
El Banco de Japón sube los tipos al 1%, máximos de tres décadas, para contener la inflación energética
La decisión, adoptada con el gobernador hospitalizado, responde al encarecimiento del petróleo por la guerra en Irán y a la debilidad del yen, y alinea a Tokio con el giro restrictivo de otros bancos centrales.
El Banco de Japón (BoJ) elevó este martes su tipo de interés de referencia a corto plazo del 0,75% al 1%, el nivel más alto desde septiembre de 1995. La medida, ampliamente anticipada por los mercados, fue aprobada por siete votos a favor y uno en contra en un consejo que se celebró sin la presencia del gobernador, Kazuo Ueda, ingresado por una infección en un quiste hepático. El vicegobernador Shinichi Uchida compareció en su lugar y adelantó que la entidad continuará subiendo los tipos si la evolución de la economía y los precios lo exige, en lo que supone el primer encarecimiento del dinero desde diciembre y un nuevo paso en la normalización monetaria iniciada en marzo de 2024 tras diecisiete años sin alzas.
La decisión refleja la profunda transformación del escenario macroeconómico japonés. Durante dos décadas, el país combatió la deflación con tipos cercanos a cero o negativos. Ahora, la guerra en Irán ha disparado los precios del crudo, un insumo del que Japón depende casi por completo, y ha avivado una inflación que, aunque la subyacente se moderó al 1,4% en abril, amenaza con superar de forma persistente la meta oficial del 2%. A ello se suma un yen debilitado que encarece las importaciones. Desde Tokio se subraya que las empresas están trasladando los mayores costes energéticos a sus cadenas de suministro con una rapidez inusual, lo que justifica el endurecimiento incluso después de que Washington y Teherán hayan acordado la estructura básica de un alto el fuego. Uchida calificó ese memorando como “un paso bienvenido”, pero advirtió que los riesgos inflacionistas no se han disipado.
El movimiento del BoJ se inscribe en una oleada global de restricción monetaria. La semana pasada, el Banco Central Europeo subió sus tipos por primera vez en casi tres años, situándolos entre el 2,25% y el 2,65%, y el Banco de Indonesia también endureció su política. La Reserva Federal estadounidense celebra esta misma semana su primera reunión bajo la presidencia de Warsh, en un contexto en el que los inversores latinoamericanos observan con atención el posible impacto sobre los flujos de capital hacia economías emergentes. En paralelo, el BoJ anunció que a partir de abril reducirá el ritmo de compra de bonos soberanos, una señal de que el desmantelamiento de sus estímulos extraordinarios avanza en varios frentes. El índice Nikkei 225 superó por primera vez los 70.000 puntos tras el anuncio, aunque el yen no logró apreciarse frente al dólar, lo que revela la cautela de unos mercados que aún dudan de la capacidad del banco para domar la inflación sin frenar el crecimiento.
Los analistas en Europa consideran que la convergencia de Tokio con la ortodoxia monetaria occidental era inevitable, pero advierten que la credibilidad del BoJ se pondrá a prueba en los próximos meses. La entidad confía en que el abastecimiento de materias primas por vías alternativas ha reducido el riesgo de una desaceleración severa, lo que le da margen para seguir ajustando los tipos. Sin embargo, la incógnita sobre la evolución del conflicto en Oriente Medio y la resistencia del consumo interno mantienen un delicado equilibrio. Desde la óptica de las plazas financieras de São Paulo y Ciudad de México, el fin de la era de dinero ultrabarato en Japón podría reconfigurar los diferenciales de tasas que han sostenido el carry trade global, con consecuencias aún difíciles de calibrar para las monedas latinoamericanas. El BoJ, mientras tanto, se adentra en un territorio que no pisaba desde mediados de los noventa, decidido a demostrar que la tercera economía mundial puede convivir con tipos positivos sin sacrificar una recuperación todavía frágil.
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El banco central japonés subió las tasas al 1 % por primera vez en 31 años, en contra de los deseos de la primera ministra Takaichi y bajo presión estadounidense. La medida busca combatir la inflación provocada por las disrupciones energéticas y el desplome del yen, pero expone fracturas políticas e injerencia externa en la política monetaria de Tokio.
Japón subió las tasas al 1 %, el nivel más alto en 31 años, impulsado por el alza de los precios del petróleo debido a la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán y Líbano. La medida refleja el choque inflacionario mundial por las disrupciones energéticas en Oriente Medio, pese al anuncio de un acuerdo de paz entre Washington y Teherán.
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