
Una marcha, un emirato, un comité: la lucha antidroga se despliega en tres continentes
En el Día Internacional contra el Abuso de Drogas, Nigeria, Emiratos Árabes Unidos y Ghana desplegaron iniciativas que combinan prevención, represión y rehabilitación frente a una crisis de 316 millones de consumidores.
El sol de la mañana caía a plomo sobre la carretera de Abeokuta, en el suroeste de Nigeria, cuando un centenar de estudiantes con pancartas de tela y camisetas blancas iniciaron la Caminata de Concienciación Libre de Drogas. Era 26 de junio, Día Internacional contra el Abuso de Drogas y el Tráfico Ilícito, y la Asociación Nacional de Estudiantes del Estado de Ogun (NAOSS) había respondido a la convocatoria de la Agencia Nacional para la Prohibición de Tráfico de Drogas (NDLEA). El presidente de la asociación, Oluwafemi Ajayi, marchaba al frente, flanqueado por su vicepresidente y por agentes antidroga. El sonido de las zapatillas sobre el asfalto se mezclaba con consignas que advertían: “Las drogas no son un estilo, el futuro sí lo es”.
Ajayi resumió horas después el espíritu de la jornada: “Las drogas no te hacen excepcional; destruyen sueños, debilitan mentes y comprometen el futuro”. Sus palabras encontraron eco en otras latitudes nigerianas. En Sokoto, el gobernador Ahmed Aliyu presidía un acto en el Instituto Sultán Maccido para Estudios Coránicos, donde calificó el abuso de sustancias como una amenaza a la seguridad nacional y anunció una oficina especializada en prevención. En Kano, el gobernador Abba Yusuf constituía un grupo especial de trabajo de 20 miembros, encabezado por el exzar anticorrupción Muhuyi Magaji, con el mandato de desmantelar redes criminales, incautar bienes y acelerar procesos judiciales. Las cifras de la NDLEA justificaban la urgencia: 14,3 millones de nigerianos consumen drogas, una prevalencia muy superior a la media global, y en 2024 se realizaron decomisos millonarios.
La conmemoración, instaurada por Naciones Unidas en 1987, adquirió este año un tono de movilización multisectorial que trascendió fronteras. En Emiratos Árabes Unidos, el jeque Zayed bin Hamad bin Hamdan Al Nahyan lanzó la campaña “Unificar las filas para erradicar el flagelo”, que integra a la familia, la escuela y los medios en un escudo preventivo frente a la captación digital de jóvenes por parte de los traficantes. En Ghana, el ministro del Interior, Mohammed-Mubarak Muntaka, compareció ante el Parlamento para advertir sobre el aumento del consumo de tramadol y tapentadol, y anunció la creación de un laboratorio forense. En Indonesia, el mismo 26 de junio compartía calendario con el Día Mundial de la Refrigeración y el Día Nacional del Código de Barras, señal de que la lucha antidroga compite por la atención pública en una agenda cotidiana saturada.
El mensaje que unificó las distintas geografías fue que la represión policial resulta insuficiente. Desde África Occidental, analistas señalan que la pobreza y el desempleo empujan a los jóvenes hacia el consumo, y que las respuestas deben incluir rehabilitación y reinserción. El grupo de Kano, por ejemplo, colaborará con líderes tradicionales y religiosos para mejorar los servicios de recuperación. En Ogun, Ajayi instó a los estudiantes con adicción a buscar ayuda: “Nadie debería sufrir en silencio; pedir auxilio es una muestra de fortaleza”. En el Golfo, la campaña emiratí insiste en la confidencialidad de los canales de apoyo para vencer el estigma. La Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito recordó que 64 millones de personas padecen trastornos por consumo en el mundo, y que la producción récord de cocaína —3.708 toneladas— y la expansión de los opioides sintéticos exigen “respuestas innovadoras”.
Al caer la tarde en Abeokuta, la caminata se disolvió frente a una escuela secundaria. Las pancartas se enrollaron y los estudiantes regresaron a sus casas, pero en el asfalto quedaron las marcas de tiza de un eslogan que el sol borraría al día siguiente: “Un futuro brillante es la verdadera meta”. A miles de kilómetros, en Abu Dabi, la campaña “Unificar las filas” iluminaba las pantallas digitales con el mismo anhelo. En ese umbral entre la calle y la pantalla, entre la marcha y el decreto, se jugaba la partida silenciosa de una generación.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Los gobiernos de África Occidental, especialmente en Nigeria y Ghana, están reforzando grupos de trabajo y lanzando campañas de concienciación para frenar el abuso de drogas entre los jóvenes. La amenaza se presenta como una crisis que pone en peligro la seguridad nacional y el futuro de las nuevas generaciones. Las medidas combinan la represión del tráfico ilícito con programas de prevención comunitaria.
Los Emiratos Árabes Unidos celebran sus logros en la lucha contra el narcotráfico, posicionándose como un bastión de seguridad en una guerra que vincula drogas y terrorismo. La campaña nacional 'Unir las filas para erradicar el flagelo' encarna una estrategia integrada que va más allá de la represión, centrándose en la prevención y la cohesión social. La narrativa oficial subraya que proteger la patria exige un esfuerzo colectivo y una vigilancia constante.
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