
El fallido plan del Mossad para reclutar a Ahmadinejad y derrocar al régimen iraní
La inteligencia israelí intentó convertir al expresidente iraní en un activo para un cambio de régimen, pero la operación fracasó y Ahmadinejad se encuentra bajo arresto domiciliario.
El servicio de inteligencia exterior de Israel, el Mossad, desarrolló durante años una operación encubierta para reclutar al expresidente iraní Mahmoud Ahmadinejad como activo político y situarlo al frente de un nuevo gobierno en Teherán tras un eventual derrocamiento del régimen de los ayatolás. Según funcionarios estadounidenses e iraníes citados por la prensa internacional, el plan incluía encuentros secretos en Budapest bajo la cobertura de una conferencia académica, financiación israelí de viajes y alojamiento, y un intento de extracción del exmandatario durante los bombardeos que iniciaron la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero de 2026. La operación, denominada «Gato con Botas» según el diario israelí Haaretz, contemplaba además el armamento y entrenamiento de milicias kurdas para una ofensiva terrestre en el oeste de Irán, pero colapsó antes de que se disparara un solo tiro.
Desde la perspectiva de fuentes de inteligencia occidentales, el acercamiento a Ahmadinejad respondía a una lectura estratégica de su evolución política. Tras abandonar la presidencia en 2013, el antiguo líder de línea dura —conocido por negar el Holocausto, acelerar el programa nuclear y pedir la destrucción de Israel— se convirtió en un crítico abierto de la corrupción del sistema y de la represión de los Guardianes de la Revolución. Analistas en Oriente Medio señalan que el Mossad interpretó ese distanciamiento como una oportunidad para fracturar la élite iraní. El rector de la Universidad de Servicio Público Ludovika de Budapest, Gergely Deli, confirmó que en 2024 recibió instrucciones de altos funcionarios húngaros para organizar una conferencia sobre cambio climático que sirviera de tapadera a las reuniones entre Ahmadinejad y agentes israelíes, incluido el entonces jefe del Mossad, David Barnea. Deli declaró que aceptó pese al riesgo reputacional porque creyó que facilitar el diálogo entre enemigos podía salvar vidas.
La fase culminante de la operación se activó el 28 de febrero de 2026, cuando un ataque aéreo israelí impactó el complejo residencial de Ahmadinejad en Teherán, destruyendo el edificio de sus guardaespaldas y su vehículo blindado. De acuerdo con cuatro altos funcionarios iraníes, un Peugeot negro conducido por agentes del Mossad lo recogió en medio del caos y lo trasladó a una casa de seguridad secreta dentro de Irán. Sin embargo, el expresidente se mostró contrariado por la forma apresurada del rescate y comenzó a dudar de la viabilidad del plan israelí para devolverlo al poder. Abandonó el refugio en circunstancias no aclaradas y no reapareció en público hasta la procesión fúnebre del líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, asesinado en los mismos bombardeos. Desde entonces, según las mismas fuentes iraníes, Ahmadinejad permanece bajo arresto domiciliario custodiado por el servicio de inteligencia de la Guardia Revolucionaria, que habría reconstruido gran parte de sus contactos con Israel.
La oficina de Ahmadinejad emitió un comunicado en el que califica las informaciones de «totalmente falsas» y «escenarios hollywoodenses», y acusa a los medios de publicar noticias inventadas a cambio de dinero. Niega asimismo la existencia de un arresto domiciliario y sostiene que el exmandatario continúa con sus actividades cotidianas. Desde Jerusalén, el gobierno israelí no ha realizado comentarios oficiales sobre la operación, aunque fuentes diplomáticas en Europa del Este confirman que el Mossad notificó a la CIA en 2024 sobre los contactos con Ahmadinejad. Para analistas latinoamericanos, el episodio evoca la compleja relación entre servicios de inteligencia y figuras políticas repudiadas, y recuerda que Ahmadinejad mantuvo durante su mandato una estrecha vinculación con gobiernos de la región, como los de Venezuela y Bolivia, lo que añade una dimensión transatlántica al seguimiento del caso.
El fracaso del plan israelí deja al descubierto tanto la profundidad de la penetración del Mossad en territorio iraní como los límites de una estrategia de cambio de régimen basada en antiguos adversarios. Mientras Teherán procesa la información obtenida de la investigación interna, el expediente sobre la colaboración de Ahmadinejad con Israel permanece abierto y su situación jurídica y política es incierta. La comunidad internacional observa el desenlace de un capítulo que, según fuentes de inteligencia europeas, podría redefinir las lealtades dentro de la élite iraní en plena guerra.
| Prensa israelí | +0.20 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa árabe Levante-Magreb | −0.20 | neutral |
| Prensa rusa y CEI | −0.10 | neutral |
Israel claims the scale of the Mossad operation, presenting the attempt to recruit Ahmadinejad as a bold move to destabilize the Iranian regime.
The narrative emphasizes meticulous planning and agent bravery, turning a failure into a display of capability.
It omits the context of violations of Iranian sovereignty and possible diplomatic consequences for Israel.
The Arab world questions the Israeli version, wondering whether the recruitment attempt is real or propaganda.
The choice to phrase the headline as a question insinuates skepticism without outright denying the facts.
It omits the detailed Israeli perspective, focusing only on the NYT version and Iranian sources.
Russia reports the news with detached irony, highlighting the failure of both Israel and Iran.
The use of quotation marks and a neutral tone with hints of sarcasm allows belittling both sides.
It omits any analysis of implications for regional stability, reducing the affair to an anecdote.
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