
Líbano despliega su ejército en la primera 'zona piloto' del sur tras la retirada parcial israelí
La operación, acordada bajo mediación de Washington, busca que las fuerzas libanesas asuman el control y desarmen a Hezbolá en tres localidades, aunque el grupo chií rechaza el plan.
El ejército libanés inició este martes el despliegue en la localidad meridional de Zawtar al-Gharbiyeh, en la región de Nabatiyeh, después de que las tropas israelíes se replegaran de sus inmediaciones. Se trata de la primera activación del mecanismo de “zonas piloto” patrocinado por Estados Unidos, que prevé la retirada gradual de las fuerzas israelíes del sur del Líbano y la asunción de la seguridad por parte de las Fuerzas Armadas Libanesas, con el mandato expreso de confiscar el armamento de Hezbolá. El alcalde de la localidad, Abed Ezzeldine, advirtió que la devastación es tal que el pueblo “es inhabitable” y expresó su inquietud por la presencia de soldados israelíes en la vecina Zawtar al-Sharqiyeh, apenas a cinco minutos a pie. El mando militar libanés pidió a la población que no regrese hasta que se estabilice la situación y se complete el barrido de artefactos explosivos.
Desde la óptica de Washington, la puesta en marcha de las zonas piloto —que incluyen también las aldeas de Froun y Srifa, donde el ejército libanés ya tenía presencia— representa “una oportunidad para que el Estado libanés comience a reafirmar un control real en áreas históricamente dominadas por Hezbolá”, según un alto funcionario estadounidense. El Departamento de Estado subrayó que cualquier intento del grupo chií de infiltrarse o rearmarse en esas áreas perjudicaría las perspectivas de reconstrucción y paz. Por su parte, el ejército israelí confirmó que “ajustará su postura de fuerzas en una de las zonas piloto” y calificó la operación como “una prueba de la soberanía de las Fuerzas Armadas Libanesas” en tanto única autoridad autorizada a portar armas. Hezbolá, sin embargo, rechaza el acuerdo marco firmado en junio y se niega a ser desarmado, lo que introduce un factor de incertidumbre sobre la viabilidad del proceso.
El despliegue se enmarca en el acuerdo marco alcanzado el mes pasado entre Israel y el Líbano con mediación estadounidense, cuyo objetivo es poner fin al estado de guerra y lograr la retirada israelí de una franja de unos diez kilómetros de profundidad que mantiene ocupada. El conflicto actual se reavivó a principios de marzo, cuando Hezbolá lanzó cohetes contra Israel en solidaridad con Irán, dos días después de que Estados Unidos e Israel iniciaran ataques contra territorio iraní. Desde entonces, según el Ministerio de Salud libanés, la ofensiva israelí ha dejado 4.328 muertos y 12.230 heridos. Decenas de aldeas han sido arrasadas y la infraestructura civil —hospitales, centrales eléctricas, estaciones de bombeo— ha quedado destruida, manteniendo a decenas de miles de desplazados sin posibilidad de retorno.
La visita del presidente libanés, Joseph Aoun, a Washington y su reunión con Donald Trump este mismo martes coinciden con este primer ensayo sobre el terreno. Fuentes estadounidenses confían en que las zonas piloto generen confianza entre las partes y creen el impulso necesario para ampliar el proceso, aunque reconocen que una aceleración real de la retirada y un posible avance hacia un acuerdo de paz duradero difícilmente se concretarán antes de las elecciones israelíes de octubre. Mientras tanto, la verificación de que el ejército libanés ha despejado efectivamente las áreas sigue siendo objeto de negociación entre Israel, el Líbano y Estados Unidos, y el ejército libanés mantiene su llamamiento a la población civil para que no acceda a las zonas hasta nuevo aviso.
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Estados Unidos media un marco que prioriza el desarme de Hezbolá como condición para la retirada israelí, presentando las zonas piloto como un éxito de la cooperación trilateral.
Al vincular repetidamente las zonas piloto con el desarme de Hezbolá, la narrativa crea una jerarquía de amenazas donde la milicia es el principal obstáculo para la paz.
El ejército libanés recupera la soberanía sobre las aldeas del sur, con Washington confirmando la entrega, mientras que la cuestión de las armas de Hezbolá queda sin abordar.
Al omitir cualquier referencia al desarme de Hezbolá, el encuadre presenta el acuerdo como una transferencia directa de control, evitando temas controvertidos.
Los materiales omiten la condición del desarme de Hezbolá que es central en el acuerdo marco según lo informado por otros bloques.
Israel cumple con sus obligaciones en el acuerdo mediado por Estados Unidos al entregar tres aldeas, ajustando sus fuerzas para permitir el despliegue libanés.
La narrativa se centra en el cumplimiento de Israel y el resultado directo de las conversaciones diplomáticas, presentando la entrega como un proceso voluntario y ordenado.
Los materiales omiten el requisito del desarme de Hezbolá, que es parte del mismo marco.
El acuerdo entre Israel y Líbano se somete a su primera prueba práctica, con el ejército libanés asumiendo la seguridad y el desarme de Hezbolá como componente clave.
Al enmarcar el evento como una 'prueba', la narrativa introduce un optimismo condicional, donde el éxito se mide por la implementación futura.
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