
Un mineral inédito en Marte, un cráter aurífero en Australia y la atmósfera de un planeta rosa: tres hallazgos que amplían la geología planetaria
La identificación de granate en un meteorito marciano, el descubrimiento de una estructura de impacto ligada a una posible lluvia de oro y el análisis atmosférico de GJ504b reconfiguran el conocimiento sobre procesos geológicos dentro y fuera de la Tierra.
Por primera vez se ha confirmado la presencia de granate —en su variedad andradita— en una roca procedente de Marte. El hallazgo, publicado en Geochemical Perspectives Letters, se produjo al analizar un diminuto fragmento de 0,8 por 0,5 milímetros dentro del meteorito NWA 8171, custodiado en el Royal Ontario Museum de Canadá. Investigadores de la Universidad de Brock, encabezados por Tanya Kizovski, identificaron el mineral mediante microanálisis y láser después de que una inspección inicial lo confundiera con piroxeno común. El granate terrestre se asocia a metamorfismo de contacto, altas presiones o fluidos hidrotermales; su aparición en un contexto marciano abre dos hipótesis: que se formara en la superficie del planeta rojo por metamorfismo térmico asistido por fluidos —lo que implicaría antiguos sistemas hidrotermales— o que provenga de un magma diferenciado aún no documentado, lo que sugeriría un interior marciano más diverso. Los autores no descartan un origen extramarciano, es decir, que el fragmento llegara a Marte dentro de otro meteorito, por lo que se realizarán análisis complementarios para determinarlo.
En Australia Occidental, un equipo de la Universidad de Puerto Rico liderado por Raiza Quintero ha identificado una estructura de impacto hasta ahora desconocida, de más de cuatro kilómetros de diámetro, en el distrito aurífero cercano a Kalgoorlie. El cráter, bautizado provisionalmente como estructura de impacto de Ora Banda, se formó hace más de 100 millones de años sobre rocas verdes arqueanas —las más antiguas del planeta— y es apenas la segunda estructura confirmada en ese tipo de sustrato. Los investigadores detectaron anomalías gravitacionales circulares bajo el paisaje y, al excavar, hallaron evidencias de una colisión con energía suficiente para fundir roca, deformar cristales y proyectar al aire detritos con oro. El hallazgo, publicado en Meteoritics & Planetary Science, sugiere que el impacto pudo desencadenar una concentración secundaria del metal precioso en la región, aunque los mecanismos precisos de enriquecimiento aún deben ser modelados. Con este, Australia suma 34 cráteres de impacto confirmados, con edades que van desde unos pocos miles de años hasta los 2.200 millones de años del cráter de Yarrabubba.
Desde Estados Unidos, el telescopio espacial James Webb ha permitido a astrónomos de Northwestern University analizar por primera vez el espectro atmosférico de GJ504b, un objeto de tonalidad magenta que orbita la estrella Gliese 504, a 57 años luz en la constelación de Virgo. Las observaciones, recogidas en The Astronomical Journal, revelan señales de dióxido de carbono, monóxido de carbono, ácido sulfhídrico y amoníaco, junto con indicios de una capa nubosa de composición salina. Solo al incorporar nubes de sales los modelos reprodujeron las observaciones, atenuando las trazas moleculares profundas. La abundancia de carbono, oxígeno y azufre inclina la balanza hacia una naturaleza planetaria —aunque no se descarta que sea una enana marrón—, con una masa estimada de unas 25 veces la de Júpiter y una edad de entre 2.500 y 4.000 millones de años, muy superior a los 160 millones postulados previamente.
Estos tres frentes de investigación coinciden en ensanchar el catálogo de procesos geológicos y atmosféricos posibles más allá de la Tierra. Mientras el equipo canadiense prepara nuevos análisis isotópicos para dirimir el origen del granate marciano, los geólogos puertorriqueños trabajan con comunidades aborígenas para asignar un nombre definitivo al cráter de Ora Banda, y la misión Lucy de la NASA —que sobrevoló el asteroide Donaldjohanson el 20 de abril como ensayo instrumental— se encamina hacia los asteroides troyanos de Júpiter, cuyas rocas primitivas podrían poner a prueba los modelos actuales de formación del sistema solar.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El impacto de un meteorito podría haber hecho llover oro sobre Australia Occidental hace más de 100 millones de años, según sugieren las huellas en un cráter recién identificado. Mientras tanto, el telescopio James Webb ha analizado el espectro del misterioso planeta rosa GJ504b, ofreciendo nuevas pistas sobre su naturaleza. Estos estudios muestran cómo los meteoritos y las observaciones espaciales están reescribiendo la historia geológica de los cuerpos celestes.
La sonda Lucy de la NASA ha descubierto que el asteroide Donaldjohanson tiene forma de 'cacahuete tambaleante', girando sobre dos ejes mientras viaja por el espacio. Rico en minerales arcillosos con hierro, parece ser un fragmento de un asteroide más grande, rico en agua y carbono, que se rompió hace 155 millones de años. El sobrevuelo probó con éxito los instrumentos de la misión, marcando un paso crucial para la exploración espacial estadounidense.
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