
Vance minimiza el Watergate y culpa al 'Estado profundo' por la caída de Nixon
El vicepresidente de EE UU afirma que el escándalo sería hoy una noticia de 12 horas y traza paralelismos con los procesos contra Trump, lo que desata críticas de historiadores y analistas.
El vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, afirmó el 25 de junio de 2026 en la Biblioteca Presidencial Richard Nixon en California que el escándalo Watergate, de haber ocurrido en la actualidad, habría sido “una noticia de doce horas” y calificó de “una locura” que provocara la renuncia de un presidente. Durante la presentación de su nuevo libro, Vance sostuvo que la caída de Nixon fue obra de un “Estado profundo” y trazó un paralelismo directo con los dos procesos de destitución que enfrentó Donald Trump, a quien, según el vicepresidente, “los mismos grupos de personas, las mismas instituciones” intentaron derrocar. Las declaraciones se producen en un contexto en el que otros funcionarios de la administración, como el director de la Oficina de Indultos, Ed Martin, y la jefa de protocolo, Monica Crowley, han calificado el Watergate de “engaño” orquestado por la CIA, según reportes de prensa estadounidense.
Desde Washington, historiadores y exfuncionarios rechazaron la reinterpretación. El exasesor de Barack Obama, David Axelrod, calificó los comentarios de Vance de “alucinantes” y recordó que las cintas secretas de la Casa Blanca demostraron la participación directa de Nixon en el encubrimiento del allanamiento a la sede del Partido Demócrata, así como el uso de la CIA para obstruir al FBI y la instrumentalización del Servicio de Impuestos Internos contra opositores políticos. El historiador Garrett Graff, autor de una obra de referencia sobre el caso, describió la postura del vicepresidente como “sorprendentemente ahistórica” y propia de una “comprensión inmadura” de los hechos. Analistas en la capital estadounidense señalan que la narrativa del “Estado profundo” ha sido un eje recurrente del movimiento MAGA para reinterpretar tanto el Watergate como las investigaciones sobre Trump.
La controversia adquirió una dimensión internacional particularmente sensible en la India. Medios de ese país destacaron que Vance, casado con una abogada de origen indio, elogió a un presidente que, según grabaciones desclasificadas, se refirió a la entonces primera ministra Indira Gandhi con insultos misóginos y a los indios como “resbaladizos” y “traidores”, al tiempo que ordenó el envío de la Séptima Flota al golfo de Bengala para presionar a Nueva Delhi durante la guerra de 1971. La prensa europea, por su parte, subrayó que el vicepresidente omitió por completo los delitos concretos del caso —el allanamiento, el espionaje, el soborno y la obstrucción a la justicia— al construir su paralelismo con Trump, y que su intervención se inscribe en un intento más amplio de reescribir uno de los capítulos centrales de la rendición de cuentas presidencial en el siglo XX.
Observadores políticos en Estados Unidos apuntan que las declaraciones de Vance, quien se perfila como posible candidato a la Casa Blanca en 2028, refuerzan la estrategia de deslegitimar los mecanismos de control institucional. La afirmación de que el Watergate no habría derribado una presidencia en el entorno mediático actual fue interpretada por algunos columnistas no como una defensa de Nixon, sino como un reflejo de la normalización de conductas que en los años setenta conmocionaron al país. La intervención del vicepresidente, realizada en el mismo recinto que custodia el legado del único mandatario estadounidense que dimitió, reaviva el debate sobre los límites de la revisión histórica y la memoria democrática.
| Prensa atlántica / anglosfera | +0.30 | aligned |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | −0.40 | critical |
| Prensa india y del sur de Asia | −0.10 | neutral |
Vance shrinks Watergate to a media blip and turns Nixon into a martyr to exonerate Trump. The judicial system and the media are the real culprits.
It equates a grave historical event to a temporary media fuss, using the analogy to shift blame from Trump's behavior to the system that persecutes him.
Vance trivializes a pillar of democratic accountability to protect Trump. Watergate remains a warning, not a joke.
It elevates Watergate to a bastion of democracy, contrasting it with Vance's rhetoric as an attack on foundational values.
Vance uses Watergate as a rhetorical weapon in an American feud. The substance of the original scandal is sacrificed to the polemic of the moment.
It describes Vance's move as a political tactic, without engaging in historical merit, maintaining an outsider observer perspective.
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