
Washington firma su embajada permanente en Jerusalén mientras negocia en Doha con Irán
La firma del acuerdo para el nuevo complejo diplomático coincide con la reanudación de conversaciones técnicas indirectas entre Estados Unidos e Irán, mediadas por Catar y Pakistán, centradas en la seguridad del estrecho de Ormuz y la desnuclearización.
Estados Unidos suscribió el miércoles el acuerdo para construir su embajada permanente en Jerusalén, un gesto que el Gobierno israelí calificó de reflejo de una “alianza inquebrantable”, mientras en Doha se reanudaban las conversaciones técnicas indirectas con Irán. El embajador Mike Huckabee y el ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, formalizaron la cesión del terreno en el complejo Allenby, al sur de la ciudad. De forma paralela, fuentes diplomáticas en la capital catarí confirmaron que delegaciones de ambos países, con mediación pakistaní para la parte iraní y catarí para la estadounidense, retomaron los contactos exploratorios tras semanas de escalada militar.
Desde la óptica de Washington y Tel Aviv, el nuevo complejo consolida el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, decisión adoptada por el presidente Donald Trump en 2017 y que, según el jefe de la diplomacia israelí, “restableció la verdad histórica”. Huckabee subrayó que la medida trasciende lo simbólico al “plantar la bandera estadounidense en suelo de Jerusalén de forma permanente”. En contraste, la mayoría de los gobiernos de América Latina, España y la Unión Europea mantienen sus legaciones en Tel Aviv, insistiendo en que el estatuto definitivo de la ciudad debe surgir de una negociación entre israelíes y palestinos conforme al derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas. Analistas en Bruselas advierten que la construcción de la sede diplomática en un territorio cuyo estatus sigue siendo disputado introduce un factor adicional de fricción en el ya frágil equilibrio regional.
En el plano de las conversaciones de Doha, fuentes próximas a las delegaciones indican que el objetivo inmediato es alcanzar un entendimiento sobre la libre circulación marítima por el estrecho de Ormuz y consolidar un alto el fuego duradero. Teherán, según dos altos funcionarios iraníes citados por agencias internacionales, busca el reconocimiento de su control sobre el paso estratégico y la capacidad de percibir peajes, así como el desbloqueo de seis mil millones de dólares en activos congelados. Por su parte, la Casa Blanca ha vinculado públicamente el proceso a la desnuclearización: Trump afirmó que “el desarme nuclear de Irán avanza bien” y que las reuniones en Catar “han sido muy buenas”, al tiempo que recordó los recientes bombardeos contra objetivos en Irán y advirtió que un Irán con armas atómicas afectaría la economía global.
El doble movimiento diplomático se produce tras una campaña militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán y en un contexto de tensiones no resueltas sobre el memorando de entendimiento de catorce puntos firmado a finales de mayo, que debía dar paso a sesenta días de negociaciones para un acuerdo de paz permanente. Aunque el portavoz de la cancillería iraní negó inicialmente la existencia de nuevas citas, la reanudación de los contactos técnicos sugiere que ambas partes intentan contener la escalada mientras mantienen posiciones maximalistas en público. La construcción de la embajada en Jerusalén, cuyo calendario no ha sido precisado, y la continuidad de las conversaciones en Doha perfilan un tablero en el que la estabilización del Golfo Pérsico y la redefinición del estatus de la Ciudad Santa avanzan por carriles separados pero interdependientes.
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Estados Unidos firmó un acuerdo para construir un complejo permanente de embajada en el sur de Jerusalén, un paso que Israel califica como muestra de una alianza inquebrantable. Al mismo tiempo, representantes estadounidenses e iraníes reanudaron conversaciones técnicas indirectas en Doha, con intermediarios paquistaníes y cataríes, pese a los desmentidos oficiales de Teherán.
Israel y Estados Unidos avanzan en los planes para un complejo diplomático permanente en un terreno que, según familias palestinas, les fue expropiado ilegalmente hace décadas. La ceremonia de firma celebró una alianza inquebrantable, pero la elección del lugar reaviva viejos agravios por las expropiaciones en Jerusalén.
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