
Contaminantes persistentes alcanzan las profundidades oceánicas y el torrente sanguíneo humano
Estudios en Brasil y Estados Unidos detectan microplásticos y compuestos químicos en fauna abisal, en la orina de miles de embarazadas y en tejidos cerebrales, revelando una exposición global sin barreras geográficas.
Un conjunto de investigaciones recientes ha ampliado la evidencia sobre la ubicuidad de los contaminantes sintéticos: ya no solo flotan en la superficie del Pacífico, sino que se depositan en los sedimentos del Atlántico profundo y circulan por el organismo humano. En la Bacia de Santos, a 140 kilómetros de la costa brasileña, un equipo del Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo halló microplásticos y bifenilas policloradas (PCBs) en peces e invertebrados capturados entre 400 y 1.500 metros de profundidad. Simultáneamente, un análisis de más de 5.000 muestras de orina de mujeres que dieron a luz entre 2000 y 2021, liderado por universidades de Carolina del Norte y Stanford, identificó hasta 64 sustancias químicas distintas por persona, entre ellas ftalatos y nuevos plastificantes asociados a partos prematuros y bajo peso neonatal.
La conexión entre ambos hallazgos la traza la ruta de los materiales. Los microplásticos detectados en pepinos de mar y peces linterna de la zona abisal brasileña incluyen poliamida y poliacrilonitrila de origen textil, además de poliestireno y polisulfeto posiblemente liberado por plataformas offshore. Los investigadores paulistas subrayan que incluso los desechos generados en la costa terminan alcanzando el mar profundo, donde organismos detritívoros los ingieren. De forma paralela, los compuestos hallados en las gestantes estadounidenses provienen de alimentos, agua, cosméticos y artículos domésticos, lo que dificulta evitar la exposición. Un toxicólogo de la Universidad de Nuevo México documentó en febrero de 2025 un incremento del 50 % en la concentración de microplásticos en el córtex frontal humano en apenas ocho años, mientras que un estudio previo en el New England Journal of Medicine vinculó esas partículas en placas carotídeas con un riesgo cardiovascular más de cuatro veces superior.
Desde São Paulo, el primer autor del estudio oceánico, Gabriel Stefanelli-Silva, advierte que el mayor desafío es determinar el origen atmosférico o marino de los compuestos y su impacto en la fauna de profundidad. En Estados Unidos, los autores del análisis de embarazadas instan a gobiernos y empresas a sustituir las sustancias nocivas en productos cotidianos, reconociendo que muchas alternativas consideradas seguras también resultan dañinas. La mancha de residuos del Pacífico, conocida como el “Sétimo Continente”, abarca ya 1,6 millones de kilómetros cuadrados y contiene 1,8 billones de fragmentos, según The Ocean Cleanup, pero el problema se ha interiorizado: especialistas en economía circular en Brasil afirman que ese continente “está en nuestras placas ateroscleróticas y en nuestras placentas”.
En este contexto de amenaza ambiental difusa, la cobertura sanitaria universal emerge como un amortiguador social. En Indonesia, el programa Jaminan Kesehatan Nasional (JKN) gestionado por la BPJS Kesehatan permitió a una mujer de 28 años con un embarazo de alto riesgo acceder sin costo a ecografías transvaginales, legrado y colocación de dispositivo intrauterino tras una pérdida gestacional, un caso que ilustra cómo los sistemas de protección financiera mitigan el impacto de eventos de salud complejos, incluidos aquellos que la contaminación ambiental podría estar agravando. La próxima frontera científica será cuantificar la contribución de estos tóxicos a la carga global de enfermedad y acelerar las negociaciones internacionales para un tratado vinculante sobre plásticos, cuya fase final está prevista para 2025.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La contaminación ha llegado a las profundidades oceánicas y al cuerpo humano. Investigadores brasileños hallaron microplásticos y contaminantes persistentes en sedimentos y animales a 1.500 metros de profundidad. Estudios internacionales detectan microplásticos en sangre, placenta y cerebro, señalando una contaminación global sin precedentes.
Un estudio estadounidense revela que las mujeres embarazadas están expuestas a diario a decenas de sustancias químicas nocivas, vinculadas con partos prematuros y bajo peso al nacer. El análisis de muestras de orina de más de 5.000 mujeres pone de relieve la amenaza generalizada de las toxinas ambientales para la salud materna y fetal.
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