
La peluca de centro comercial y el traje de 18 kilos: así vuelve Moana en acción real
La nueva versión con actores de carne y hueso reproduce plano por plano la cinta animada de 2016, mientras Dwayne Johnson carga con un traje protésico que suma 18 kilos a su cuerpo.
Cada mañana, durante el rodaje, Dwayne Johnson se sometía a un ritual de dos horas y media. Un equipo de maquillaje le aplicaba un traje protésico de cuerpo entero —diseñado por Joel Harlow, ganador del Oscar por Star Trek— que añadía 18 kilos a su musculatura, además de una peluca de melena lacia que, según describió la prensa británica, recordaba a las sesiones fotográficas de un centro comercial de los años ochenta. “Cuando actúas o cantas, suele haber libertad de movimiento”, explicó el actor. “Tuve que aprender a expresar emociones con ese peso extra”. Esa transformación física es la metáfora involuntaria de un proyecto que carga con la herencia de un éxito animado y la presión de justificar su propia existencia.
La película, dirigida por el debutante Thomas Kail, es una recreación casi milimétrica del filme de 2016: las mismas canciones de Lin-Manuel Miranda, los mismos diálogos y la misma estructura de viaje iniciático por la Polinesia. La joven Catherine Laga’aia toma el testigo de Auli’i Cravalho como Moana, mientras Johnson repite como el semidiós Maui, personaje al que ya puso voz hace una década. La única incorporación significativa es el tema “Along the Way”, compuesto por Miranda para los créditos finales e interpretado a dúo por Cravalho —que esta vez ejerce de productora ejecutiva— y Laga’aia. La fidelidad al original es tal que, en palabras de analistas indonesios, “no es una secuela, sino una adaptación en imagen real del primer relato”.
El estreno, apenas diez años después de la cinta animada, marca el intervalo más corto en la estrategia de Disney de trasladar sus clásicos al formato de acción real. La decisión se apoya en cifras: la Moana original superó los 643 millones de dólares en taquilla mundial, su secuela de 2024 rebasó los mil millones y el filme de 2016 es el más visto en la historia de Disney+, con más de 1.500 millones de horas de reproducción. Sin embargo, la crítica anglosajona ha recibido la nueva versión con escepticismo: algunos la califican de “copia al carbón” y señalan que la ausencia de riesgo creativo convierte la experiencia en un mero ejercicio de nostalgia. En América Latina, donde la cinta aterriza en plenas vacaciones de invierno, la prensa especializada la define como “innecesaria” pero reconoce el atractivo visual y el carisma de Johnson como principales argumentos para la taquilla.
Más allá del debate sobre su pertinencia, el proyecto ha puesto el foco en la representación cultural. Johnson, de ascendencia samoana, ha declarado que su interpretación está dedicada a su abuelo, el High Chief Peter Maivia, un luchador profesional cuyos tatuajes, porte y melena inspiraron el diseño original de Maui. “Él está enterrado aquí, en Hawái, y perdió la vida aquí”, dijo el actor durante la premiere en el Hollywood Bowl, tras una danza polinesia que abrió la velada. Ese gesto íntimo —un nieto honrando a su ancestro a través de un personaje de ficción— convive con la frialdad de un producto diseñado para repetir una fórmula de éxito. Mientras la taquilla dictamine si el público está dispuesto a pagar dos veces por la misma historia, la imagen que perdura es la de un semidiós de plástico y peluca que, pese a todo, encuentra un instante de verdad en el peso de la memoria familiar.
| Prensa latinoamericana | −0.30 | critical |
|---|---|---|
| Prensa del Golfo árabe | +0.70 | aligned |
| Prensa europea continental | −0.70 | critical |
Las comunidades polinesias y sus aliados reclaman representación pero advierten contra la explotación comercial.
Apela a la autenticidad cultural para legitimar la crítica, oponiendo el orgullo identitario a la lógica del mercado.
Omite el ángulo positivo de la celebración familiar del estreno y la narrativa personal de la estrella.
La familia Johnson celebra el éxito y la unidad familiar, ignorando las controversias.
Personaliza la narrativa en torno a Dwayne Johnson, convirtiendo la película en un evento familiar para neutralizar las críticas.
Omite por completo el debate crítico sobre los remakes y los problemas de representación.
Los críticos de cine europeos denuncian la falta de originalidad y la mercantilización de la nostalgia.
Utiliza la ironía y la comparación con el original para menospreciar el remake, aprovechando el prestigio cultural de la animación.
Omite el ángulo de la representación y la conexión ancestral personal de Dwayne Johnson.
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