
Crisis eléctrica en el Mediterráneo y el Cáucaso: apagones en Túnez, Georgia, Abjasia y Líbano
Millones de personas sufren cortes de luz por insolvencia de empresas públicas, fallos en infraestructuras y olas de calor, mientras las autoridades buscan soluciones de emergencia.
Apagones masivos y cortes programados de electricidad afectan a millones de personas en Túnez, Georgia, Abjasia y Líbano. Las interrupciones coinciden con crisis financieras en las empresas estatales, olas de calor extremo y fallos en infraestructuras críticas de transmisión.
En Túnez, la empresa estatal STEG aplica desde mediados de julio cortes rotativos en más de 60 delegaciones y 26 zonas de la capital, según anuncios oficiales. La demanda superó los 5.000 megavatios en horas punta, un 30% más que lo habitual debido a la canícula, mientras la deuda de la compañía asciende a 7.300 millones de dinares. El presidente Kais Saied denunció, sin presentar pruebas, “intentos de hacer sufrir al pueblo” por parte de actores no identificados. La producción eléctrica tunecina depende en más del 90% del gas natural, en parte importado, y las energías renovables apenas cubren el 6%. Una interconexión con Italia está en proyecto, pero aún no operativa. Mientras, Argelia y Marruecos han reforzado sus capacidades: Argelia añadió 1.850 megavatios adicionales y Marruecos importa entre 800 y 1.000 megavatios desde España.
En el Cáucaso, un apagón generalizado dejó sin suministro a toda Georgia y Abjasia alrededor de la medianoche del jueves, según reportes de medios locales. Las causas son contradictorias: fuentes georgianas apuntan a una avería en la línea de alta tensión que conecta con Turquía, mientras el Ministerio de Energía abjasio y otras informaciones señalan un fallo sistémico en la central hidroeléctrica de Inguri, cuyas instalaciones se reparten entre ambos territorios. El consumo se desplomó de 1.860 a 563 megavatios-hora. Horas después, el suministro comenzó a restablecerse de forma gradual en varios distritos de Tiflis, aunque persisten problemas con las comunicaciones móviles.
En Líbano, el ministro de Energía, Joe Sadi, advirtió que el mantenimiento del suministro actual —de siete a nueve horas diarias— depende de que el Estado transfiera 50 millones de dólares mensuales a la empresa pública Electricité du Liban. La deuda estatal con la compañía asciende a unos 330 millones de dólares, agravada por el alza del precio del fuel durante el conflicto de marzo. El Gobierno rechazó un aumento de tarifas por la crisis social, por lo que el ministro condicionó la continuidad del servicio al pago inmediato y afirmó que “tomará las medidas que considere oportunas” si no recibe los fondos. Las autoridades de los países afectados investigan las causas de los fallos y aplican medidas de emergencia, mientras la población enfrenta temperaturas récord y servicios básicos interrumpidos.
| Prensa rusa y CEI | −0.20 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa árabe Levante-Magreb | −0.50 | critical |
| Prensa europea continental | 0.00 | neutral |
Moscú proyecta la inestabilidad energética de Georgia como consecuencia de su dependencia de infraestructuras externas, enfatizando la separación de Abjasia.
La narrativa se basa en una causalidad técnica aparentemente neutral, pero la elección de resaltar la línea turca y la separación abjasia proyecta una imagen de fragilidad georgiana.
Se omite el contexto de la deuda y la crisis financiera que afecta a otros países, así como el papel del calor extremo.
Túnez, a través de su presidente, acusa a fuerzas oscuras de sabotaje por los cortes, transformando una crisis técnico-financiera en una conspiración contra el pueblo.
El presidente personifica al Estado y culpa a enemigos internos, desviando la atención de la responsabilidad de la STEG y la gestión de la crisis.
Se omite el contexto del apagón en Georgia y Abjasia, que muestra un problema similar en otras regiones, debilitando la tesis de la conspiración dirigida.
Europa observa el apagón en Georgia como un incidente técnico, sin atribuciones políticas ni culpas, tratándolo como un evento universal.
La narrativa se limita a los hechos desnudos, evitando cualquier interpretación política o contexto más amplio, normalizando el evento como una falla técnica.
Se omiten las acusaciones políticas del presidente tunecino y el contexto de la deuda, que podrían haber politizado la noticia.
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