
Cuando la moda se convierte en relato: del libro de cuentos de Chanel a los lazos paternos
En la Semana de la Alta Costura de París y más allá, diseñadores y creadores árabes y europeos transforman la memoria íntima y los objetos cotidianos en narrativas de lujo que desafían la ostentación.
La primera modelo apareció en la pasarela del Grand Palais con un pequeño libro en la mano. No era un accesorio escenográfico, sino un ejemplar real de Les Fées: Contes des Contes, el volumen de Charles Perrault que perteneció a la biblioteca privada de Gabrielle Chanel. El gesto, casi imperceptible entre las enredaderas gigantes y las flores monumentales que invadían el salón, condensaba la propuesta con la que Matthieu Blazy inauguraba su segunda colección de alta costura para la maison: tratar la ropa no como fantasía infantil, sino como la ficción particular que cada mujer construye a su alrededor.
Bautizada Gaby and the Beanstalk —Gaby y las habichuelas mágicas—, la colección exploró esa simbiosis entre lo íntimo y lo visible. En los forros de los abrigos aparecían pinturas y listas de tareas bordadas en seda transparente; los bordes de muchas piezas se dejaron deliberadamente deshilachados, en un guiño a la costumbre de Coco Chanel de clavar alfileres en sus propias prendas durante las pruebas. El cierre, un vestido negro emplumado que algunos asistentes rebautizaron como “el vestido de la venganza” en eco al icónico mini vestido de Lady Di, subrayó la idea de que la alta costura puede funcionar como un diario de memorias y experiencias cotidianas. Desde París, observadores señalan que Blazy ha desplazado el lujo del logotipo a la carga emocional de los objetos, una operación que resuena con un público que busca autenticidad.
Esa misma pulsión narrativa se manifestó en otras latitudes durante la misma semana. En Beirut, la coordinadora de bodas Saria Younes transformó una fiesta de compromiso en un relato visual con 8.000 granadas y 9.500 manzanas naturales, pintadas a mano una a una y protegidas con una capa que preservaba su textura. La elección no era decorativa: en la cultura de Medio Oriente, estas frutas simbolizan el amor, la abundancia y los nuevos comienzos. Younes explicó que el objetivo no era deslumbrar con el decorado, sino “dejar una huella emocional que permanezca en la memoria”. Mientras, en la pasarela de Ashi Studio, el diseñador saudí Mohammed Ashi presentó una colección de alta costura en la que cada silueta parecía un personaje independiente: corsés que evocaban armaduras antiguas, hilos metálicos que caían desde la cintura y una fusión de ecos victorianos con sugerencias militares reinterpretadas en clave contemporánea. La actriz Tiana Taylor, sentada en primera fila con un diseño de la casa, se convirtió en la imagen viral de una propuesta que, según críticos de la región, entiende la moda como “una escultura, un teatro y una experiencia artística completa”.
Lejos de los reflectores parisinos, la diseñadora saudí Nusseibeh Hafez lleva años practicando una forma de narrativa textil que nació del duelo. A la muerte de su padre, conservó sus corbatas y las transformó en vestidos y faldas para sus hermanas. Aquel gesto, que ella describe como “una relación afectiva con la memoria”, se convirtió en el eje de una marca que hoy convierte manteles en kimonos, retales en chaquetas y corbatas en piezas centrales de sus colecciones. Hafez no ve el patrimonio como algo fijo, sino como “un elemento vivo que evoluciona”, y defiende que la sostenibilidad no riñe con la creatividad: “las limitaciones suelen conducir a soluciones más innovadoras”. Su trabajo con iniciativas comunitarias y asociaciones de mujeres refuerza, desde la óptica de analistas en España y América Latina, una tendencia que entiende la moda como herramienta de impacto social.
En el patio de butacas del Grand Palais, la presencia de Charlotte Casiraghi en vaqueros y camisa de algodón —una estudiada naturalidad— y la repercusión inmediata de las imágenes de la fiesta de las granadas en redes sociales confirman que el público actual no solo consume prendas, sino las historias que estas encierran. La imagen perdurable quizá no sea un vestido, sino ese libro de cuentos que una modelo sostenía al caminar, recordando que toda prenda, incluso la más suntuosa, puede ser la cubierta de una historia íntima que solo quien la lleva conoce.
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El couturier saudí y la maison francesa reescriben historias personales a través del arte y la memoria.
Se establece un paralelismo entre la tradición artesanal saudí y el legado de Chanel, unificando ambos bajo el signo de la alta costura como expresión cultural.
El bloque pasa por alto las historias personales e íntimas relacionadas con la moda, como el recuerdo de un padre o las celebraciones familiares, centrándose en cambio en el aspecto espectacular y artístico de los desfiles.
Las historias personales y las tradiciones culturales dan nueva vida a la moda, transformando objetos cotidianos en símbolos de afecto e identidad.
Se enfatiza el vínculo emocional entre los objetos y las personas, haciendo que la moda sea accesible y significativa a través de narrativas íntimas.
El bloque omite el contexto de los grandes desfiles de alta costura y su significado artístico, centrándose exclusivamente en iniciativas personales y locales.
La moda de Chanel se convierte en un cuento de hadas moderno, donde cada prenda cuenta una historia personal y universal.
El libro de cuentos de hadas se utiliza como objeto simbólico para conectar la colección con la tradición literaria y la esfera íntima, elevando la moda a una forma de arte narrativo.
El bloque ignora otras narrativas personales y culturales presentes en otros bloques, centrándose únicamente en la interpretación de Chanel de los cuentos de hadas.
La maison Chanel se nutre de su propio patrimonio cultural y la literatura para crear una colección que habla de sueños y realidad.
Se enfatiza el vínculo directo con la fundadora a través de un objeto personal, autenticando la colección como una continuación de su visión.
El bloque pasa por alto las historias de otros diseñadores y las narrativas personales vinculadas a objetos cotidianos, centrándose exclusivamente en la narrativa de Chanel.
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