
El doble giro socialista en Nueva York y Londres redefine el tablero político occidental
Las victorias socialistas en primarias de Nueva York y la inminente llegada de Andy Burnham a Downing Street marcan un giro hacia la izquierda en las dos orillas del Atlántico.
En el lapso de una semana, las estructuras políticas de Estados Unidos y el Reino Unido experimentaron giros convergentes. En Nueva York, tres candidatos respaldados por el alcalde democrático-socialista Zohran Mamdani derrotaron en primarias a veteranos congresistas demócratas, entre ellos Dan Goldman y Adriano Espaillat, dos figuras con profundas raíces en el establishment del partido. Paralelamente, en Londres, el primer ministro laborista Keir Starmer presentó su dimisión forzado por una rebelión interna que catapultó al alcalde de Mánchester, Andy Burnham, como su sucesor casi seguro. Ambos procesos coincidieron con una revitalización del discurso socialista que, según analistas europeos, se traduce en promesas de nacionalizaciones y mayor intervención estatal.
La nueva influencia de Mamdani quedó de manifiesto con la aprobación de la congelación de alquileres para un millón de viviendas en Nueva York y con sus declaraciones: “Fui elegido como socialista democrático y gobernaré como socialista democrático”. Sus candidatos —Brad Lander, Claire Valdez y Darializa Avila Chevalier— comparten posiciones críticas hacia Israel y demandan recortes al presupuesto policial, lo que ha tensado al aparato demócrata. En el Reino Unido, Burnham encarna un laborismo de izquierda que plantea nacionalizar servicios como el agua y revertir políticas de austeridad. Desde Washington, el líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, felicitó a los nominados, mientras el Partido Republicano y organizaciones judías denunciaron un giro hacia el antisemitismo y el extremismo. En contraste, sectores progresistas latinoamericanos observan con atención lo que la prensa colombiana califica como “la cuarta ola de nacionalizaciones del último siglo”.
En el plano geopolítico, las reacciones internacionales matizan el alcance inmediato de estos cambios. El senador ruso Alexéi Pushkov afirmó que Londres mantendrá la ayuda militar a Ucrania sin alteraciones significativas —comprometida por 3.000 millones de libras anuales hasta 2031—, aunque la degradación económica británica podría dificultar el cumplimiento. Mientras, el ministro de Exteriores polaco, Radosław Sikorski, advirtió a Moscú sobre la capacidad disuasoria de Varsovia, reforzada con cazas F-35 y sistemas HIMARS, y en Kiev un asesor de Defensa reconoció que Rusia dispone de recursos para prolongar el conflicto durante años. Por otra parte, desde el mundo árabe y el sur de Asia, se subraya que las primarias neoyorquinas reflejan un ascenso del voto propalestino y de candidatos de origen árabe y musulmán, un fenómeno que podría alterar el debate sobre Oriente Medio en el Congreso estadounidense.
El doble movimiento se inscribe en una crisis de legitimidad de las élites tradicionales. En el Reino Unido, el Brexit es diagnosticado por analistas de la región como el detonante de una inestabilidad crónica que ha devorado a seis primeros ministros en una década; la misma circunscripción de Micklefield que votó masivamente por la salida de la Unión Europea en 2016 ahora respalda mayoritariamente el reingreso. Burnham llega sin haber pasado por la oposición ni presentado un programa electoral detallado, y afronta la disyuntiva de convocar elecciones anticipadas pese a la resistencia de diputados laboristas que temen una debacle. En Estados Unidos, los candidatos socialistas se preparan para la elección general de noviembre con la incógnita de si su discurso ampliará la base demócrata o alejará al electorado de centro. La votación está prevista para el 3 de noviembre de 2026.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La migración masiva ha cambiado el Reino Unido hasta hacerlo irreconocible y el sistema político está completamente roto. Con la dimisión de Starmer, el país se encamina hacia su séptimo primer ministro en diez años, mientras crece la presión para cerrar las lagunas del asilo y frenar la inmigración ilegal.
Otro cambio de primer ministro en Londres es recibido con sarcasmo: la experiencia del favorito Burnham gestionando autobuses no le servirá con Putin, Xi o Trump. Moscú señala que la política de apoyo militar y financiero a Ucrania permanecerá inalterada, por lo que la crisis de gobierno británica no cambia nada.
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