
Trump frena a Netanyahu: 'Está harto' de sus peticiones de guerra y firma un memorando con Irán
La frustración del presidente estadounidense con el primer ministro israelí desemboca en un giro diplomático que aísla a Tel Aviv y reconfigura las alianzas en Oriente Medio.
La relación entre Washington y Tel Aviv atraviesa uno de sus momentos más tensos en décadas. El presidente Donald Trump ha expresado con inusitada franqueza su hartazgo ante las constantes demandas de Benjamin Netanyahu para intensificar las operaciones militares en la región. Según fuentes citadas por la prensa internacional, en una reciente llamada telefónica sobre Líbano, Trump espetó al primer ministro israelí: «¿Por qué estáis volando edificios? Parad ya». La exasperación del mandatario, que llegó a confiar a sus asesores que Netanyahu «quiere bombardear a todo el mundo», cristalizó en la firma de un memorando de entendimiento con Irán, un movimiento que Tel Aviv considera una catástrofe estratégica y que ha sumido al gobierno israelí en un elocuente silencio.
Los detalles del desencuentro, revelados por The Wall Street Journal y recogidos por medios rusos, árabes y persas, dibujan un patrón de conversaciones telefónicas monótonas en las que Netanyahu argumentaba por qué Estados Unidos debía ejecutar tal o cual ataque, apoyándose en informes de la inteligencia israelí. Trump, cada vez más escéptico, percibía una peligrosa inclinación de su aliado a expandir el conflicto. En una entrevista, el propio presidente admitió que Netanyahu «a veces se precipita más de la cuenta» y que mantenía objetivos diferentes en la guerra con Irán, una divergencia que atribuyó en parte a la proximidad geográfica de Israel con la república islámica. Desde Washington, analistas interpretan estas declaraciones como el reconocimiento explícito de que los intereses de ambas capitales ya no marchan al unísono.
La reacción en Israel ha sido de contención forzada. Netanyahu guarda silencio mientras sus aliados en el Partido Republicano y medios afines evitan una condena frontal a un acuerdo que lleva la impronta de Trump. En sesiones informativas con periodistas israelíes, altos funcionarios expresaron alarma por lo que consideran una rendición ante Teherán que compromete la promesa electoral de una «victoria total». Desde la óptica de Bruselas y de las capitales árabes, el giro de la Casa Blanca se lee como un alivio para la estabilidad regional, aunque persiste el escepticismo sobre la verificabilidad del entendimiento con Irán. En América Latina, observadores en Buenos Aires y Ciudad de México siguen el pulso con atención, conscientes de que cualquier reconfiguración en Oriente Medio repercute en los mercados energéticos y en los equilibrios diplomáticos globales.
El memorando con Irán, firmado por Trump durante una cena en el Palacio de Versalles ofrecida por Emmanuel Macron, introduce un factor de incertidumbre a cuatro meses de las elecciones estadounidenses. Netanyahu, que había apostado por una relación simbiótica con el trumpismo, se enfrenta ahora a un aislamiento internacional que debilita su posición interna. El episodio revela la naturaleza profundamente transaccional del vínculo bilateral: Trump no duda en recordar que «sin Estados Unidos no existiría Israel, y sin mí tampoco», pero al mismo tiempo deja claro que su paciencia tiene límites. La gran incógnita es si este distanciamiento táctico se convertirá en una fractura duradera o si, como en otras ocasiones, la alianza estratégica terminará imponiéndose sobre las diferencias personales.
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Trump criticó abiertamente a Netanyahu con un lenguaje sin precedentes para un líder estadounidense, acusándolo de querer bombardear a todo el mundo y diciendo que está agotado. Exigió que se dejaran de volar edificios en Líbano. Esto señala una ruptura, mientras Trump gira hacia un acuerdo con Irán, en contra del deseo del primer ministro israelí de continuar la guerra.
El nuevo acuerdo de Trump con Irán ha sumido a Israel en la confusión, y Netanyahu guarda silencio. Los funcionarios israelíes lo consideran un desastre estratégico y político. Netanyahu, que había prometido una 'victoria total', se vio obligado a aceptar el acuerdo y se encuentra aislado internacionalmente en su creencia de que la guerra debía continuar.
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