
Canadá y Australia firman un acuerdo récord para desplegar un radar de vigilancia en el Ártico
El contrato, valorado en 2.500 millones de dólares canadienses, representa la mayor exportación de defensa australiana y refuerza la cooperación estratégica entre ambos países.
El anuncio en Canberra del acuerdo entre Canadá y Australia para la adquisición de un sistema de radar transhorizonte —valorado en 2.500 millones de dólares canadienses (unos 1.750 millones de dólares estadounidenses)— marca un hito en la cooperación bilateral en materia de defensa. La tecnología, desarrollada por BAE Systems Australia a partir de la red JORN que vigila las aproximaciones septentrionales australianas, permitirá a Ottawa detectar amenazas aéreas y marítimas en el Ártico a distancias de hasta 3.000 kilómetros. Los trabajos comenzarán el 1 de julio de 2026 y se prevé que el sistema entre en funcionamiento inicial en diciembre de 2029, con plena operatividad proyectada para 2043. El contrato, el mayor de exportación de defensa en la historia de Australia, generará unos 300 empleos técnicos en ese país y cerca de 2.300 puestos de trabajo anuales en Canadá durante los próximos cinco años.
Desde Canberra, el ministro de Defensa, Richard Marles, subrayó que la operación añade una “dimensión estratégica muy significativa” a una relación tradicionalmente amistosa, y que la tecnología —considerada “exquisita” y de propiedad intelectual sensible— solo se compartiría con los aliados más estrechos. El gobierno australiano enmarca el acuerdo como el primer paso de una colaboración más amplia en el desarrollo futuro del radar, y no descarta ventas adicionales a otros socios como Estados Unidos. Por su parte, el secretario de Estado canadiense para Adquisiciones de Defensa, Stephen Fuhr, destacó que el proyecto se inscribe en un esfuerzo mayor por construir una red integrada de vigilancia y comunicaciones en el Ártico, y que la asociación con Australia refleja la búsqueda de alternativas ante un entorno estratégico cambiante.
La decisión de Ottawa de optar por el sistema australiano, en lugar de tecnologías estadounidenses comparables, es interpretada por analistas en Norteamérica como un gesto de diversificación de sus proveedores de defensa, en un contexto de creciente impaciencia de Washington por las demoras canadienses en otros programas como la compra de cazas F-35. El radar se desplegará en el sur de Ontario, con dos sitios de transmisión y dos de recepción cerca de Barrie y Kawartha Lakes, una ubicación que ha suscitado controversia y peticiones de propietarios locales, aunque el Ministerio de Defensa canadiense sostiene que los emplazamientos son inamovibles tras evaluar cientos de opciones. La nueva capacidad es considerada un elemento central del programa de modernización del NORAD, anunciado en 2022 con un costo estimado de 38.600 millones de dólares canadienses a lo largo de 20 años.
En el plano geopolítico, el sistema de radar responde a la percepción, articulada por Ottawa y la OTAN, de un incremento de las amenazas rusas y chinas en la región ártica. La nueva Estrategia Ártica canadiense, publicada a finales de 2025, menciona explícitamente esos riesgos, y el gobierno de Mark Carney ha comprometido más de 6.000 millones de dólares canadienses para el proyecto total, que incluye una segunda fase con un radar polar en el archipiélago ártico. La firma del acuerdo se produce en un momento en que Canadá refuerza su presencia militar en el Norte, con inversiones adicionales de 25.000 millones de dólares para modernizar bases en Yellowknife, Inuvik e Iqaluit. El inicio de la fase de ejecución el 1 de julio marca el primer paso concreto de una cooperación que, según fuentes gubernamentales, podría extenderse a otros ámbitos como los drones de combate colaborativo Ghost Bat, que Canadá ya evalúa.
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Australia ha cerrado su mayor acuerdo de exportación de defensa hasta la fecha, vendiendo a Canadá un sistema de radar de horizonte lejano por 2.500 millones de dólares. El pacto refuerza la vigilancia del Ártico canadiense y marca un hito para la industria de defensa australiana, allanando el camino para una colaboración más profunda entre ambos aliados.
Canadá compra un radar de horizonte lejano a Australia para reforzar su control sobre el Ártico, en medio de la creciente militarización de la región. El acuerdo de 2.500 millones de dólares se observa con cautela, ya que introduce nueva infraestructura militar extranjera en una zona de importancia estratégica para Rusia.
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