
Condena regional a la incursión israelí en el sur de Siria y al bombardeo de Abidin
Damasco y capitales árabes denuncian la violación de la soberanía siria, mientras Israel justifica sus operativos como medidas de seguridad en la zona desmilitarizada.
Una incursión de fuerzas israelíes en la localidad de Abidin, en la gobernación de Daraa, desencadenó el domingo un enfrentamiento con residentes que bloquearon el paso con piedras, seguido de fuego de artillería israelí que obligó al desplazamiento nocturno de la población hacia aldeas vecinas, según fuentes oficiales sirias y testigos locales. El Ministerio de Asuntos Exteriores sirio condenó “en los términos más enérgicos” las incursiones en Quneitra y Daraa y el bombardeo, calificándolos de violación flagrante de la soberanía y la integridad territorial. De forma paralela, el ejército israelí informó de la “eliminación de varios hombres armados” en la zona de seguridad del sur de Siria durante el fin de semana, sin precisar ubicación ni número, y un portavoz militar israelí, bajo condición de anonimato, afirmó que dos milicianos que planeaban atacar a las tropas israelíes fueron abatidos.
Desde las capitales árabes, las cancillerías de Arabia Saudita, Catar, Jordania, Emiratos Árabes Unidos y Turquía emitieron comunicados de condena en los que coincidieron en señalar que las acciones israelíes constituyen una violación del derecho internacional y del Acuerdo de Separación de Fuerzas de 1974. Riad rechazó “totalmente” las prácticas israelíes y urgió a respetar dicho acuerdo; Doha advirtió que la continuación de estos ataques agrava las tensiones y socava la estabilidad; Ammán los tachó de escalada peligrosa y provocadora; Abu Dabi subrayó que las incursiones continuadas son una violación flagrante del derecho internacional; y Ankara denunció enérgicamente los ataques contra la integridad territorial siria. Todas las capitales reafirmaron su apoyo a la soberanía de Siria y llamaron a la comunidad internacional a asumir sus responsabilidades.
Los hechos de Abidin se inscriben en una secuencia de incursiones israelíes que, según fuentes locales y oficiales sirios, se han vuelto casi diarias desde la caída del régimen de Bashar al-Assad en diciembre de 2024. En ese momento, Israel declaró el colapso del acuerdo de 1974 y ocupó la zona desmilitarizada patrullada por la ONU en el lado sirio de la frontera. Desde entonces, según registros de la gobernación de Quneitra y de la defensa civil siria, las tropas israelíes han establecido puestos de control, allanado viviendas, detenido a civiles y demolido tierras agrícolas. El ministro de Defensa israelí, Yisrael Katz, declaró la semana pasada que Israel permanecerá en la zona de seguridad del sur de Siria “por un período indefinido”, en consonancia con la estrategia de zonas de amortiguación aplicada también en Gaza y el sur del Líbano. Para los residentes de la cuenca del Yarmuk, la tentativa de instalar tiendas de campaña en Abidin fue interpretada como un intento de establecer un punto militar permanente, lo que desató la resistencia popular.
El expediente se encuentra en un punto de estancamiento diplomático. Damasco ha solicitado a Naciones Unidas y a la comunidad internacional que tomen medidas para poner fin a las violaciones y garantizar el respeto del acuerdo de 1974, mientras que las capitales árabes insisten en la necesidad de una acción internacional inmediata. Sin embargo, no se han anunciado medidas concretas más allá de las condenas, y sobre el terreno las incursiones continúan sin que se vislumbre una retirada israelí. La situación en la zona sigue siendo volátil, con nuevos desplazamientos de población y la expectativa de que las operaciones israelíes se mantengan en el corto plazo.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Damasco y Ankara condenan enérgicamente las incursiones israelíes en Quneitra y Daraa, calificándolas de violación flagrante de la soberanía siria y del acuerdo de separación de 1974. Exigen una acción internacional urgente para detener la agresión, que aterroriza a los civiles y pone en peligro la estabilidad regional.
Teherán y sus aliados denuncian las incursiones como una agresión sionista que viola el derecho internacional y humanitario, exigiendo que la comunidad mundial obligue al régimen ocupante a retirarse. El avance se presenta como parte de un plan desestabilizador más amplio que socava la resistencia y la soberanía sirias.
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