
Argentina, la excepción inflacionaria en un mundo sacudido por la energía
El FMI resalta la baja de precios en el país pese al shock global, mientras advierte que la tregua en Medio Oriente no disipa los riesgos para el crecimiento.
En un contexto global marcado por el encarecimiento de la energía a raíz del conflicto en Medio Oriente, Argentina emerge como una de las pocas economías que logró reducir su inflación, según el último informe del Fondo Monetario Internacional. Mientras que en Estados Unidos, Francia e Italia los precios se aceleraron más de 1,5 puntos porcentuales, el índice argentino retrocedió cerca de 0,7 puntos desde febrero, una evolución a contramano que el organismo atribuye, en parte, a la decisión de las petroleras locales —con YPF a la cabeza— de no trasladar de forma abrupta el alza internacional de los combustibles al mercado interno. Este desempeño contrasta también con el de España, Canadá, Turquía y Sudáfrica, donde se registraron incrementos significativos, mientras que Alemania, Brasil e India mostraron alzas moderadas y China y Japón mantuvieron niveles prácticamente estables.
Desde Washington, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ofreció un panorama más amplio: la economía mundial ha resistido el impacto de la guerra mejor de lo previsto, sin señales inminentes de una desaceleración global. En un blog publicado esta semana, Georgieva destacó que los precios de las materias primas, la inflación y las condiciones financieras se han visto afectados, pero no al punto de frenar el crecimiento, impulsado por el dinamismo de Estados Unidos y China, así como por inversiones tecnológicas resilientes. La reciente noticia de un acuerdo entre Washington y Teherán para poner fin a las hostilidades y reabrir el estratégico estrecho de Ormuz fue recibida con alivio, aunque la directora subrayó que cualquier intensificación del conflicto o disrupción en el suministro energético sigue representando un “riesgo claro para el crecimiento global”.
Desde la óptica latinoamericana, el caso argentino resulta llamativo pero no exento de fragilidades. Analistas en Buenos Aires advierten que la contención de los precios de los combustibles, si bien alivió la presión inflacionaria, podría generar distorsiones si se prolonga artificialmente. El FMI, en sus escenarios de abril, ya proyectaba un crecimiento mundial adverso de apenas 2,5% para 2026 en caso de una escalada del conflicto, con una inflación general más elevada. La persistencia de la guerra —incluso tras los anuncios de tregua— mantiene latentes esos pronósticos, y el organismo internacional insiste en la necesidad de sostener la disciplina fiscal y políticas monetarias estrictas para anclar expectativas.
En Europa, la preocupación se centra en el efecto de segunda ronda que el alza energética pueda tener sobre los salarios y los servicios, un fenómeno que ya presiona los índices de precios en Francia e Italia. Desde Bruselas, se observa con cautela la evolución del crudo, cuyo abaratamiento tras el alto el fuego podría ser efímero si las tensiones geopolíticas persisten. Mientras tanto, economías como la española, muy dependiente de las importaciones energéticas, figuran entre las más expuestas a la volatilidad.
El FMI publicará una previsión actualizada el 8 de julio, en la que se espera que incorpore los efectos del reciente acuerdo y evalúe la solidez de los amortiguadores que han permitido a la economía global sortear el shock. La experiencia argentina, aunque positiva en el corto plazo, no debe interpretarse como un desacople definitivo: la recomendación de mantener la disciplina fiscal y monetaria es extensiva a todos los países, en un escenario donde la factura de la guerra —como señalan desde São Paulo— la siguen pagando, sobre todo, las economías emergentes importadoras de energía.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El FMI señaló a la Argentina como una de las contadas excepciones globales: mientras la guerra en Medio Oriente disparaba la inflación en Estados Unidos y Europa, el país sudamericano logró reducirla en cerca de 0,7 puntos porcentuales. Las estrategias locales para amortiguar el impacto de los precios energéticos permitieron ir a contramano, con una inflación de mayo en el 2,1 %. Un resultado que convalida las políticas de disciplina fiscal y monetaria.
La directora del FMI celebró el acuerdo para poner fin a la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz, pero advirtió que una intensificación del conflicto o interrupciones del suministro suponen un claro riesgo para el crecimiento mundial. La economía global está resistiendo el impacto por ahora, sin señales de desaceleración, aunque los precios de las materias primas, la inflación y las condiciones financieras se han visto afectados.
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