
Infantino defiende las pausas de hidratación mientras los estadios silban y el negocio publicitario se dispara
El presidente de la FIFA niega beneficios económicos y justifica los breaks obligatorios por equidad deportiva, pero entrenadores, jugadores y aficionados denuncian una distorsión del ritmo del fútbol.
Los silbidos atronaron el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta y se repitieron en Toronto bajo la lluvia. Gianni Infantino compareció en Nueva York para defender una de las medidas más impopulares del Mundial 2026: las pausas de hidratación obligatorias de tres minutos en los minutos 22 y 67 de cada partido. “No hay ingresos adicionales para la FIFA; todos los acuerdos comerciales se firmaron con mucha antelación. Para nosotros es un asunto puramente deportivo”, declaró el presidente del organismo, mientras las gradas de media América del Norte expresaban su rechazo cada vez que el árbitro detenía el juego.
La norma, presentada en diciembre e institucionalizada en marzo con una circular que permitió a las cadenas vender los espacios publicitarios, nació con el argumento de proteger a los futbolistas del calor extremo en Estados Unidos, Canadá y México. Sin embargo, se aplica sin excepción en estadios climatizados y bajo tormentas, lo que ha generado una ola de críticas desde los banquillos europeos y latinoamericanos. Thomas Tuchel, seleccionador de Inglaterra, afirmó que la pausa “interrumpe y cambia la identidad del partido”, mientras que Marcelo Bielsa, técnico de Uruguay, consideró que dividir el encuentro en cuatro segmentos “no aporta nada y quita mucho” a la esencia del fútbol. En la misma línea, Lionel Scaloni, entrenador de Argentina, advirtió que la interrupción constante “le da una mano al equipo teóricamente más débil” y describió la experiencia de los cuatro tiempos como “casi irreal”. Desde España y los Países Bajos, Luis de la Fuente y Virgil van Dijk respaldaron la intención en condiciones de calor severo, pero cuestionaron su necesidad en recintos cubiertos o con temperaturas moderadas.
Infantino insistió en que la prioridad es la igualdad de condiciones: “Es muy difícil aceptar que un entrenador pueda influir en un partido simplemente porque hace más calor, mientras en otro, con una temperatura ligeramente inferior, no tenga esa oportunidad”. El dirigente añadió que los breaks no han reducido la intensidad de los encuentros y sugirió que incluso podrían estar detrás del alto ritmo mantenido hasta el último segundo. Analistas en Estados Unidos observan que la pausa encaja con una cultura deportiva acostumbrada a los timeouts de la NBA o la NFL, pero en Europa, América Latina y el mundo árabe la percepción dominante es que se ha introducido una cuña publicitaria disfrazada de medida sanitaria. La cadena Fox Sports factura entre 200.000 y 750.000 dólares por cada espacio de 30 segundos, y las proyecciones de la BBC sitúan los ingresos publicitarios globales generados por los breaks en torno a los 1.000 millones de dólares.
El impacto táctico es ya mensurable. Un estudio citado por el diario El País indica que en el 78% de los primeros 28 partidos la pausa alteró la dinámica de juego: el equipo que atacaba antes del silbato perdió impulso y pasó a defender. Los cuerpos técnicos han convertido los breaks en minirreuniones con pizarras y ordenadores, un uso que el propio Infantino admitió como posiblemente positivo. “Quizá el entrenador puede reevaluar ciertas situaciones, corregir errores. Los jugadores descansan un poco y vuelven a toda velocidad. ¿Es eso necesariamente malo? Tal vez sea bueno”, reflexionó. La ambivalencia del presidente de la FIFA refleja la tensión entre la tradición del fútbol de flujo continuo y la presión comercial de los mercados audiovisuales.
La FIFA ha confirmado que evaluará la continuidad de los breaks en futuros torneos a partir de la experiencia de 2026. Mientras tanto, el Mundial avanza hacia las eliminatorias con un formato de cuatro tiempos que, para una parte significativa de los protagonistas, ha dejado de ser una pausa para beber agua y se ha convertido en un tiempo muerto con consecuencias deportivas y financieras.
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Las pausas de hidratación dividen opiniones: la FIFA las introdujo por el bienestar de los jugadores, pero los críticos señalan que estas interrupciones de tres minutos benefician sobre todo a las televisoras con espacios publicitarios. Tuchel admitió que el impacto en el ritmo y la identidad del partido es mayor de lo que pensaba.
Las pausas obligatorias de hidratación están frenando el impulso del Mundial 2026, encendiendo un debate entre salud y espectáculo. Aficionados y entrenadores están divididos ante una regla que, diseñada para proteger del calor, amenaza con fragmentar el ritmo de juego y satisfacer las demandas televisivas.
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