
Filas, cortes y estaciones cerradas: un viernes ordinario en tres continentes
En Yakarta, los puestos móviles de renovación de licencias; en Bogotá y Lima, cortes de luz programados; en Buenos Aires, el subte con una estación clausurada: la jornada del 24 de julio en tres capitales.
En el estacionamiento del Mall Grand Cakung, al este de Yakarta, la cola comienza a formarse antes de las ocho de la mañana. Varios ciudadanos revisan el fajo de papeles: fotocopia de la cédula, la licencia de conducir original aún vigente, el certificado médico y el test psicológico. Es viernes 24 de julio de 2026 y, como cada jornada, la Dirección de Tránsito de la Policía Metropolitana despliega sus unidades móviles de renovación del SIM —el permiso de conducir indonesio— en cinco puntos de la capital. Solo se admiten prórrogas de las categorías A y C, para motocicletas y automóviles particulares, a un costo de 80.000 y 75.000 rupias respectivamente. El servicio, que también opera en centros comerciales de Bogor, Bekasi y Bandung, refleja una coreografía meticulosa: horarios acotados —de 8:00 a 14:00—, cupos limitados y la exigencia de que el documento no haya caducado. Quien llega con el plástico vencido debe reiniciar el trámite completo en una oficina fija.
Ese mismo viernes, a pocos kilómetros, otra rutina administrativa se despliega en catorce localizaciones del área metropolitana conocida como Jadetabek. Los puestos itinerantes del Samsat —Sistema Administrativo de Manunggal— permiten pagar el impuesto anual de vehículos motorizados en estacionamientos de supermercados, oficinas de distrito y hasta junto a una pizzería en Bekasi. La operación exige la presencia del KTP original, la tarjeta de propiedad y el comprobante de registro, todos fotocopiados. El servicio, que solo cubre el impuesto anual y no el trámite quinquenal de reemplazo de placas, reduce los desplazamientos hacia las sedes permanentes. Observadores locales vinculan esta descentralización con la necesidad de aliviar la congestión y acercar la administración al ciudadano, una tendencia que se replica en otras capitales del Sudeste Asiático.
A más de diecinueve mil kilómetros de distancia, en Bogotá, la madrugada del 24 de julio trae consigo otra pausa programada. Enel Colombia ejecuta trabajos de mantenimiento en las redes de suministro eléctrico y suspende el servicio en barrios como Las Acacias, Engativá El Dorado, Alquería La Fragua Norte y otros siete sectores. Los cortes, que se extienden entre cuatro y nueve horas, obligan a los vecinos a desconectar equipos sensibles y reorganizar la jornada doméstica. En Lima y Callao, la empresa Pluz anuncia interrupciones similares: de 8:00 a 18:00 en avenidas del Callao, de 9:30 a 15:30 en el Cercado, y en urbanizaciones de Carabayllo, Santa Rosa y Ancón. Para los residentes, estos apagones constituyen un ritual de resiliencia urbana: el costo de una infraestructura que se moderniza sin detener por completo el pulso de la ciudad.
Mientras en el hemisferio sur es invierno, en Buenos Aires las líneas de subte funcionan con la regularidad de un reloj antiguo. La estación Tribunales de la Línea D permanece cerrada por obras de renovación integral, un aviso que los pasajeros ya han incorporado a su mapa mental. El resto de la red —las líneas A, B, C, E, H y el Premetro— circula sin demoras, y las tarifas escalonadas premian a los viajeros frecuentes con descuentos de hasta el 40 %. El sistema acepta pagos sin contacto, desde la tarjeta SUBE hasta billeteras virtuales, en un intento por agilizar el flujo de casi un millón de usuarios diarios. Las vallas metálicas de Tribunales, bajo la luz de las pantallas informativas, son el emblema de un viernes común en que tres continentes comparten, sin saberlo, la coreografía de sus propias intermitencias.
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La policía metropolitana instala mostradores itinerantes para acercar los servicios de renovación a los ciudadanos.
Proporciona detalles precisos sobre horarios, ubicaciones y requisitos, generando confianza a través de la transparencia y la información amplia.
La empresa eléctrica programa trabajos de mantenimiento para garantizar un servicio fiable.
Enumera zonas y horarios precisos, legitimando el corte como necesario para el bien colectivo y previniendo futuras interrupciones.
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