
Doha talks focus on Hormuz tolls and frozen assets as US warns Iran against undermining nuclear deal
Indirect negotiations in Qatar produced a week-long calm and an understanding on a first tranche of $3 billion for humanitarian goods, while Washington insists lifting sanctions would far outweigh any transit fees.
Las conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán, reanudadas el miércoles en Doha con mediación de Catar y Pakistán, se centraron en la exigencia de Teherán de imponer peajes a los buques en el estrecho de Ormuz y en el desbloqueo de activos iraníes congelados. Según fuentes estadounidenses citadas por la prensa internacional, los enviados de la Casa Blanca, Steve Witkoff y Jared Kushner, transmitieron a la delegación iraní que la insistencia en las tasas de tránsito podría hacer colapsar las posibilidades de un acuerdo nuclear amplio, subrayando que los ingresos por la venta libre de petróleo tras un eventual levantamiento de sanciones serían muy superiores a cualquier recaudación por peajes.
Desde la óptica de Washington, el mensaje fue que Teherán debe “pensar en grande” y priorizar los beneficios de un pacto que incluya la no interferencia regional y el desarme nuclear. La parte iraní, encabezada por el viceministro de Exteriores Kazem Gharibabadi, centró sus demandas en la implementación de cinco cláusulas del memorando de entendimiento firmado en Islamabad —entre ellas la liberación de activos— antes de abordar otros expedientes. Los mediadores cataríes y paquistaníes mantuvieron reuniones por separado con ambas delegaciones, sin que se produjeran encuentros directos, y al término de la jornada el portavoz de la cancillería catarí, Majed al Ansari, informó de “avances positivos” en las cuestiones vinculadas al memorando.
En el plano de los activos, se alcanzó un principio de entendimiento sobre un primer tramo de 3.000 millones de dólares de fondos iraníes bloqueados en Catar. No obstante, según las filtraciones, ese monto no se entregará en efectivo, sino que se destinará a la compra de bienes básicos —parte de ellos de origen estadounidense—, un esquema que recuerda a mecanismos humanitarios ya utilizados en el pasado. La administración estadounidense negó oficialmente que se hubiera concretado acuerdo alguno sobre liberación de fondos, mientras que desde Teherán se insistió en que la cuestión de los activos es prioritaria para avanzar en las negociaciones.
Paralelamente, las partes acordaron mantener la calma en el estrecho de Ormuz durante la próxima semana, tras varios intercambios de fuego que elevaron la tensión en la vía marítima. Los países ribereños del Golfo, según fuentes regionales, ya estudian fórmulas para la gestión del estrecho una vez expire el actual memorando, cuya vigencia es de sesenta días prorrogables. El contexto general de estas conversaciones es el alto el fuego acordado en todos los frentes tras el ataque estadounidense-israelí contra Irán del 28 de febrero, y la hoja de ruta incluye también la reapertura de Ormuz, el levantamiento del bloqueo a puertos iraníes y negociaciones para un acuerdo definitivo.
El vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, calificó las reuniones técnicas de “buen comienzo”, mientras el presidente Donald Trump se refirió a “encuentros muy buenos” y a un avance en el desarme nuclear iraní. Los mediadores anunciaron que la próxima ronda de contactos se fijará tan pronto como concluyan las exequias del antiguo guía supremo iraní, un compás de espera que mantiene el proceso en una fase preliminar pero con canales de comunicación abiertos.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Los medios iraníes informan que Teherán y Washington han llegado a un entendimiento sobre el primer tramo de activos congelados, al tiempo que subrayan que los enviados estadounidenses advirtieron que la demanda iraní de tarifas de tránsito en el Estrecho de Ormuz podría hacer descarrilar todo el acuerdo. La narrativa destaca el interés de Irán en obtener alivio económico y presenta a Estados Unidos tratando de disuadir a Teherán prometiendo mayores beneficios de un acuerdo nuclear. El tono es cautelosamente optimista sobre la liberación de activos pero escéptico sobre las intenciones estadounidenses.
La parte estadounidense enmarca las conversaciones de Doha como un esfuerzo por convencer a Irán de que las ganancias económicas de un acuerdo nuclear integral, incluida la venta libre de petróleo, superan con creces cualquier ingreso por tarifas de tránsito en el Estrecho de Ormuz. Los funcionarios estadounidenses envían un mensaje claro: insistir en las tarifas destruiría las posibilidades de un acuerdo. La narrativa enfatiza el pragmatismo de elegir beneficios a largo plazo sobre ganancias a corto plazo.
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