
Cárcel para un chef con estrellas Michelin en Seúl por usar hormigas como aderezo
La fiscalía surcoreana solicita un año de prisión y una multa de 20 millones de wones por servir un sorbete con hormigas, insecto no autorizado para el consumo humano en el país.
Un tribunal de Seúl tiene previsto dictar sentencia el 2 de septiembre contra el propietario de un restaurante con dos estrellas Michelin, acusado de violar la Ley de Saneamiento Alimentario de Corea del Sur. La fiscalía solicita una pena de un año de prisión y una multa de 20 millones de wones (aproximadamente 13.500 dólares) para el chef, y una sanción económica equivalente para la sociedad que explota el local. La investigación se inició después de que inspectores del Ministerio de Seguridad Alimentaria y Farmacéutica detectaran en reseñas en línea fotografías de platos espolvoreados con hormigas secas, un ingrediente que no figura entre las diez especies de insectos permitidas para la alimentación humana, entre las que se cuentan saltamontes, langostas y grillos.
Según la acusación, el restaurante importó de Estados Unidos y Tailandia unas 49.000 hormigas entre 2021 y 2025, y sirvió el postre con el insecto en más de 12.200 ocasiones, generando ingresos por unos 120 millones de wones. Los análisis de laboratorio citados por la fiscalía indican que las hormigas contenían concentraciones de metales pesados hasta 55 veces superiores a las de los insectos comestibles autorizados. El propietario admitió el uso de las hormigas, pero su defensa argumentó que solo se ofrecían como aderezo opcional en un sorbete dentro de un menú degustación de quince platos, y que alrededor del 60 % de los comensales las elegía frente a alternativas como flores comestibles o vinagre fermentado. La defensa también sostuvo que el chef, conocido por su participación en el programa de Netflix «Culinary Class Wars», había empleado hormigas para aportar acidez durante su etapa profesional en Estados Unidos y Europa, y que desconocía la prohibición en Corea del Sur.
Desde la óptica de las autoridades sanitarias surcoreanas, el caso subraya la rigidez de un marco normativo que exige una evaluación previa de toxicidad, valor nutricional y condiciones de cría higiénica antes de autorizar cualquier insecto como alimento. En contraste, analistas gastronómicos en Europa y Oceanía señalan que el uso de hormigas en la alta cocina es una práctica consolidada en países como Dinamarca, el Reino Unido y Australia, y que en Tailandia y Camboya los huevos de hormiga tejedora forman parte de la cocina tradicional. Expertos en seguridad alimentaria en América Latina recuerdan que en Colombia las hormigas culonas son consideradas un manjar, lo que evidencia que la aceptación de los insectos comestibles depende tanto de la cultura como de la regulación local.
El tribunal no ha revelado la identidad del acusado ni el nombre del restaurante, aunque la guía Michelin contabiliza diez establecimientos con dos estrellas en la capital surcoreana. La sentencia prevista para principios de septiembre definirá si la innovación culinaria del chef constituye un delito penado con cárcel o si los argumentos sobre el consentimiento informado de los clientes y el desconocimiento de la norma atenúan la responsabilidad penal. El caso ha puesto el foco en la delgada línea entre la creatividad gastronómica y el cumplimiento de las leyes de seguridad alimentaria en un país donde el consumo de insectos está estrictamente regulado.
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El poder judicial surcoreano aplica estrictamente las leyes de seguridad alimentaria, y el restaurador debe responder por importar y servir insectos no autorizados.
Al enfatizar la cantidad de hormigas importadas y convertir la multa a una moneda local, el informe hace que la infracción sea concreta y comprensible.
El informe omite la defensa del chef de que las hormigas eran solo una pequeña parte del menú, presente en la cobertura del bloque africano.
La ley surcoreana es clara: solo se permiten diez especies de insectos, y las hormigas no están entre ellas. El restaurador admitió el uso pero minimizó su alcance.
Al citar la defensa del chef, el informe equilibra la acusación con la perspectiva del acusado, ofreciendo una imagen más matizada.
El informe omite la cantidad específica de 49.000 hormigas importadas, presente en la cobertura del bloque del Golfo.
El chef quería añadir un toque de acidez con hormigas, pero la ley no lo permite. Ahora se arriesga a ir a la cárcel por una elección culinaria poco convencional.
Usando un tono ligeramente irónico ('no debería haberlo hecho'), el informe sugiere un juicio implícito sin ser abiertamente crítico, enmarcando el acto como un error ingenuo.
El informe omite tanto la cantidad de hormigas como la defensa del chef de que eran una pequeña parte del menú, centrándose únicamente en la violación normativa.
Los fiscales surcoreanos solicitan una sentencia ejemplar por violación de las normas sanitarias, independientemente del prestigio del restaurante.
Al presentar los hechos de manera seca y sin comentarios, el informe se basa en la autoridad de las fuentes oficiales y evita cualquier adorno narrativo.
El informe omite la defensa del chef y la cantidad de hormigas, presentando solo la acusación y la solicitud legal.
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