
El Papa tejedor y el leproso: una jornada de sanación y unidad en el Vaticano
En la misa que abrió el segundo consistorio de cardenales, la lectura del Evangelio del leproso y el llamado de León XIV a resolver los conflictos “como seres humanos” marcaron un encuentro que busca tejer una Iglesia más colegiada.
El Evangelio del día ofrecía una imagen tan antigua como perturbadora: un leproso se postra ante Jesús y le dice “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extiende la mano, lo toca y el hombre queda limpio. Esa escena, proclamada el viernes 26 de junio de 2026 en la basílica de San Pedro, no era solo una lectura litúrgica; era el umbral simbólico de una reunión que el Papa León XIV quería transformar en un gesto de sanación colectiva. Mientras los 241 cardenales de los cinco continentes ocupaban sus lugares, el pasaje de Marcos resonaba como una invitación a acortar distancias, a tocar lo que el mundo margina.
Pocos minutos después, el pontífice estadounidense tomó la palabra y lanzó un mensaje que parecía prolongar aquella mano extendida. “Las tensiones internacionales y los conflictos hieren gravemente a la familia humana”, dijo, y añadió: “La guerra no es nunca digna del hombre, y nunca es bendecida por Dios, porque el Creador nos ha dotado de inteligencia y voluntad para resolver los conflictos como seres humanos y no como bestias, quizá dotadas de armas hipertecnológicas”. La homilía, recogida por medios italianos e internacionales, no mencionaba a ningún país, pero en los pasillos vaticanos se leía como una respuesta a las críticas que el presidente estadounidense Donald Trump había dirigido contra su mensaje antibélico. León XIV pedía además a los cardenales “ayuda”, “apoyo explícito y público” y “franqueza”, en un reconocimiento inusual de que el ministerio petrino no puede vivirse en soledad.
Desde Italia, la prensa ha bautizado a León como “il Papa tessitore”, el Papa tejedor. La metáfora no es casual: este segundo consistorio extraordinario —el anterior se celebró poco después de su elección en mayo de 2025— consolida un estilo de gobierno que busca hacer de las reuniones periódicas del colegio cardenalicio un instrumento de colegialidad real. En los círculos eclesiales romanos se recuerda que, durante el cónclave que lo eligió, ningún grupo organizado impulsaba al entonces cardenal Prevost. Un libro de aparición reciente, L’Ultimo Conclave, de las periodistas Elisabetta Piqué y Gerard O’Connell, reconstruye aquella búsqueda sin un “momento-x” similar al de 2013, cuando Bergoglio irrumpió con su llamado a “salir”. La obra describe un proceso lento, en el que la candidatura del arzobispo estadounidense fue ganando terreno al compás del rechazo a un retorno al centralismo romano y del empuje de las iglesias del Sur global.
El consistorio, que se prolongó hasta el sábado con talleres y sesiones plenarias a puerta cerrada, fue presentado como un espacio de “compartir genuino”. El cardenal Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel, declaró a la agencia AFP: “Está claro que el Papa León quiere que formemos un colegio, que nos conozcamos… Cuantos más encuentros tengamos, más unidos estaremos”. Esa búsqueda de unidad no ignora las fracturas: en el aula Pablo VI se abordaron las “resistencias e incomprensiones” que pueden frenar el camino sinodal, así como la preparación de la gran asamblea eclesial prevista para 2028. Desde América Latina, donde la figura de León es observada con atención por su continuidad con el impulso social de Francisco, se valora que el Papa haya hecho suyo el llamado a una Iglesia que escucha a las periferias.
Al caer la tarde romana, la imagen del leproso curado seguía flotando en el aire. No como una promesa de milagros instantáneos, sino como el recordatorio de que la mano tendida —la del Evangelio, la del pontífice que pide ayuda, la de los cardenales que aceptan el desafío de la sinodalidad— es el primer movimiento de cualquier sanación. En un mundo que, según León, “hiere” a la familia humana, aquel gesto de tocar lo impuro se convertía en el programa de un pontificado que apenas comienza.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El papa León está librando una campaña agresiva contra la doctrina de la guerra justa, argumentando que se ha convertido en una tapadera para atacar al enemigo. Su mensaje antibélico en el consistorio y en su primera encíclica ha provocado duras críticas del presidente estadounidense, enmarcando la postura vaticana como un desafío directo a la política de seguridad.
El papa León, hábil tejedor de unidad, reunió a los cardenales para afrontar los sufrimientos globales y la cultura del poder, exhortando a resolver los conflictos como seres humanos y no como bestias. El consistorio se celebra como una prueba más de su liderazgo inspirado, centrado en tender puentes y sanar las fracturas del mundo contemporáneo en nombre del Evangelio.
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