
Washington somete a examen su despliegue militar en Europa y exige una OTAN “de línea dura”
El Pentágono anuncia una revisión de seis meses de sus fuerzas en el continente y condiciona su presencia a que los aliados asuman el liderazgo de su propia defensa, en un giro que sacude los cimientos de la Alianza.
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, lanzó este jueves en Bruselas la advertencia más severa contra sus socios europeos desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Ante los ministros de Defensa de la OTAN, anunció una revisión exhaustiva de la presencia militar estadounidense en Europa que durará hasta seis meses y cuyo resultado dependerá de la rapidez con que los aliados asuman “la responsabilidad principal de la defensa de Europa”. Hegseth calificó de “vergonzoso” que varios países negaran acceso a bases, sobrevuelos y estacionamiento a las fuerzas estadounidenses durante la guerra contra Irán, y sentenció que la era del “oportunismo” y del “parasitismo” en la Alianza ha terminado. La revisión, dijo, será real: “algunos países suspenderán y otros aprobarán con matrícula de honor”.
La intervención de Hegseth se inscribe en una ofensiva más amplia de Washington para reconfigurar el equilibrio de cargas en la OTAN. Desde la cumbre de La Haya del año pasado, la Administración Trump exige a los aliados un gasto en defensa equivalente al 5 % del PIB, una meta que las principales economías europeas aún están lejos de cumplir. El jefe del Pentágono advirtió que las contribuciones futuras de Estados Unidos estarán ligadas al cumplimiento de esos compromisos y que la Alianza debe transformarse en una “OTAN 3.0”: una organización de combate de línea dura, con capacidades militares reales para disuadir amenazas convencionales en el continente. El secretario general, Mark Rutte, reconoció que la OTAN atraviesa “la mayor transformación de su historia” y destacó que los países europeos y Canadá aumentaron su gasto en 139 000 millones de dólares en 2025, aunque admitió que el esfuerzo requerido será “enorme”.
Desde las capitales europeas, la reacción combinó realismo y preocupación. El ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, fue tajante: “Si se decide estar en una alianza militar, se respetan los compromisos o se está fuera”. Su homólogo alemán, Boris Pistorius, alertó sobre el riesgo de que una retirada estadounidense mal coordinada genere “lagunas peligrosas” en la arquitectura de seguridad del continente. En Berlín, París y Roma se interpreta el anuncio como un ultimátum que acelera los debates sobre una defensa europea más autónoma, mientras que en Moscú el diputado Andréi Kolésnik recordó que la OTAN “nunca tuvo buenas relaciones con Rusia” y pronosticó que la transformación debilitará económicamente a los socios europeos al obligarlos a asumir gastos que hasta ahora cubría Washington.
El trasfondo inmediato de la tensión es la guerra en Oriente Medio. La negativa de varios gobiernos europeos a facilitar sus bases para las operaciones contra Irán agrietó la confianza mutua y proporcionó a Hegseth el ejemplo más gráfico de lo que considera una Alianza desequilibrada. Analistas en América Latina siguen el pulso con atención, pues un repliegue estadounidense en Europa podría redefinir las prioridades globales de Washington y abrir espacios para una mayor presencia de China en otras regiones, incluido el Atlántico Sur. Desde Ciudad de México y Buenos Aires se observa que la crisis interna de la OTAN refleja un mundo en transición acelerada hacia un orden multipolar menos previsible.
El proceso de revisión, que incluirá consultas con el Congreso estadounidense —el cual fijó por ley un número mínimo de tropas en Europa—, se desarrollará en paralelo a la preparación de la cumbre de la OTAN prevista para principios de julio en Ankara. Aunque Hegseth evitó hablar explícitamente de una reducción general de efectivos, la dirección del mensaje es inequívoca: Estados Unidos ya no está dispuesto a ser el garante único de la seguridad europea. La incógnita es si el shock será suficiente para cohesionar a unos aliados con culturas estratégicas divergentes o si, por el contrario, acelerará la fragmentación de un bloque que durante siete décadas fue el eje de la estabilidad occidental.
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El secretario de Defensa estadounidense criticó duramente a los miembros europeos de la OTAN por no cumplir con los objetivos de gasto en defensa y anunció una revisión semestral de las fuerzas estadounidenses en Europa. La revisión busca acelerar el traspaso del liderazgo a Europa en la defensa continental, denominado 'OTAN 3.0'. El mensaje es que Washington ya no cargará con el peso principal de la seguridad europea sin un compromiso recíproco.
El secretario de Defensa estadounidense, calificado de 'ministro de guerra', exigió que Europa se haga cargo de su propia defensa y anunció una revisión del despliegue de tropas estadounidenses. El concepto de 'OTAN 3.0' se percibe como un ultimátum que obliga a las naciones europeas a aumentar rápidamente sus capacidades militares. Se teme que esto pueda debilitar la garantía de seguridad estadounidense y crear nuevos riesgos para el continente.
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