
Ali Khamenei es sepultado en Mashhad en plena escalada de ataques entre Irán y Estados Unidos
El funeral del exlíder supremo iraní, asesinado en febrero, culminó con una ceremonia multitudinaria en el santuario del Imán Reza, mientras se reanudaban las hostilidades que amenazan un incipiente acuerdo de paz.
El cuerpo del ayatolá Ali Khamenei, exlíder supremo de Irán, fue inhumado la noche del jueves 9 de julio de 2026 en la sala de oración Dar al-Dhikr del santuario del Imán Reza, en la ciudad nororiental de Mashhad. El sepelio puso fin a casi una semana de procesiones fúnebres que, según la televisión estatal iraní, congregaron a más de 40 millones de personas en Teherán, Qom, Nayaf, Karbala y la propia Mashhad. Las oraciones fueron dirigidas por su hijo mayor, el ayatolá Seyed Mostafa Khamenei, y contaron con la presencia de altos cargos como el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el jefe del Poder Judicial, Gholam Hossein Mohseni Ejei. El féretro, escoltado por cazas de combate, recorrió las calles abarrotadas de una ciudad que es, además, cuna del fallecido líder.
Desde la óptica de Teherán, las exequias constituyeron una demostración de cohesión nacional y de respaldo al sistema, en un contexto marcado por consignas de venganza contra Washington y Tel Aviv. Sin embargo, observadores en capitales europeas y medios internacionales destacaron la ausencia del nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, quien no ha aparecido en público desde que resultó herido en el mismo ataque que mató a su padre el 28 de febrero. Para analistas en Bruselas, esta invisibilidad alimenta interrogantes sobre la estabilidad de la sucesión y el control efectivo de las fuerzas de seguridad en un país que en enero vivió protestas masivas duramente reprimidas. En contraste, desde Bagdad se subrayó la dimensión regional del duelo: las multitudinarias ceremonias en los santuarios chiíes de Nayaf y Karbala, solicitadas por eruditos religiosos iraquíes, reflejan la profundidad de los vínculos políticos y confesionales entre ambos países.
El funeral coincidió con una nueva escalada bélica. La Guardia Revolucionaria iraní acusó a Estados Unidos de bombardear dos puentes de la línea férrea Teherán-Mashhad horas antes del sepelio, un acto que, según la institución castrense, buscaba “eclipsar” la ceremonia. Fuentes militares estadounidenses confirmaron ataques contra objetivos en Irán, aunque negaron que se estuvieran produciendo bombardeos en el momento del entierro. En paralelo, Irán reivindicó el lanzamiento de drones y misiles contra instalaciones militares estadounidenses en Kuwait, Baréin y Catar, mientras que Jordania interceptó proyectiles lanzados desde territorio iraní. Este intercambio de golpes pone en riesgo el memorando de entendimiento firmado tres semanas atrás entre Washington y Teherán para poner fin a la guerra iniciada con el asesinato de Khamenei.
El exlíder supremo murió junto a varios familiares en un bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel el primer día de una contienda que se prolongó durante 40 jornadas. Su funeral, demorado más de cuatro meses, se interpreta desde círculos diplomáticos latinoamericanos como un intento del establishment iraní por proyectar fortaleza tras el conflicto y las revueltas internas. La atención se centra ahora en la capacidad del nuevo líder, Mojtaba Khamenei, para consolidar su autoridad sin haber sido visto en público, mientras el jefe del Legislativo, Ghalibaf, actúa como negociador principal con Occidente. Se espera que en los próximos días las partes decidan si retoman el diálogo o si la nueva ola de violencia frustra definitivamente el alto el fuego.
| Prensa iraní y afín | +1.00 | aligned |
|---|---|---|
| Prensa atlántica / anglosfera | 0.00 | neutral |
| Prensa latinoamericana | −0.60 | critical |
| Prensa del Sudeste Asiático | −0.20 | neutral |
Irán celebra a su líder mártir, convirtiendo el funeral en un acto de fe y resistencia.
Sacraliza la figura del líder mediante un lenguaje religioso y la repetición de 'mártir', haciendo de su muerte un evento sagrado e incuestionable.
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Omite el marco religioso y el contexto de los ataques, centrándose solo en la logística y los números.
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