
Resiliencia y estrategia: el nuevo músculo del liderazgo empresarial
Desde Estocolmo hasta Sídney, las empresas reconfiguran la gestión del riesgo, la logística y la formación directiva para sostener el crecimiento en un entorno de volatilidad persistente.
El fabricante sueco Envar, cotizado en el mercado First North, presentó resultados preliminares que muestran un incremento del 220 % en su beneficio operativo (ebit) respecto al mismo trimestre del año anterior, un dato que disparó su cotización y que, para analistas en Estocolmo, confirma una recuperación industrial estable capaz de impulsar nuevas alzas bursátiles. La cifra no es un hecho aislado: refleja un entorno en el que la constancia comercial y la capacidad de adaptación operativa se traducen directamente en márgenes, mientras que la falta de ellas castiga a entidades como el banco hipotecario Landshypotek, cuyo resultado trimestral retrocedió en el mismo período.
Esa dualidad tiene raíces profundas. En el frente comercial, la presión por la inmediatez y la frustración del cliente ante cualquier espera están forzando a las empresas a repensar funciones que antes se consideraban centros de costo. Desde la óptica de los operadores logísticos en México, la integración multimodal —combinar transporte marítimo de corta distancia y ferrocarril— ya no es solo una solución de eficiencia, sino una palanca para acceder a nuevos mercados y blindar la reputación de marca. Al mismo tiempo, especialistas en ventas de la región destacan que el éxito sostenido exige dominar la resistencia emocional: la voluntad del vendedor choca a diario con la impotencia, la desesperación y la frustración, y solo quienes desarrollan un carácter capaz de procesar esos embates mantienen la tracción necesaria para oxigenar a la organización.
Esa necesidad de templanza se replica en la gestión de grandes proyectos. En Australia, el debate sobre los contratos de suma alzada ha virado hacia un reconocimiento explícito de que los riesgos derivados de la volatilidad de materias primas, fletes o regulaciones no desaparecen al asignárselos a un solo contratista: simplemente reaparecen como disputas, sobrecostos o menor competencia en las licitaciones. Los marcos de contratación evolucionan hacia mecanismos como las cláusulas de ajuste por alza de insumos, las licitaciones en dos etapas y los contratos de costo objetivo, que no transfieren el riesgo sino que mejoran la capacidad colectiva de gestionarlo. La colaboración temprana y los registros de riesgo transparentes, señalan especialistas en infraestructura desde Sídney, fortalecen la rendición de cuentas al basar las decisiones en mejor información.
Para sostener este giro estratégico, la formación directiva se ha convertido en un imperativo. En los países nórdicos, la escuela de negocios Dagens Industri lanza un programa ejecutivo concentrado de diez días que busca dotar a los mandos medios y altos de un “carné de liderazgo” sin interrumpir la operación diaria, respondiendo a un vacío detectado entre la oferta académica tradicional y las urgencias de quien decide en tiempo real. En Irán, la escuela de negocios Aya promueve tres itinerarios —MBA, coaching empresarial y DBA— para que los directivos transiten desde la estructuración de procesos de venta hasta el diseño de estrategias de mercado propias, superando la dependencia de la mera experiencia individual. Ambos enfoques coinciden en que la utilidad inmediata y el intercambio entre pares son tan relevantes como los contenidos.
El siguiente hito factual será la continuación de la temporada de resultados en los mercados nórdicos y la entrada en vigor de los nuevos pliegos de contratación colaborativa en los grandes proyectos de infraestructura australianos, prevista para el segundo semestre. La confluencia de estos frentes —comercial, logístico, contractual y formativo— dibuja un mapa en el que la ventaja competitiva ya no reside solo en el precio o el producto, sino en la capacidad de la organización para absorber la incertidumbre sin perder ritmo.
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| Prensa europea continental | +0.30 | aligned |
| Prensa atlántica / anglosfera | 0.00 | neutral |
El vendedor es el corazón de la empresa; la resiliencia nace de la constancia emocional.
Al personificar la empresa como un organismo vivo, naturaliza la exigencia de ventas continuas.
No menciona los indicadores financieros ni la asignación de riesgos en proyectos.
El mercado muestra un ciclo industrial estable; la gerencia debería actuar sobre las recomendaciones de compra.
Al centrarse en los informes trimestrales y las recomendaciones de acciones, crea la imagen de que el rendimiento corporativo es la única medida relevante de resiliencia.
Omite la discusión sobre desafíos operativos como el comportamiento del cliente o la logística.
Los grandes proyectos requieren repensar la asignación de riesgos; los contratos tradicionales son insuficientes.
Al enumerar factores externos incontrolables, argumenta que el riesgo debe compartirse, no transferirse.
No aborda los aspectos humanos o comerciales de la resiliencia.
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