
El 250 aniversario de EE.UU. expone la pugna por el relato histórico y la baja afluencia a la feria oficial
La Feria Estatal en el National Mall registra escasa asistencia mientras la administración Trump y sus críticos disputan el significado de la fundación nacional.
La conmemoración de los 250 años de la Declaración de Independencia de Estados Unidos se ha convertido en un escenario de tensiones políticas y culturales, con la Great American State Fair —el evento insignia organizado por la iniciativa gubernamental Freedom250 en el National Mall de Washington— como epicentro de la controversia. Imágenes y videos difundidos en redes sociales muestran amplios espacios vacíos y actuaciones musicales con más integrantes en el escenario que espectadores, lo que ha generado una ola de críticas sobre la baja asistencia. Según la representante demócrata Sean Casten, la afluencia es inferior a la habitual en esa zona de la capital. Los organizadores, sin embargo, afirman que más de 150.000 personas visitaron la feria en sus primeros tres días, y el presidente Donald Trump la describió como “llena de gente feliz”. Reporteros de medios afines a la administración sostienen que las fotografías no reflejan la totalidad de los asistentes.
Desde la óptica de la Casa Blanca y el Partido Republicano, la efeméride se enmarca en una narrativa de renacimiento económico y grandeza nacional. En artículos de opinión difundidos por canales conservadores, legisladores republicanos atribuyen la creación de empleo y el alivio fiscal a las políticas de la actual administración, y presentan la energía abundante como pilar histórico del progreso estadounidense. Asimismo, voceros del gobierno subrayan el vínculo “de alianza” con Israel como un pacto fundacional, no meramente estratégico. La feria, concebida como una celebración de los logros en ciencia, tecnología y libertad, incluye pabellones de agencias federales y de estados que promocionan sus industrias, aunque la programación de conferencias está dominada por funcionarios del ejecutivo y figuras afines al movimiento MAGA, lo que, según observadores en Washington, le imprime un carácter partidista a un evento originalmente diseñado para ser bipartidista.
En contraste, desde la oposición demócrata y sectores de la sociedad civil se denuncia un intento de reescribir la historia oficial. La polémica se extiende a Filadelfia, donde la administración Trump ha ordenado retirar una exposición en el President’s House —la primera residencia presidencial— que desde 2010 ponía el foco en los nueve esclavos que George Washington llevó consigo a la ciudad. La medida, amparada en una orden ejecutiva que prohíbe el uso de fondos federales para muestras que promuevan “ideologías divisivas centradas en la raza”, ha sido calificada por activistas locales como un acto de censura histórica. Analistas europeos, particularmente desde medios suizos y alemanes, interpretan este forcejeo como un “Kulturkampf” que revela la profundidad de las fracturas en la sociedad estadounidense, mientras que en América Latina, columnistas brasileños recuperan las contradicciones del propio Thomas Jefferson, quien condenó la esclavitud en un pasaje suprimido de la Declaración pero fue propietario de personas esclavizadas.
El debate sobre la asistencia a la feria y la disputa por el relato fundacional coinciden con un momento de reflexión más amplia sobre la salud del sistema político. Desde Israel, un análisis publicado en un diario de Tel Aviv advierte que los padres fundadores diseñaron un complejo sistema de frenos y contrapesos precisamente para evitar la concentración de poder en un líder carismático, y que la actual subordinación del Congreso al Ejecutivo representa una desviación de aquel diseño. La feria continuará hasta la fecha central del 4 de julio, y se espera que la asistencia y la cobertura mediática sigan siendo objeto de mediciones contrapuestas, mientras el comité bipartidista America250, marginado por la iniciativa presidencial, mantiene un perfil bajo. La conmemoración, lejos de unificar, está funcionando como un espejo de las divisiones que atraviesan al país en su 250º aniversario.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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En el 250 aniversario, el vínculo entre Estados Unidos e Israel se celebra como un pacto sagrado arraigado en valores bíblicos compartidos, no como un mero contrato transaccional. Esta alianza duradera se presenta como una misión divina que es anterior a los propios Estados Unidos, reforzando una narrativa de excepcionalismo y liderazgo moral.
El 250 aniversario de Estados Unidos se ve ensombrecido por una guerra cultural sobre la memoria histórica, ya que la administración Trump intenta retirar una exposición que destaca el pasado esclavista de George Washington. Este choque expone profundas fracturas en la narrativa nacional, con activistas de derechos civiles y funcionarios locales denunciando lo que consideran un intento de blanquear los pecados fundacionales del país.
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