
Irán lanza ataques en varios países contra bases de EE UU y escala la crisis del estrecho de Ormuz
La Guardia Revolucionaria iraní reivindica una operación de represalia en Jordania, Bahréin, Kuwait y Omán, mientras Washington insiste en que el tráfico marítimo continúa y el precio del petróleo sube.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) ejecutó durante la madrugada del lunes una operación de represalia en múltiples fases contra instalaciones militares estadounidenses en Jordania, Bahréin, Kuwait y Omán. Según los comunicados oficiales difundidos por la agencia Sepah, los ataques con misiles y drones destruyeron depósitos de combustible y munición en la base aérea Prince Hassan, en Jordania; centros de mantenimiento de helicópteros, un hangar con un avión de patrulla P-8 y el centro de mando de drones en la base de Sheikh Isa, en Bahréin; así como tanques de combustible, sistemas de defensa Patriot y radares estratégicos en las bases kuwaitíes de Ali Al‑Salem y Ahmad Al‑Jaber. En fases posteriores, el IRGC afirmó haber alcanzado lanzadores HIMARS en Kuwait y radares de vigilancia aérea y marítima en Omán. Las fuerzas armadas de Jordania confirmaron la interceptación de cuatro misiles iraníes en su espacio aéreo sin que se registraran víctimas, mientras que el Ejército de Kuwait informó que sus defensas aéreas respondían a “objetivos aéreos hostiles” y el Ministerio del Interior bareiní activó las sirenas de alerta.
La ofensiva iraní se presenta como respuesta directa a una nueva oleada de bombardeos estadounidenses lanzados el domingo contra posiciones costeras iraníes, que a su vez, según Teherán, fueron la reacción de Washington a la interceptación por parte de la Armada del IRGC de dos buques que navegaban sin autorización por el estrecho de Ormuz. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) declaró haber completado “una nueva ola de ataques ofensivos” con municiones de precisión contra decenas de objetivos militares iraníes, incluidos sistemas de defensa aérea, radares costeros, capacidades de misiles y drones, así como embarcaciones pequeñas, empleando por primera vez drones marinos de ataque unidireccional. Desde la óptica de Washington, la operación busca degradar la capacidad de Irán de amenazar la navegación internacional en el estrecho, mientras que el IRGC sostiene que “la única forma de reabrir el estrecho de Ormuz es poner fin a las intervenciones militares agresivas de Estados Unidos” y advierte que la continuación de estas podría desencadenar “incidentes mayores en el sector mundial del petróleo y el gas”.
La escalada pone en entredicho el memorando de entendimiento provisional alcanzado el mes pasado entre ambas partes para reabrir la vía marítima y encauzar un cese de hostilidades tras la guerra iniciada a finales de febrero. Analistas en Oriente Medio observan que el lenguaje empleado por el presidente estadounidense, Donald Trump —quien afirmó que “les estamos dando una paliza” y dio por roto el alto el fuego—, y la respuesta del negociador iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, que sentenció que “la era de los acuerdos unilaterales ha terminado”, reflejan un cierre de la ventana diplomática. En las capitales del Golfo, la preocupación se centra en el impacto sobre la seguridad regional y los mercados energéticos: el precio del barril de Brent subió un 4,3 % hasta los 79,31 dólares, y aunque se mantiene por debajo de los picos del inicio de la guerra, la volatilidad reaviva los temores inflacionarios en un año electoral en Estados Unidos.
El trasfondo inmediato es el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz, por donde transitaba una quinta parte del petróleo mundial antes del conflicto. La recién creada Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico iraní comunicó que el paso no era posible debido a los “movimientos ilegales recientes de las fuerzas militares estadounidenses” y que los permisos de navegación se emitirían cuando se restableciera la calma. Por su parte, el Centro Conjunto de Información Marítima, liderado por la Armada estadounidense, insistió en que una ruta sur ampliada cerca de Omán seguía disponible y que “Irán no controla el estrecho”. La revocación por parte de Washington de una licencia que eximía de sanciones la venta de petróleo iraní, sumada a la promesa del IRGC de que las operaciones de represalia continuarán, configura un escenario de alta tensión sin un mecanismo de distensión inmediato a la vista.
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Irán reclama los ataques como defensa legítima contra la agresión estadounidense.
El informe presenta las afirmaciones iraníes como hechos establecidos, sin citar fuentes independientes ni verificación.
Omite mencionar los ataques estadounidenses contra sistemas iraníes y el contexto del enfrentamiento en el Estrecho de Ormuz.
Irán golpea bases estadounidenses, Kuwait responde: el informe se limita a los hechos.
El informe se basa en fuentes oficiales iraníes y kuwaitíes, equilibrando declaraciones sin verificación independiente.
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Irán ataca bases estadounidenses, EE.UU. había golpeado primero: el informe presenta a ambas partes en un ciclo de escalada.
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Irán celebra el éxito de la operación de represalia, describiendo la destrucción de objetivos estadounidenses como una victoria.
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Omite cualquier mención de los ataques estadounidenses contra Irán, la respuesta kuwaití y la verificación independiente.
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