
El silencio en la alcoba: por qué las parejas recurren a vacaciones y préstamos para reavivar el deseo
Desde Australia hasta Italia, la falta de comunicación sexual empuja a muchas parejas a buscar en los viajes una solución, a menudo financiada con créditos, mientras expertos instan a hablar claro.
Ellen, 36 años, madre de tres hijos en la región rural de Nueva Gales del Sur, preparó una noche especial: disfraces, juegos de mesa para adultos, los niños en casa de los abuelos. Pero su marido, agobiado por el trabajo, llegó tarde y el encuentro no ocurrió. “De vez en cuando lo hacemos… una vez al año, cada seis meses”, confiesa Ellen, que se siente frustrada y poco deseada. Su historia, recogida por la radiotelevisión pública australiana, ilustra un malestar silencioso que atraviesa fronteras: la desconexión íntima en relaciones estables.
La sexóloga estadounidense Vanessa Marin, citada en medios rusos, identifica un error recurrente: no saber proponer el sexo. “En el cine la gente se mira y en 30 segundos se arranca la ropa; en la vida real eso es raro”, afirma. La falta de comunicación abierta convierte cualquier gesto de acercamiento en algo forzado —una caricia torpe, un bostezo camino al dormitorio— y acumula rechazos que apagan el deseo. Desde Sídney, la terapeuta Georgia Grace añade que la carga mental y las responsabilidades diarias son “poco sexys”, y que para priorizar el erotismo ambos miembros de la pareja deben comprometerse. En el Reino Unido, la experta Laura Collins aconseja incluso establecer límites físicos cuando la convivencia desdibuja los roles, como en el caso de un padrastro que confesó sentirse atraído por su hijastra adulta.
Frente a este desgaste, las vacaciones emergen como un antídoto respaldado por investigaciones en Norteamérica. Un estudio de la Universidad Estatal de Nueva York halló que los hombres de mediana edad que toman vacaciones anuales frecuentes reducen su riesgo de muerte por enfermedad coronaria. Otro trabajo, publicado en el Wisconsin Medical Journal, mostró que las mujeres que viajan más a menudo son menos propensas a la tensión, la depresión o el cansancio, y reportan mayor satisfacción conyugal. La Asociación de Viajes de Estados Unidos encargó una encuesta que revela que las parejas que viajan juntas están “significativamente más satisfechas” con su relación, tienen mejor sexo y mantienen un vínculo romántico más fuerte incluso después del viaje. No sorprende que Ellen recuerde que los escasos encuentros apasionados de los últimos años ocurrieron “cuando estábamos de vacaciones”.
Pero el remedio tiene un precio. En Italia, según un estudio del portal Facile.it sobre más de 400.000 solicitudes, en los primeros cinco meses de 2026 se concedieron préstamos para vacaciones por valor de 170 millones de euros, un descenso respecto a los 200 millones del año anterior. El importe medio solicitado es de 5.400 euros, a devolver en 50 cuotas de 132 euros. El perfil del solicitante es revelador: la edad media baja a 38 años —frente a los 46 del crédito general— y más del 20% de la demanda procede de jóvenes entre 25 y 30 años, a menudo para viajes de novios. Los hombres presentan el 69% de las peticiones y piden un 15% más de dinero que las mujeres, aunque declaran ingresos un 36% superiores. Así, la búsqueda de la chispa perdida se traduce en una decisión financiera que, para muchos, se ha vuelto tan planificada como la propia intimidad.
Mientras tanto, en un rincón de Nigeria, un hombre escribe a una columnista sentimental: su esposa le confesó que durante seis años fingió placer. “Aún estoy conmocionado”, dice. La respuesta de la consejera es práctica: “Pregúntale qué le gusta y qué no, lee sobre sexo, visita librerías”. Quizá la intimidad, como las vacaciones, también requiera un presupuesto —no solo de dinero, sino de palabras.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Muchas mujeres en relaciones de larga duración se encuentran en una 'rutina sexual' donde la intimidad se desvanece bajo el peso del trabajo, el dinero y el cuidado de los hijos. Los expertos sugieren que la comunicación abierta y pequeños pasos intencionados pueden ayudar a las parejas a reconectar, presentando el silencio en el dormitorio como un desafío común pero solucionable. Las vacaciones o las pausas en la rutina se ven como posibles catalizadores para reavivar el deseo.
La insatisfacción sexual y la incapacidad de comunicar los deseos se presentan como asesinos silenciosos del matrimonio, con expertos advirtiendo que el rechazo repetido y el resentimiento no expresado pueden llevar al divorcio. Historias sensacionalistas de atracción prohibida, como el deseo de un padrastro por su hijastra adulta, amplifican la alarma moral en torno a los impulsos reprimidos. El silencio en el dormitorio se enmarca como síntoma de una degradación relacional más profunda que exige una intervención urgente.
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