
El fortalecimiento global del dólar tensiona la desinflación en América Latina y reaviva la cautela en Europa
La apreciación del dólar y la caída de las monedas emergentes ponen a prueba la arquitectura cambiaria argentina, mientras Brasil y la eurozona enfrentan presiones inflacionarias persistentes y riesgos climáticos.
El dólar estadounidense registró un repunte del 3% en su índice DXY durante junio, un movimiento que desencadenó una depreciación generalizada de las monedas emergentes y reconfiguró las expectativas de inflación en varias economías. En la Argentina, el tipo de cambio acumuló un alza del 6,5% en los últimos treinta días —la suba mensual más pronunciada desde la corrida preelectoral del año pasado— y puso a prueba un proceso de desinflación que apenas comenzaba a consolidarse tras dos meses de desaceleración en el índice de precios. Analistas en Buenos Aires observan que, si bien la cotización aún opera un 20% por debajo del techo de la banda cambiaria, la velocidad del ajuste genera interrogantes sobre el traslado a precios en el corto plazo.
La intervención oficial se ha desplazado del mercado spot a instrumentos de deuda. El Banco Central de la República Argentina redujo su exposición en contratos de dólar futuro y canalizó su capacidad de acción mediante ventas de bonos dollar-linked, con el objetivo de suavizar la pendiente del tipo de cambio sin detener la corrección nominal. A este esquema se sumó un factor técnico de microestructura: la fijación del precio del bono dual TZV26, prevista para el cierre de la semana, incentivó a operadores institucionales a empujar las cotizaciones al alza antes del corte, lo que exacerbó la volatilidad. En paralelo, la liquidación de divisas del complejo agroexportador comenzó a ceder y las compras diarias del banco central cayeron de un promedio de 140 millones de dólares en el bimestre abril-mayo a menos de 80 millones en junio, una contracción que refleja el fin del pico estacional de la cosecha.
En Brasil, la inflación medida por el IPCA-15 se desaceleró al 0,41% en la primera mitad de junio, por debajo de las proyecciones del mercado, aunque la variación interanual se aceleró al 4,8%. Desde São Paulo se señala que el alivio provino de la baja en los combustibles y de una moderación en alimentos, pero el encarecimiento de la energía eléctrica y la perspectiva de un fenómeno de El Niño que presione los precios de alimentos y energía mantienen la cautela. El Banco Central brasileño proyecta una inflación del 5,2% para 2026, con descensos graduales hasta el 3,2% a comienzos de 2028, y los mercados descuentan nuevos recortes de la tasa Selic como respuesta al elevado endeudamiento de las familias. Del otro lado del Atlántico, la inflación en Italia subió al 3,2% en mayo impulsada por energía y servicios, mientras que la percepción de inflación en la eurozona se mantuvo en el 4% —el nivel más alto desde julio de 2024— y las expectativas a doce meses cedieron a 3,5%. En Fráncfort, el Banco Central Europeo elevó las tasas en junio y adoptó un enfoque dependiente de los datos, sin descartar nuevos incrementos si la convergencia hacia la meta del 2% se demora.
El próximo hito para la Argentina será la reacción del mercado tras la liquidación del TZV26 y la evolución de las compras de divisas del banco central en las semanas siguientes, que pondrán a prueba la capacidad oficial para administrar la corrección cambiaria sin reavivar las expectativas de inflación. En Brasil, la atención se concentra en la decisión de política monetaria y en la evolución de los precios de los alimentos durante el invierno austral. Para la eurozona, la referencia inmediata son las próximas reuniones del Consejo de Gobierno del BCE, donde se evaluará si el choque inflacionario actual, de menor magnitud que el episodio anterior, permite una pausa en el ajuste o exige nuevas subidas de tipos.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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