consejo de la UE— alegando que los servicios de inteligencia ucranianos habían detectado preparativos rusos para una “ofensiva masiva”. Desde la óptica de Kiev, esta acción confirma un patrón de represalias por la campaña de drones de largo alcance que Ucrania ha intensificado contra refinerías y depósitos de combustible en territorio ruso, incluida la planta de Ufa, a más de mil kilómetros de la frontera. Analistas en Moscú, en cambio, enmarcan la operación dentro de la estrategia de desgaste de la infraestructura defensiva ucraniana, subrayando que el Ministerio de Defensa ruso no ha emitido comentarios oficiales sobre el ataque.
La escalada de hostilidades aéreas coincide con un momento de creciente presión sobre la retaguardia rusa. El presidente Vladímir Putin reconoció el domingo anterior que los repetidos impactos ucranianos contra el sistema de refinado han provocado escasez de gasolina y diésel en varias regiones, lo que ha generado largas colas en estaciones de servicio y un malestar inusual entre la población. Desde la perspectiva de Bruselas, esta vulnerabilidad energética podría alterar los cálculos del Kremlin, aunque fuentes diplomáticas europeas advierten que también incrementa el riesgo de una respuesta asimétrica. En América Latina, analistas en São Paulo y Buenos Aires siguen con atención la posible restricción de exportaciones rusas de derivados del petróleo, que afectaría a importadores como Brasil, mientras que desde Madrid se subraya el impacto de la guerra en la agenda de seguridad de la próxima cumbre de la OTAN en Turquía.
El dossier diplomático permanece estancado. Las negociaciones impulsadas por Washington no han producido avances desde que la administración estadounidense redirigió su atención al conflicto en Oriente Medio a finales de febrero. Un estudio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) divulgado el miércoles estima que las bajas militares totales superan los dos millones, con una proporción de tres rusos por cada ucraniano muerto o herido, y califica el ritmo de avance ruso en 2026 como uno de los más lentos en un siglo. Mientras Kiev insiste en la necesidad de sistemas antimisiles balísticos de fabricación europea, el Kremlin, a través de su portavoz Dmitri Peskov, reiteró que continuará la ofensiva hasta alcanzar sus objetivos. Se espera que la situación sea abordada en la reunión anual de la alianza atlántica prevista para la próxima semana.
| Prensa iraní y afín | +0.60 | aligned |
|---|---|---|
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.80 | critical |
| Prensa europea continental | −0.50 | critical |
Russia struck precisely after Zelensky ignored warnings, showing that Moscow's patience has limits.
It equates the Russian action to a proportional response, reversing responsibility and presenting the attack as an inevitable consequence of Ukrainian choices.
Details on civilian casualties and international condemnation are omitted, as well as the context of previous unprovoked Russian offensives.
Putin ordered an indiscriminate bombardment of Kyiv, ignoring all peace appeals and proving his criminal nature.
It uses legal-moral language (crime, violation, responsibility) to delegitimize the Russian action and mobilize public opinion toward tougher sanctions.
Any Russian justification, such as claims of military targets or previous Ukrainian provocations, is omitted.
Europe must prepare for a prolonged conflict: the bombing of Kyiv shows that Russia seeks escalation, not peace.
It universalizes the Russian threat, presenting it as a danger to the entire continent, and calls for a collective response, but leaves room for critical voices on Western strategy.
Analyses that attribute partial responsibility to Ukraine for not negotiating are omitted, as are voices that downplay the attack.
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