
El adiós de Uruguay: autocrítica feroz de Bielsa y un vestuario quebrado
La derrota 1-0 ante España sepultó una campaña sin victorias, marcada por las fallas de Muslera, la renuncia simbólica de Bielsa y profundas divisiones internas.
El silbatazo final en Guadalajara no solo sentenció la eliminación de Uruguay del Mundial 2026: expuso la fractura de un proyecto que naufragó entre errores propios, un técnico aislado y una convivencia insostenible. La caída por la mínima frente a España, con un tanto de Baena a los 41 minutos tras una salida en falso del veterano Fernando Muslera, dejó a la Celeste con dos puntos en tres partidos —empates ante Arabia Saudita y Cabo Verde— y fuera en fase de grupos por segunda Copa consecutiva.
El guardameta, que ya había fallado en los encuentros anteriores, pidió el cambio en el entretiempo. «Fue una decisión de él», aclaró Marcelo Bielsa. Muslera, récord de presencias mundialistas con Uruguay, asumió la responsabilidad entre lágrimas: «Nunca sufrí tanto por este deporte. Pedí disculpas a mis compañeros y a todo el pueblo uruguayo, aunque eso no sea suficiente». Con tres errores que derivaron en goles rivales, se convirtió en el primer arquero desde 1966 en cometer semejante marca en un solo torneo.
Bielsa, que en la previa había anunciado su salida tras el certamen, fue demoledor consigo mismo: «Lo que le di al fútbol uruguayo es nada. El cuarto puesto en eliminatorias no vale, el tercer puesto en la Copa América no vale, y esta actuación no hace falta ni definirla». Abandonó el estadio cabizbajo, sin apenas cruzar palabras con los jugadores, y ofreció una conferencia de prensa en la que pidió ser señalado como único responsable. Esa confesión de impotencia contrastó con el clima irrespirable que, según trascendió, llevaba meses gestándose en la concentración.
Desde Montevideo, la prensa local dictó sentencia con dureza: «Un baño de realidad» tituló El Observador, mientras El País calificó a Uruguay como «la decepción de Sudamérica». En Buenos Aires, exfiguras como Diego Lugano acusaron a Bielsa de haber «contaminado el ambiente» y Diego Forlán cuestionó la sustitución de Federico Valverde en el segundo tiempo. Analistas europeos señalaron que la negativa del entrenador a aceptar el regreso de Luis Suárez para una última participación profundizó una división latente: la selección viajó a México con un plantel partido y sin la veteranía que en otros ciclos había sido garantía de temple competitivo.
El epílogo fue tan desangelado como la campaña: la Asociación Uruguaya de Fútbol canceló el vuelo chárter de vuelta, y los jugadores regresaron a Montevideo en vuelos comerciales. Uruguay se marcha del Mundial sin victorias, con la peor cosecha de puntos en una fase de grupos desde México 1986 y la certidumbre de que la reconstrucción, cuando arranque, lo hará sobre los escombros de un legado que el propio Bielsa definió como inexistente.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Latin American media portrayed Uruguay's elimination as Bielsa's personal failure, describing a toxic environment and fierce criticism from former players. The coach was accused of contaminating the dressing room and being more focused on his million-dollar contract than on the team. Goalkeeper Muslera's error was just the last straw in a situation already full of tensions.
Continental European media highlighted the punishment imposed by the Uruguayan federation, which canceled the players' private return flight after the disappointing World Cup. The tone is between ironic and scandalized, emphasizing the drastic reaction to poor performance. The disciplinary aspect is highlighted more than the game dynamics.
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