
Roswell, 79 años después: del rancho de Nuevo México a los nuevos expedientes del Pentágono
El hallazgo de unos restos metálicos en 1947 desató una controversia que hoy se renueva con desclasificaciones oficiales y avistamientos inexplicados.
La tormenta había pasado y el ranchero William “Mac” Brazel recorría su propiedad cerca de Roswell, Nuevo México, cuando encontró algo inusual: fragmentos metálicos ligeros, esparcidos por el terreno como si algo se hubiera desintegrado en el aire. Corrían los primeros días de julio de 1947. Brazel recogió algunas muestras y las llevó al sheriff local, quien contactó a la base militar cercana. El 8 de julio, el Roswell Daily Record publicó un comunicado del Ejército que recorrería el mundo: “La RAAF captura un platillo volador en un rancho de la región de Roswell”. En apenas veinticuatro horas, la versión oficial cambió: ya no era una nave extraterrestre, sino un globo meteorológico. Aquel giro sembró una duda que aún no se ha disipado.
Décadas después, la Fuerza Aérea estadounidense explicó que los restos pertenecían al Proyecto Mogul, un programa secreto de la Guerra Fría diseñado para detectar pruebas nucleares soviéticas mediante globos de gran altitud. Sin embargo, para entonces Roswell ya se había convertido en un símbolo cultural. La pequeña localidad del condado de Chaves recibe cada año a miles de turistas que visitan sus museos dedicados al fenómeno ovni, participan en festivales temáticos y asisten a conferencias internacionales. El término “platillo volador” había sido popularizado semanas antes del incidente por el piloto civil Kenneth Arnold, quien describió nueve objetos que se desplazaban a casi 1.900 kilómetros por hora sobre el estado de Washington. En 1953, la Fuerza Aérea de Estados Unidos acuñó la sigla UFO, traducida al español como OVNI, para designar cualquier objeto volador no identificado.
En los últimos años, el debate ha abandonado los márgenes. En 2020, el Pentágono confirmó la autenticidad de videos grabados por pilotos militares que mostraban objetos realizando maniobras sin explicación tecnológica conocida, y adoptó el término Fenómenos Anómalos No Identificados (UAP, por sus siglas en inglés) para distanciarse de las connotaciones culturales del ovni. Más recientemente, la administración Trump difundió 72 nuevos documentos sobre avistamientos. Uno de los casos más singulares, fechado en febrero de 2022 en Colorado Springs, describe el testimonio de cinco militares que observaron un objeto inmóvil sobre la montaña Cheyenne: una forma de bordes nítidos, color blanco crema y superficie compuesta por paneles irregulares que, según los testigos, recordaba a una “patata cubierta de escamas”. El objeto desapareció sin dejar rastro y no existen fotografías; el Departamento de Defensa publicó solo una reconstrucción digital. Los investigadores descartaron, de forma preliminar, que se tratara de tecnología rusa o china, y el caso sigue abierto.
Desde América Latina, el eco de Roswell resuena con matices propios. En Brasil, el llamado “ET de Varginha” de 1996 ocupa un lugar similar en el imaginario colectivo, mientras que en Argentina, una encuesta de 2024 de Pulsar UBA reveló que el 51% de la población cree que hay vida en otros planetas, cifra que asciende al 55% entre los jóvenes de 18 a 29 años. A escala global, un sondeo de la Universidad Fairleigh Dickinson y la agencia Glocalities en 2022 indicó que el 32% de las personas acepta la existencia de ovnis y vida extraterrestre. Lejos de apagarse, el misterio se renueva con cada expediente desclasificado y con cada testigo que, como aquellos militares en Colorado, describe un objeto que no encaja en los catálogos conocidos. La imagen de aquella esfera anaranjada que, según agentes federales, generó otras esferas rojas más pequeñas sobre una cresta montañosa en octubre de 2023, permanece sin explicación definitiva, suspendida entre el dato y la leyenda.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El incidente de Roswell sigue siendo una fuente inagotable de debate y teorías conspirativas, alimentada por el secretismo gubernamental y la cultura popular. Mientras las explicaciones oficiales apuntan a un globo meteorológico, muchos siguen creyendo en un encubrimiento de pruebas extraterrestres. El Día Mundial de los OVNIs se celebra con maratones de cine y renovados llamados a la transparencia.
La publicación de nuevos archivos OVNI por parte de la administración Trump coincide con el estreno de una película de Spielberg, reavivando el debate sobre los extraterrestres. Los documentos describen presuntos encuentros alienígenas en términos extraños, como una 'patata cubierta de escamas'. La historia se trata como un curioso fenómeno cultural más que como un asunto de seguridad serio.
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