
Trump e Irán firman un memorando de 14 puntos para poner fin a la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz
El acuerdo, mediado por Pakistán, establece un cese inmediato de hostilidades, el levantamiento del bloqueo naval y negociaciones sobre el programa nuclear iraní en un plazo de 60 días.
La noche del miércoles 17 de junio, en un gesto que combinó la pompa diplomática del Palacio de Versalles con la frialdad de las firmas electrónicas, los presidentes Donald Trump y Masoud Pezeshkian sellaron el «Memorando de Entendimiento de Islamabad», un documento de 14 puntos que pone fin a casi cuatro meses de guerra en Oriente Medio. El anuncio fue confirmado de inmediato por la Casa Blanca, el Ministerio de Exteriores iraní y el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, cuyo país ejerció de mediador. El texto, que entró en vigor al instante, ordena la reapertura del estrecho de Ormuz —vital para el comercio energético global— y el levantamiento del bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes, despejando así una crisis que disparó los precios del petróleo y amenazó con desestabilizar las cadenas de suministro mundiales.
Desde la óptica de las capitales europeas, la firma en Versalles durante la cena del G7 tuvo un fuerte valor simbólico. Emmanuel Macron aplaudió el momento y lo calificó como «un paso importante hacia una paz duradera», mientras Trump, flanqueado por el secretario de Estado Marco Rubio, admitió ante los periodistas: «No fue fácil». Sin embargo, el presidente estadounidense no tardó en reintroducir la amenaza: advirtió que bombardearía Irán «hasta el infierno» si violaba lo pactado. En Teherán, la televisión estatal difundió imágenes de Pezeshkian sosteniendo el documento firmado, y el portavoz parlamentario Mohammad Baqer Qalibaf celebró lo que llamó «una derrota récord» para Washington, subrayando que Irán había conseguido todo lo que buscaba y más.
El memorando establece un cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano, y compromete a las partes a no iniciar nuevas hostilidades. A cambio del fin de las sanciones y la liberación de activos iraníes congelados, Teherán se obliga a no desarrollar armas nucleares y a diluir su uranio enriquecido en el marco de futuras negociaciones con el Organismo Internacional de Energía Atómica. El texto prevé además un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares para Irán y la retirada de las fuerzas estadounidenses de las zonas adyacentes al territorio iraní en un plazo de 30 días. Analistas en Oriente Medio advierten que el acuerdo deja para la fase definitiva los detalles más espinosos, como el destino del uranio ya enriquecido y el alcance exacto del desmantelamiento de la infraestructura nuclear.
Desde América Latina, la noticia fue recibida con cautelosa esperanza. La reapertura de Ormuz alivia la presión sobre los mercados energéticos internacionales, un factor que incide directamente en las economías importadoras de la región, como México, Brasil o Chile. No obstante, expertos en seguridad energética consultados en Ciudad de México señalan que la volatilidad persistirá mientras no se alcance un tratado definitivo, dado que Trump ha condicionado la paz a avances concretos en las conversaciones nucleares y se ha reservado el derecho a reanudar los ataques si considera que Teherán no coopera.
El camino por delante es estrecho. Ambas partes disponen de un máximo de 60 días, prorrogables de mutuo acuerdo, para negociar un arreglo permanente. La ceremonia oficial prevista para el viernes en Suiza fue cancelada tras la firma digital adelantada, pero se espera que las conversaciones técnicas comiencen de inmediato. Con todo, el memorando devuelve a Washington y Teherán prácticamente al punto de partida anterior a la guerra iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, un conflicto que dejó miles de muertos y una economía global convulsionada. Como resumió el analista sueco Aron Lund, «tenemos un acuerdo para intentar alcanzar un acuerdo», una fórmula que refleja tanto la urgencia de la paz como la fragilidad de un entendimiento que aún debe superar décadas de desconfianza mutua.
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Estados Unidos e Irán firmaron a distancia un memorando para poner fin a la guerra, pero de inmediato intercambiaron amenazas, lo que subraya la fragilidad de la tregua. El acuerdo entró en vigor al instante, aunque la desconfianza mutua y la advertencia de Trump de reanudar los bombardeos ponen en duda su durabilidad.
La firma del acuerdo entre EE.UU. e Irán en Versalles, durante la cena del G7, marca un avance diplomático. El pacto reabre de inmediato el estrecho de Ormuz y pone fin a las hostilidades, con Trump reconociendo la dificultad de las negociaciones. La cobertura europea destaca el aspecto ceremonial y los pasos concretos hacia la paz, presentándolo como un desarrollo positivo logrado con esfuerzo.
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