
Volkswagen sopesa recortar 100.000 empleos y cerrar cuatro plantas en Alemania
La dirección del grupo automotriz alemán busca ganar competitividad frente a la ofensiva china y los aranceles estadounidenses, mientras los sindicatos y el gobierno regional se resisten a los cierres.
La posibilidad de que Volkswagen elimine hasta 100.000 puestos de trabajo y cierre cuatro fábricas en Alemania —según informes de la prensa económica germana— ha desatado una fuerte inquietud en el país. La cifra duplicaría los 35.000 recortes pactados en diciembre de 2024 y superaría la llamada «masacre de Navidad» de General Motors en 1991. Aunque la compañía no ha confirmado oficialmente el plan, fuentes internas citadas por Manager Magazin señalan que la alta dirección considera insuficientes los ajustes previos. El consejo de supervisión debatirá la nueva estrategia el 9 de julio, en un contexto en el que la reciente venta del fabricante de turbinas Everllence por 10.000 millones de euros podría destinarse a financiar la reestructuración en lugar de invertir en nuevos modelos.
El deterioro operativo explica la urgencia: el beneficio operativo cayó un 53% en 2025 y un 14% adicional en el primer trimestre de 2026, lastrado por la competencia de marcas chinas como BYD, los aranceles estadounidenses que expulsaron a la firma de ese mercado y los errores de cálculo en la transición al vehículo eléctrico. Una encuesta de la consultora Horváth entre 1.000 empresas alemanas revela que el 60% planea reducir plantilla en el país, y que la industria podría perder otros 100.000 empleos hasta 2026, sobre todo en los sectores automotor, de maquinaria y construcción. Analistas financieros en Fráncfort advierten que los costes de los despidos masivos absorberían gran parte de los ingresos por la venta de Everllence, lo que obligaría a desprenderse de activos como Ducati, Lamborghini o la división de baterías PowerCo.
Desde la óptica de los sindicatos alemanes, el comité de empresa e IG Metall aseguran no haber recibido detalles sobre los nuevos objetivos de reducción de empleo y recuerdan que ostentan la mayoría en el consejo de supervisión tras la salida de una consejera independiente. El estado de Baja Sajonia, que posee derechos de veto sobre decisiones clave, suele alinearse con los trabajadores, lo que dificulta el cierre de plantas. El gobierno federal, por su parte, declaró que su objetivo es evitar los cierres, aunque admitió que la decisión corresponde a la empresa y que deben crearse incentivos para mantener la rentabilidad de las factorías.
En contraste, la operación brasileña de Volkswagen descarta cualquier impacto. El Sindicato de los Metalúrgicos del ABC paulista subrayó que existe un acuerdo de estabilidad laboral hasta 2028 y que la empresa ha contratado personal en 2025, con una participación femenina cercana al 50%. Brasil es el tercer mercado mundial para la marca, con un plan de inversiones de 16.000 millones de reales hasta 2028 y el lanzamiento de 17 nuevos modelos, nueve de ellos ya presentados. La filial brasileña destacó su apuesta por vehículos de alto contenido nacional, en un momento en que el gobierno de ese país extendió la importación libre de impuestos de semielaborados a pedido de BYD.
La reunión del consejo de supervisión del 9 de julio se perfila como el primer gran campo de batalla. La dirección de Oliver Blume deberá convencer a los representantes laborales y políticos de que los recortes son inevitables para recuperar competitividad, mientras los sindicatos preparan una negociación que podría prolongarse durante meses. El desenlace no solo definirá el futuro de la mayor automotriz europea, sino que enviará una señal sobre la capacidad de la industria alemana para adaptarse a un mercado global en plena transformación.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El mayor fabricante europeo se encamina a un enfrentamiento sin precedentes. Los planes de ahorro radicales sumen a decenas de miles de trabajadores en la angustia, mientras la dirección y las familias propietarias parecen dispuestas a todo para imponer recortes y cierres de plantas. La profunda transformación prometida suena como una amenaza para todo el tejido industrial alemán.
El gigante que dio la espalda a Rusia se ve ahora obligado a malvender activos y recortar uno de cada seis empleos. La crisis del automóvil alemán se presenta como la consecuencia inevitable de la huida industrial de Europa, con cientos de miles de puestos en peligro para 2026. La dirección afronta un amargo dilema: invertir lo obtenido por las ventas en vehículos de nueva generación o tapar los agujeros de la ineficiencia persistente.
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