
En el Despacho Oval, un libro infantil se convierte en espejo presidencial
Donald Trump hojeó “Presidents Play!” junto a Usha Vance y, entre anécdotas sobre el peso de Taft y la belleza de Kennedy, reveló que solo lee historias sobre sí mismo.
Sentado frente a la chimenea dorada del Despacho Oval, con una pila de libros a su lado, Donald Trump sostenía el volumen infantil Presidents Play! como quien examina un álbum familiar ajeno. La segunda dama, Usha Vance, había dispuesto el encuentro para su podcast Storytime with the Second Lady, un espacio concebido para fomentar la lectura entre los más pequeños. Sin embargo, apenas pasó la primera página, el presidente abandonó el texto y empezó a desplegar un monólogo salpicado de confesiones, chistes y ajustes de cuentas históricos. “Termino leyendo sobre todo periódicos. Suelo leer historias sobre mí mismo”, respondió cuando Vance le preguntó si aún encontraba tiempo para leer por placer.
El episodio, grabado a mediados de junio y difundido el viernes, se transformó de inmediato en un artefacto cultural que analistas en Washington describen como una ventana involuntaria a la psique presidencial. Mientras pasaba las hojas, Trump fue desgranando comentarios sobre casi todos sus predecesores: Lyndon B. Johnson era “un hueso duro de roer”, Ronald Reagan “una persona de alta calidad” y John F. Kennedy “el segundo presidente más guapo”, sin aclarar quién ocupaba el primer puesto. Al llegar a la ilustración de William Howard Taft —el mandatario más pesado de la historia estadounidense—, bromeó sobre su propio físico: “Tengo que tener cuidado porque no quiero superar su récord… y eso sería posible si yo lo permitiera”. Acto seguido, miró a cámara y aconsejó a los niños: “Manténganse en forma”.
Desde la óptica de observadores europeos, la intervención de Trump en un podcast infantil ilustra la porosidad contemporánea entre la comunicación política y el entretenimiento doméstico. La serie de Vance había recibido a figuras como la piloto Danica Patrick o los astronautas de la misión Artemis II, siempre con el ritual de leer un cuento en voz alta. Pero la sesión con el presidente desbordó el formato: Trump no solo comentó las aficiones deportivas de Barack Obama —“no creo que sea buen jugador de baloncesto” y “no estará en el Masters pronto”—, sino que también confesó no haberse puesto un traje de baño “en mucho tiempo” y admitió que jamás usaría el putting green de la Casa Blanca porque prefiere que lo vean trabajando.
En América Latina, donde la figura de Trump genera reacciones intensas, el episodio fue recibido con una mezcla de perplejidad y fascinación. Comentaristas en Ciudad de México señalaron que la naturalidad con la que el presidente mezcló elogios a Bill Clinton —“me gusta mucho, todavía”— con pullas a Richard Nixon —“se metió en problemas, supongo”— revela una relación con la historia menos institucional que afectiva, casi de vestuario. La propia Usha Vance, esposa del vicepresidente JD Vance, mantuvo una sonrisa cómplice mientras el invitado divagaba, y solo al final recuperó el tono pedagógico al preguntarle qué mensaje quería dejar a los niños por el Día de la Independencia.
Trump respondió que el país estaba “en una pequeña cornisa” y que lo harían “más grande que nunca”. Pero la imagen que perduró no fue esa promesa, sino la ocurrencia que lanzó al ver una página sobre el Super Bowl: “Quizás debería invitar a Barack Hussein Obama, a Joe Biden, con los Bush… a ver un partido de fútbol americano juntos”. Vance, divertida, exclamó: “¡Una reunión de presidentes! ¡Sería divertido!”. Por un instante, el Despacho Oval se convirtió en el escenario de una ficción improbable donde los adversarios comparten palomitas, y el libro infantil quedó abierto sobre una página que nadie terminó de leer.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Trump participó en el pódcast infantil de la segunda dama, pero en lugar de leer el libro, bromeó sobre sí mismo y los expresidentes, convirtiendo el evento en un monólogo típico de Trump. El episodio se informó con un tono divertido, destacando su costumbre de leer solo historias sobre sí mismo.
Trump utilizó un pódcast dedicado a la alfabetización infantil para hablar de sí mismo, admitiendo que no lee por placer y prefiere las historias sobre sí mismo. La prensa atlántica destacó la ironía de que un presidente invitado a promover la lectura mostrara en cambio su egocentrismo.
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